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Llegaron desde Puerto Rico después del huracán y trajeron su restaurante

Ivan Nieves (izq) junto a su pareja David Flores, se mudaron a Miami después de que el huracán María destruyera su hogar en Condado. Sin embargo, el restaurante que ambos tenían en Puerto Rico, La Social, siguió en pie. Ahora tienen otro en Miami.
Ivan Nieves (izq) junto a su pareja David Flores, se mudaron a Miami después de que el huracán María destruyera su hogar en Condado. Sin embargo, el restaurante que ambos tenían en Puerto Rico, La Social, siguió en pie. Ahora tienen otro en Miami. jiglesias@elnuevoherald.com

Iván Nieves y David Florestenían sobradas razones para abandonar Puerto Rico sin mirar atrás.

El huracán María reventó las ventanas desde el piso al techo de su condominio frente al mar, y todas las habitaciones de su casa “olían a pescado muerto”, recuerda Torres. Su restaurante-boutique-peluquería La Social, un lugar de reunión para los lugareños en medio de la sección turística del Condado, en San Juan, iba a quedar sin electricidad por meses.

Y cuando el oncólogo que estaba tratando al abuelo de Nieves por cáncer de próstata le entregó a la familia el expediente médico y se fue de la isla, Nieves no pudo esperar más.

“¿Qué voy a hacer ahora?”, se preguntó preocupado.

“Sentimos que podríamos ayudar mejor a nuestra familia desde Miami”, dijo Flores. “Fue nuestra única opción”.


Se marcharon en octubre pasado y se establecieron en Midtown. El abuelo de Nieves recibió la atención médica que necesitaba. La pareja, ambos de 30 años, abrió en mayo una nueva versión de su restaurante La Social y trajeron nueva vida a una esquina abandonada de Biscayne Boulevard.

Sin embargo, su hogar en la isla los llamaba.

Sus primeros clientes en Miami fueron puertorriqueños que se habían mudado a Miami después de los dos huracanes del verano pasado. Antiguos clientes en Puerto Rico llamaron a sus amigos en Miami y les dijeron que visitaran el nuevo establecimiento de la pareja. Uno que viajaba desde Puerto Rico para visitar a su familia en Miami, incluso pidió un pastel desde la isla y lo recogió aquí para una fiesta.

“El negocio está lleno todos los días, y es gracias a esa comunidad”, dijo Nieves.

Esos lazos unieron su conexión con la isla. En lugar de cerrar su tienda en Puerto Rico, lograron mantener ambos negocios abiertos con la ayuda de familiares y amigos en ambos lados del Atlántico.


“Fue como si nuestro compromiso original renaciera nuevamente”, dijo Torres.

No fue hasta los huracanes del año pasado que Nieves y Torres se dieron cuenta de cuánto su restaurante los había vinculado a sus vecinos.

Nieves y Flores sabían incluso antes de graduarse de la universidad que no estaban destinados a trabajar para nadie. Y cuando abrieron la primera La Social en Puerto Rico, ambos se arriesgaron.

Nieves, quien se fue a Nueva York a trabajar en hoteles después de graduarse de la Universidad de Puerto Rico con un título en finanzas, terminó vendiendo muebles antiguos para amigos ricos en los Hamptons. Y Flores, que nació en Puerto Rico de padres venezolanos, se graduó de la Universidad Furman en Carolina del Sur con un título de negocios. Pero renunció a su trabajo de investigación con Nielsen, donde su padre era programador de software, para trabajar como diseñador para Coach en Puerto Rico.


Cuando se conocieron en Puerto Rico, no fueron sus antecedentes mutuos en los negocios lo que los llevó a abrir una boutique, sino su amor por el diseño. Organizaron eventos para diseñadores locales y Nieves preparaba las comidas para las fiestas hogareñas. Los platos se volvieron tan populares que decidieron combinar las ideas en un solo espacio: La Social.

Se mudaron a una antigua tienda de surf y transformaron el espacio negro y verdoso en una especie de lugar de reunión. Los clientes iban desde el bistro —donde Nieves preparaba cafés, pasteles que aprendió a hornear, sándwiches, ensaladas y fritas— hasta la boutique, donde tenían productos de diseñadores locales y marcas de lujo. Incluso agregaron un salón de belleza donde las mujeres podían examinar detenidamente la boutique mientras se arreglaban el cabello.

Las cosas iban tan bien que incluso escogieron un segundo lugar para expandirse.

“Entonces llegó el huracán”, dijo Flores.

El huracán María destruyó su casa, un apartamento en el piso 12 de un edificio a una cuadra del mar. La casa de la madre de Nieves se inundó. Mudaron todo lo que pudieron salvar a la casa de los abuelos de Nieves. Se quedaron con unos amigos y se turnaban para cocinar en parrillas de gas al aire libre.


“Fue como en ese programa de televisión Survivor”, dijo Nieves.

Días después de María, La Social, que está en la planta baja de un edificio residencial, volvió a tener electricidad a través de un generador. La pareja abrió las puertas y comenzó a hacer café con la cafetera italiana de Nieves de 12 tazas. “Las tiene de todos los tamaños en casa”, bromeó Torres. Preparaba sándwiches de jamón y queso con ingredientes que compraban en Costco después de hacer cola toda la noche.

“Solo trataba de darle a la gente algo de comer”, dijo Iván.

Pero el generador falló tras varios días de estar funcionando sin parar y no encontraron piezas de repuesto. Cerraron La Social, y así quedó por meses.

“Sabíamos que pasaría mucho tiempo antes de que la isla regresara a la normalidad”, dijo Iván.

Nieves trajo a su madre y a sus abuelos a vivir con un primo en Miami Shores. Los días se convirtieron en meses y los informes indicaban que partes de la isla seguían sin electricidad.

Decidieron que su futuro estaba en Miami. Recorrieron más de 50 locales para abrir una nueva La Social antes de encontrar un lugar vacante en la esquina de la 76 St del NE y Biscayne Blvd.

“Nos obligó a pensar en el siguiente paso”, dijo Flores. “Nos dimos cuenta de que, o lo hacíamos ahora, o nunca. Fue la oportunidad perfecta para intentarlo”.

Nieves regresó a Puerto Rico para cerrar definitivamente La Social original. Planeaba liquidar las deudas de la pareja y regresar a casa antes de Navidad.

Entonces encendió las luces.


Los vecinos del edificio y de las cercanías vieron las luces a través de las ventanas que van del piso al techo y llegaron se acercaron al local. Pronto, la tienda estaba llena.

“Cuando encendimos las luces, iluminamos la calle y la gente salió de sus casas para decirnos: ‘No puedes cerrar. Te necesitamos aquí ‘”, dijo Nieves. “La gente buscaba algo familiar”.

Después de Año Nuevo, Nieves regresó y encendió las luces nuevamente, esta vez para siempre. Pensaron que mantendrían la tienda abierta hasta que se abriera su nuevo La Social en Miami. Pero la madre de Iván, Myrna Torres, se ofreció para administrarla.

Iván viaja a la isla una vez a la semana para coordinar con Torres y reunirse con los clientes.

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“No todos son lo suficientemente valientes, son lo suficientemente dedicados, para hacer lo que hicieron Iván y David”, dijo Torres por teléfono desde la tienda de Puerto Rico. “Son jóvenes, pero tienen visión... Incluso a través de todo este desastre, han construido algo positivo. Lo que han logrado es increíble”.

Y eso no es todo. Quieren duplicar el estilo “todo-en-uno” de La Social en su nuevo espacio en Miami. Nieves ya ha comenzado a negociar con los propietarios aledaños para ocupar dos locales de al lado y una casa que hay detrás del edificio, donde ya están mostrando películas los domingos por la noche bajo una gran higuera.

“Debes tener un poco de curiosidad y ambición para lograrlo”, dijo Nieves.

Sus vecinos también están listos. Hace poco Nieves estaba ocupado con la estufa en lo que parece una cocina de un programa de televisión de Martha Stewart: clara, rodeada de mostradores de mármol, que se abre a mesas modernas de mediados de siglo con sillas de color salmón que resaltan con estilo.

Flores calentaba los ricos muffins de Nieves y el aromático pastel de mango (hecho con la fruta que un vecino les trae) mientras manejaban la concurrida multitud a la hora del almuerzo.

“Sentimos que estamos volviendo a los viejos tiempos”, dijo Nieves más tarde. “Es más que un negocio. Sentimos que somos parte de la comunidad”.

Carlos Frías es un editor de alimentos del Miami Herald que ha sido galardonado por la Fundación James Beard. Puede contactarlo al 305-376-4624; @carlos_frias

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