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A pesar de las limitaciones, en Cuba tienen una pastelería exitosa. Ahora quieren ‘endulzar’ a Miami

Negocio cubano abre sus puertas en Miami

Almendrares bakery , un negocio cubano, abre sus puertas en Miami.
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Almendrares bakery , un negocio cubano, abre sus puertas en Miami.

En el 2013, Vladimir Bencomo y Joel Cuellar se estrenaron como empresarios aprovechando la apertura al trabajo por cuenta propia en Cuba. Abrieron una pastelería en una casa rentada cerca del río Almendares con los $5,000 CUC que les prestó un amigo, el horno de una vieja cocina y una batidora de mano para hacer el merengue.

Seis meses después mudaron el negocio para una casona de 1940 en el Vedado, una joya arquitectónica con puntal alto y vitrales, en la calle J entre 25 y 27, cerca del Parque del Quijote y de la Universidad de La Habana. Les ha ido tan bien que el año pasado declararon al fisco isleño 3.5 millones de pesos cubanos en ventas.

Hasta aquí podría ser una historia de perseverancia en medio de las limitaciones que impone el sistema cubano a los cuentapropistas. Pero Bencomo, un chef con 25 años de experiencia en la pastelería, y Cuellar, abogado y cerebro empresarial del negocio, no se iban a quedar estancados.

Hace dos años llegaron a Miami y en agosto abrieron en el centro comercial de Bird Road y la avenida 147 del suroeste una dulcería que llamaron Almendrares como la de La Habana. El nombre, que parece una versión mal escrita del río Almendares, es así a propósito.

“Yo me voy a expandir y si tengo una sede en otro sitio, no me va a funcionar el nombre”, recordó Bencomo de lo que pensó cuando abrió las puertas de su primera dulcería en una zona donde la mayoría de los negocios se llamaban como el río.

Además señaló que la almendra es un elemento casi “obligado” en la repostería moderna, muy versátil y que “da un toque de elegancia a toda elaboración”.

El chef, que se describe como “hiperactivo y muy interesado en la creatividad”, expresó que el negocio de Miami nace de “la necesidad y el deseo de expansión”.

Cuellar ya es residente en Estados Unidos y Bencomo se encuentra en el proceso de obtener su residencia. Ambos llegaron a Miami con el visado de turismo B-2 válido por cinco años y luego se acogieron a la Ley de Ajuste Cubano.

“Cuba no me daba la posibilidad de expandirme dentro del mismo sitio. Podía expandirme extraoficialmente, poner otro negocio a nombre de cualquier familiar mío, pero no iba a exponerme a que alguien presumiera de que el negocio era mío y pudiera verme involucrado en problemas”, expresó Bencomo, que se mantiene como “titular”, –dueño del negocio en la isla–, ahora administrado por uno de sus mejores amigos, quien trabaja con ellos desde el principio.

Bencomo, de 45 años, aclaró que en Cuba sí está bien “marcado” que una persona solo puede tener un negocio, y que él no está dispuesto a poner en peligro el medio de vida de los 25 empleados que trabajan en Almendrares, entre ellos algunos familiares suyos. Está consciente de que su negocio ofrece una cadena de beneficios, que incluye, por ejemplo, a la dueña de la casona del Vedado a quien le pagan una renta para operar allí la dulcería.

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Vladimir Bencomo y Joel Cuellar abrieron en agosto el bakery Almendrares en el suroeste de Miami. En el 2013 inauguraron una pastelería en Cuba con el mismo nombre, que todavía sigue funcionando en El Vedado.. Jose A. Iglesias jiglesias@elnuevoherald.com

Por otra parte, se pregunta cómo le va a poner un límite a sus ganancias, cómo le va a decir a un cliente que no le compre 10 dulces porque lo va a hacer rico.

“¿Por qué yo no puedo tener un negocio en Varadero, si solo hay una pastelería, Doña Neli, y siempre está vacía¿ ¿Por qué no puedo?, si mientras más yo crezca, más crecen mis impuestos, [habrá] más mano de obra, más trabajadores y más beneficios”, señaló.

Concentrado en la parte legal, Cuellar, de 36 años, explicó que el principal reto de tener un negocio en Cuba es mantener todo en regla.

“Si Vladimir necesitaba para la producción dos sacos de harina, tres cartones de huevo y un saco de azúcar, eso había que adquirirlo en el lugar y al precio que establecía el Estado. Hay que tener una constancia de que los ingredientes no se compraron en el mercado negro”, precisó.


This photo of Pasteleria Almendrares is courtesy of TripAdvisor

Bencomo afirmó que el éxito que han conseguido es el fruto del reconocimiento de quienes aprecian lo que hacen.

“Casi el 50 por ciento de los clientes que tenemos acá nos conocen de Cuba o tienen referencia de la pastelería de allá”, apuntó Cuellar.

Bárbara Medinilla, una clienta que describen como “la presidenta de su club de fans”, los conoció en su primer viaje a La Habana después de 30 años sin regresar.

“Fui con mi nieta a celebrar su cumpleaños. Pregunté por una buena dulcería y mi hermana me recomendó Almendrares. Compramos una caja de dulces variados que nos comimos en el viaje para Varadero”, contó Medinilla, que después les compró como 500 dulces para celebrar el cumpleaños de su nieta.

“Los dulces de aquí son también deliciosos, los hacen a diario”, dijo Medinilla, que pasa con frecuencia a tomarse un cappuccino.

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El capital inicial para la dulcería de Miami lo reunieron con la venta de algunos bienes que tenían en Cuba y un préstamo de su hermana, que vive en Jamaica, dijo Cuellar.

Como en la isla enfrentaban limitaciones para encontrar una variedad de ingredientes, aquí esperan explorar todos los recursos.

“¿Quién dice que los pastelitos de carne no pueden ser cuadrados y los de guayaba redondos?”, dijo Bencomo, que ofrece una vidriera con una amplia variedad de dulces y tortas.

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Dulces y tortas en las vitrinas de la dulcería Almendrares en el suroeste de Miami. Jose A. Iglesias jiglesias@elnuevoherald.com

Venden el famoso cake bombón; la Selva Negra, una torta hecha de suave panetela de chocolate y relleno de fresa; y la de Oreo, a base de las famosas galleticas, por citar solo algunas exquisiteces.

En la dulcería de Kendall, Bencomo se propone también revivir dos favoritos de Cuba: el cake de nata al estilo del que vendían en los años 1980 en el Mercado Centro, antiguo edificio de Sears, en la esquina de las calles Reina y Amistad.

“Quiero hacer una línea de gaceñigas, pero lo que me ha detenido es el molde, porque me gustaría mantener el tamaño original”, dijo el chef sobre el otro favorito, que es parte del menú de la nostalgia de muchos cubanos en Miami.

La gaceñiga es una panetela muy sencilla que destaca por su suavidad. Tiene una historia interesante porque la creó un repostero isleño en honor de la soprano italiana Marietta Gazzaniga, que dejó huella en Cuba a mediados del siglo XIX.

Bencomo reconoció que le encanta hornear para eventos, y que los cakes son sus favoritos por su protagonismo.

“Usted llega a una boda y después de la novia, va el cake, y siempre queda en las fotos”, comentó.

El plan de los empresarios es expandirse para enclaves como el Design District o Wynwood, donde Bencomo pueda explorar más sus posibilidades creativas con dulces más experimentales.

“No me interesa lo que hacen otros bakeries sino lo que no hacen. Quiero que las personas prueben algo diferente. Conmigo, si no compras, te lo regalo, porque sé que vas a regresar. Así de seguro estoy de lo que elaboro, además del amor que le pongo”, concluyó Bencomo.

Esta nota se actualizó con más información sobre los dueños.

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