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Esta soda roja sabe a frambuesa y esconde más enredos que la telenovela favorita de la abuela

En lata roja y con una única descripción que dice ‘Soda roja’, esta lata no llama la atención en los anaqueles de bebidas.

Pero la historia de cómo llegó la bebida favorita de los nicaragüenses a los supermercados del Sur de la Florida tiene más enredos que la telenovela favorita de tu abuela.

La soda Milca cumple 60 años este año -en el exilio. Fue elaborada por primera vez en Nicaragua en 1959 y se convirtió en la bebida más popular no llamada Coca-cola o Pepsi luego de un escándalo en el que estuvo involucrada una socialité. Por lo que terminó en Miami después de la revolución Sandinista a finales de 1970.

“Es una locura y, no lo esperábamos”, dijo Javier Cuadra, presidente de Milca con solo 28 años y quien lleva las riendas de la compañía que fundó su bisabuelo.

Y a través de todos estos años Milca ha mantenido su popularidad con un solo reclamo: es roja. Si el color rojo tuviera sabor -y el sabor de Milca sigue siendo debatible- ese sabor sería Milca.

‘Se podía ver a todos los niños en las fiestas de cumpleaños con un bigote rojo”, dijo Cuadra. “El rojo ese se pega”.


Julio Lacayo, el bisabuelo de Cuadra, trajo inicialmente la bebida carbonatada con sabor a frutas de Inglaterra a Nicaragua en 1920, contó Cuadra, ahí fue que abrió una embotelladora en León.

A las sodas se las llamaba chibolas, el argot nicaragüense para referirse al cristal transparente que se utilizaba en la tapa (la soda japonesa Ramuné aún lo sigue utilizando). La Chibolería Lacayo produjo cuatro sabores, y los nombres no tenían que ver con el sabor si no con el color: naranja, violeta, amarillo y rojo.

El rojo fue el que tuvo más éxito. Y cuando la familia compró los derechos para ser los únicos distribuidores de Coca-Cola en Nicaragua, el hijo de Lacayo, Manuel, fabrico una nueva marca en 1959 utilizando ese color y sus iniciales: Manuel Ignacio Lacayo Compañía Anónima.

Milca le dio al color rojo un sabor y un nombre. Oficialmente el sabor es frambuesa.

“La gente dice que sabe a muchas cosas -goma de mascar, lo que sea- pero es el mismo sabor que ha tenido desde hace 60 años”, explicó Cuadra.

Milca podría haber sido un producto especializado si no hubiera sido por el asesinato. Nicaragua entera se sorprendió cuando un pudiente empresario, Nicolás Bolaños, fue encontrado muerto en 1963. Había sido envenenado.

Durante la escandalosa investigación, una nuera de Bolaños, nacida en Estados Unidos, fue acusada del crimen. Esa acusación, luego se descubrió, fue una maniobra de los militares para así fomentar el sentimiento anti americano, de acuerdo con un recuento hecho a fondo de la investigación y del juicio que está catalogado bajo Enrique Bolaños library.

La historia real podría ser la trama de una buena telenovela.

El sórdido juicio reveló que Nicolás Bolaños había descubierto que una de sus empleadas había robado dinero para pagar por un aborto (que en aquella época era ilegal en Nicaragua) y la despidió. El juicio reveló que ella se había vengado echando el veneno estricnina en la bebida que él tomaba todos los días a las 5 p.m. al terminar el día de trabajo.

La bebida era una Milca muy fría.

De la noche a la mañana Milca se convirtió en la pieza clave del juicio.

“Todo explotó con esa historia”, explicó Elisa Cardenal, madre de Javier Cuadra, y cuyo abuelo fue el fundador de Milca. “Ya que le gustaba tanto Milca, alguien utilizó eso para envenenarlo”.


Las ventas de Milca se dispararon debido al juicio, dijo Cuadra. Llegó un momento en que Milca vendería 100,000 cajas al mes. Eso es 2.4 millones de botellas de 12 onzas de Milca, lo que supone un 12 por ciento de dividendos de la bebida nicaragüense en el mercado.

Milca se convirtió en la bebida preferidas de fiestas, cumpleaños, supermercados y tiendas de vecindario. Aunque Coke y Pepsi acabaron mercadeando sus propias bebidas rojas, Milca era la marca iconica de Nicaragua.

La historia nunca se borró de la conciencia del público -Enrique Bolaños, uno de los hijos de Nicolás, sería presidente de Nicaragua del 2002 al 2007.

“Mi abuelo siempre decía “cualquier publicidad es buena publicidad” y contaba la historia otra vez”, dijo Javier Cuadra.

El abuelo de Cuadra, Ramiro Cardenal, al igual que muchos otros nicaragüenses, huyó del país en el 1978 con su esposa y sus cuatro hijos antes de que los Sandinistas derrocaran el gobierno al año siguiente. Se estableció en Coconut Grove.

Según otros nicaragüenses se iban estableciendo en Miami, él pensó que era el momento correcto para traer el sabor de su país. En 1988, hizo un contrato con 7 Up para embotellar Milca en la planta que tenían en Doral utilizando la fórmula original, y firmó un contrato con distribuidores locales, quienes llevaron la bebida a otras ciudades donde se habían establecidos nicaragüenses.

Poco a poco Milca empezó a venderse en lugares como los supermercados Sedano, en donde la distintiva lata roja era la única señal de mercadeo.

Cuando en el 2017 murió Cardenal, su nieto Cuadra, se hizo cargo de la compañía de la que su abuela y tío, en Nicaragua, aún son dueños. Cuadra ha incursionado en otros mercados donde viven nicaragüenses y otros latinos incluyendo Los Angeles, Nueva York y Texas. También está haciendo uso de los medios sociales para promocionarla (La modelo que promueve la bebida en Instagram es su prima Marina Jacoby, una ex Miss Nicaragua).

‘El hecho de que mi hijo continúe con ese legado me hace sentir mucho orgullo” dijo su madre Elisa Cardenal, quien se dedica a Bienes Raíces en vez de al negocio familiar.

El próximo objetivo de Cuadra: hacer que Milca vuelva a ser lo que era en Nicaragua.

Cuando su familia vendió los derechos de distribución de Coca-Cola en Nicaragua en 1998, negociaron quedarse con Milca. Pero no cuentan con distribuidor en Nicaragua ya que Coca-Cola y Pepsi son dueñas de todas las plantas de embotellamiento.

Hoy en día lo máximo que vende Milca en Nicaragua -150,000 cajas al año- se importa desde Miami a un precio mucho más alto que el de su competencia Coca-Cola y Pepsi.

Pero Cuadra, graduado de Belén y de Florida International University está negociando con Walmart para llevar otra vez la bebida a Nicaragua a través de tiendas locales. El quiere que Milca vuelva a sus raíces nicaragüenses.

“Si mi bisabuelo estuviera vivo querría que Milca estuviera al alcance de todos en Nicaragua”, dijo Cuadra. “Y no creo que pararía hasta conseguirlo”.

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