Finanzas

Los continuos cambios en la cúpula impactan su imagen

Bill Ford, presidente del consejo de administración de Ford (izq.), y Jim Hackett, director Ejecutivo del grupo, junto a un camioneta Ford Ranger 2019 en Detroit.
Bill Ford, presidente del consejo de administración de Ford (izq.), y Jim Hackett, director Ejecutivo del grupo, junto a un camioneta Ford Ranger 2019 en Detroit. Bloomberg

Los continuos cambios en la cúpula directiva del Grupo Ford, incluidos los provocados por la inesperada dimisión la semana pasada del presidente de Ford para Norteamérica, Raj Nair, están dañando la imagen de estabilidad del fabricante estadounidense.

En el último mes, las acciones de Ford han perdido casi $1 en Wall Street, al pasar de $11.57 el 25 de enero a 10.7 al cierre de los mercados el viernes.

Y en los últimos 12 meses, la caída acumulada de los valores del Grupo Ford ha sido de un 15.4 por ciento, desde los $12.66 que las acciones del fabricante automovilístico tenían hace un año.

Lo que es más grave para la marca del óvalo azul, la pérdida del valor de las acciones se produce en el contexto de la subida bursátil de sus dos principales competidores estadounidenses, General Motors (GM) y el grupo Fiat Chrysler (FCA).

Y eso a pesar de que Ford decidió reemplazar a su entonces presidente, Mark Fields, por Jim Hackett precisamente para mejorar el rendimiento bursátil de la compañía que durante años ha languidecido a pesar de sus buenos resultados financieros.

Mientras que en el último año las acciones de Ford en Wall Street han perdido un 15.4 por ciento de su valor, y se cotizan ligeramente por encima de los $10, las de GM ha ganado un 9.7 por ciento, para cerrar el viernes a $40.9, y las de FCA se han revalorizado un 97.1 por ciento, hasta los $21.83.

Tras años de estabilidad en la compañía, con Alan Mulally al frente del fabricante durante los turbulentos tiempos de la crisis financiera y recesión del 2008, los cambios en la dirección de Ford se iniciaron en el 2014.

Mulally, a sus 68 años de edad y tras ocho años al frente de Ford, decidió retirarse y la compañía nombró en julio del 2014 a Mark Fields, entonces presidente de Ford para el continente americano, como su sustituto.

La elección de Fields fue considerada como una apuesta conservadora, que garantizaba la línea directiva que había establecido Mulally y que era considerada como la principal razón por la que Ford se libró en 2008 del peligro de desaparición que habían atenazado a GM y el Grupo Chrysler.

Pero, tras sólo tres años en el cargo, Bill Ford, presidente del consejo de administración del grupo y bisnieto del fundador de la compañía, decidió de forma inesperada en mayo del 2017 despedir a Fields a pesar de los sólidos resultados económicos que estaba consiguiendo.

El propio Ford reconoció que Fields había conseguido en su corto mandato una “rentabilidad récord” y “sólidos resultados”, pero a pesar de ello, los accionistas de la compañía, entre ellos la propia familia Ford, decidieron despedirle por el declive del valor de sus valores bursátiles.

En un momento en el que el valor de las acciones no refleja la salud financiera de una compañía, ahí está el caso de Tesla que nunca ha hecho dinero pero cuyas acciones valen hoy en día $352, Ford quería un directivo que promoviese un “cambio cultural” para acercar la compañía al modelo de Silicon Valley.

Ese era el objetivo de Ford al nombrar a Hackett, encargado hasta entonces encargado de la unidad de vehículos de conducción autónoma y que según Bill Ford es muy respetado en Silicon Valley.

El nombramiento de Hackett supuso una amplia remodelación de la alta dirección de Ford que el nuevo presidente de la compañía ha ejecutado en dos oleadas, la primera inmediatamente después de su toma de posesión y la segunda en octubre del 2017.

Ahora, la dimisión de Nair, acusado de “comportamiento inadecuado”, aunque la compañía no ha especificado de que se le acusa, ha obligado a una tercera reforma de la dirección de Ford.

Los analistas dudan que esta obligada renovación consiga aumentar la confianza de los inversores en el futuro de la compañía, al menos en el corto y medio plazo.

Porque este año, además de la pérdida de Nair, Ford ha visto como su nuevo consejero delegado en China, Jason Luo, dimitió de forma abrupta a finales de enero tras sólo cinco meses en el puesto.

La dimisión de Luo se produjo días después de que Ford diese a conocer sus resultados anuales, que fueron inferiores a lo esperado en parte por la bajada de las ventas en China mientras que sus competidores aumentaban de forma significativa en el que ya es el primer mercado automovilístico del mundo.

En este contexto, Moody's Investors Service rebajó a finales de enero las previsiones de Ford, de estable a negativa, y avisó que hay grandes posibilidades que en los próximos 12 a 24 meses rebaje su calificación, lo que, entre otras consecuencias, aumentará los costes de los préstamos.

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