Sur de la Florida

Peleas por el presupuesto en Miami-Dade marcan al alcalde Carlos Giménez

Acabado de llegar de unas vacaciones en Europa, Carlos Giménez comenzó el verano pasado su primer término completo como alcalde del Condado Miami-Dade con el ánimo relajado, dejando atrás dos años de frenéticas campañas políticas.

Entonces dio el primer tropezón.

Sin consultar mucho con sus asesores, Giménez violó una regla no escrita de la política del Ayuntamiento condal: hizo un llamado a un aumento del impuesto a la propiedad en su propuesta de presupuesto. Su teléfono empezó a sonar. Y a sonar. Hubo un clamor general.

Seis días después, el 16 de julio, Giménez se echó atrás y canceló la propuesta de aumento de impuestos.

“Yo puedo cometer errores, pero siempre me corregiré”, dijo en ese entonces.

Desde entonces, el alcalde ha tenido que luchar en una serie de escaramuzas en el Ayuntamiento condal.

Giménez tendrá una oportunidad de reflexionar sobre este año tumultuoso —y de esperar con interés los retos del futuro— el miércoles en Hialeah, cuando pronuncie su discurso anual del estado del Condado.

Desde julio, la comisión del Condado ha derogado dos veces el veto de Giménez y rechazó su consejo de evitar el gasto de reservas financieras para pagar por las bibliotecas públicas. Los sindicatos están disgustados por su intento de seguir sacando dinero de los cheques de pago de los trabajadores, y los demócratas consideran cada vez más un blanco tentador a Giménez, un republicano en un puesto no afiliado a partido.

“Yo no gano todas las batallas", admitió Giménez el sábado en una entrevista.

Pero, a veces, parece disfrutar la lucha o la oportunidad de resolver los problemas que ve.

“Primero simplemente reacciono, pero luego me digo: ‘¿Cómo hago limonada con estos limones?’ Eso es generalmente lo que trato de hacer, de encontrar en todo una oportunidad para el trabajo”, dijo.

La condición de las finanzas del Condado sigue siendo un trago amargo perenne, no obstante. Giménez está siendo presionado para que resuelva un déficit de $42 millones en su presupuesto operativo de $4,400 millones para este año.

Pero, como lo demostró su experiencia en julio, las soluciones tienen su precio en el campo de la política.

Si propone un aumento de impuestos, se desata la ira pública. Si él propone recortes de presupuesto —lo cual hizo el año pasado luego de retractarse de su llamado a subir impuestos— se indignan sindicatos y activistas.

Hasta el momento, a pesar de sus problemas en el Ayuntamiento condal, los votantes parecen contentos con él, según encuestas recientes que muestran que es popular fuera del edificio del Stephen P. Clark Government Center.

Después de pronunciar su discurso anual el miércoles, Giménez tendrá mucho más que hacer que tratar de arreglar el déficit presupuestario. También tendrá que reunirse con los sindicatos, cuyos contratos por tres años expiran este año. Si no se firman nuevos contratos, varias concesiones de beneficios, a las que los trabajadores renunciaron para ahorrar dinero al Condado, se cancelarán el 30 de septiembre.

Más allá del presupuesto, Giménez y su administración han enfrentado problemas en otros frentes.

Los comisionados rechazaron la recomendación del personal del alcalde a favor de un contrato de alto perfil de embalaje de maletas en el aeropuerto. Ellos lo obligaron a abrir licitaciones por un contratista que supervisara reparaciones del alcantarillado, las cuales se vieron marcadas luego por irregularidades éticas. La indignación pública impulsó a su administración a reconsiderar una posposición de la creación de nuevos colegios electorales

Algo en lo que el alcalde y los comisionados sí se pusieron de acuerdo: la propuesta negociada por Giménez de pedir a los votantes fondos públicos para renovar el Sun Life Stadium de los Dolphins de Miami. El plan acabó siendo desechado por la Legislatura de la Florida.

Pero la misma aún podría ser usada en contra del alcalde por los críticos —y hay muchos— de todo acuerdo que dé fondos públicos a franquicias deportivas privadas. Giménez está una vez más pisando un terreno incierto al negociar con el futbolista retirado David Beckham y sus inversionistas sobre un posible estadio nuevo de fútbol en terrenos propiedad del Condado.

La falta de una visión consistente ha sido un punto de fricción para algunos comisionados, entre ellos Juan C. Zapata, quien ha criticado duramente en público a Giménez por no usar su influencia como alcalde para hacerse oír por la comisión.

Zapata dijo que tal vez lo mejor que hace el alcalde es lidiar con las crisis.

“A mí lo que me viene a la mente es ‘Este hombre es un bombero. Cada vez que hay un fuego, él sale y apaga el fuego’”, dijo. “A lo mejor estoy siendo injusto y estoy viéndolo de un modo demasiado estereotipado, pero él o se deja llevar por la corriente o responde a situaciones que se le presentan. Pero no veo que se muestre proactivo, no lo veo anticiparse a las cosas. No lo veo dirigir”.

Pero Giménez insistió que él hace la mayor parte de su trabajo entre bambalinas —gran parte de eso “no es sexy”, dijo, y puso como ejemplo una revisión de las reglas para permisos— y no en los eventos públicos en los que él devela iniciativas.

“Prefiero ser alguien que promete poco y cumple mucho”, dijo.

El redactor político de The Miami Herald Marc Caputo contribuyó a este reportaje.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de febrero de 2014, 4:51 a. m..

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