Linea de Inmigración

¡Gracias! Una carta tan imprevisible como agradecida...

MANFRED ROSENOW: Le escribo, no para pedirle ningún consejo legal, sino para felicitarlo por los muchos años que usted lleva ayudando a la gente en materia de inmigración. Yo soy uno de esos que usted ayudó have muchos años, de lo cual le estoy muy agradecido. Quiero que sepa que sus comentarios los leo siempre y en los muchos años que lleva en El Herald, porque usted es “viejo, viejo de verdad”, siempre lo ha hecho con sabiduría y amor. ¡Qué lástima que no encontremos mucha gente como usted...

Hacía ya gran tiempo que quería escribirle como un modo de agradecerle su ayuda, pero el tiempo conspira contra los viejos como yo que ya pasan de los 70, y aunque me gusta escribir, casi no me queda tiempo para hacerlo, enfrascado como estoy en terminar un libro donde cuento mis experiencias en la lucha contra la dictadura cubana y mi paso por sus cárceles políticas, para que las generaciones venideras puedan tener una idea de la crueldad del comunismo, y aunque sé que esta nueva generación usa más el teléfono y la internet que los libros, quiero dejar algo escrito, como un aviso para evitarle los engañen como hicieron con nosotros, el pueblo, y el campesinado cubano.

Espero no importunarlo con mi carta. Le deseo mucha suerte. Lo aprecio, lo admiro, y lo respeto...

Luis Cepero Aday, ex preso político, (núm. de teléfono omitido)

Pocas veces puedo darme el lujo de responder a una carta tan importante como su por mí inmerecida, pero no por ello menos agradecida, voz de aplauso a mi auto-impuesta tarea de orientar al refugiado en la aplicación de las complejas leyes que gobiernan la inmigración a este grande y único país. Hoy me honra hacer esta excepción ante el recibo de su carta transcrita, apreciado don Luis, la cual subraya una invisible, pero no por ello menos real afinidad en la suerte de dos hombres –usted y yo—cuyo destino se ha hecho paralelo, fruto de un cuadro histórico que nadie pudo prever un siglo atrás (casi) cuando los dos nacíamos a nuestra particular destino.

Para comenzar, vinimos al mundo y en nuestra juventud caímos víctimas, de un torbellino político tan funesto el uno como el otro: en Cuba, el comunismo; en Alemania, el nazismo, De Adolfo Hitler a Fidel Castro, la diferencia fue sólo numérica: este último masacró a miles de patriotas cubanos; el otro asesinó a 6 millones de judíos, como yo, y sólo menos de 300,000 de ellos (un 5 por ciento) logramos escapar hacia cualquier país del mundo para y allí forjar cada uno un inesperado nuevo amanecer.

En segundo lugar, quiso Dios (démosle el nombre que quiera) forjar tanto en usted como en mí, una pasión por la palabra, me refiero a la expresión del pensamiento por medio de vocablos que articulan nuestras ideas y experiencias. Usted está en el proceso de completar su libro; yo, lo mismo con el mío, primero, una versión sencilla y limitadísima – 15 ejemplares – como legado a cada uno de mis hijos (sí, son quince...), y otra versión posterior, secreta y sepulta para darse a conocer profusamente (??) dentro de 500 años (!!), con el fin de ilustrar a curiosos del futuro de cómo era el mundo de Manfred (y de Luis Cepero Aday...)

Por cierto, quizás en este último volumen usted incluya fragmentos o referencias a otras vidas paralelas, por ejemplo, las de Luis G. Infante, o Fermín Gerardo Gonzalo, u Orlando López... (¿Qué de dónde saqué estos nombres?! Investigador que soy...) Pero de vidas ajenas estamos cundidos – cada persona que pasa a nuestro lado goza con usted y conmigo el vínculo de la co-etaneidad – uno de esos grandes misterios que forjan un destino compartido en una franja de tiempo infinitamente pequeña ¡en el marco temporal de un orbe de billones de siglos de antigüedad!

Basta ya de elucubraciones metafísicas o filosóficas. Gracias, una vez más, don Luis, por su amabilísima carta, y, ¿por qué no?!, siempre me queda la esperanza de saludarle de mano a mano, si usted lo decide – mis propias iniciativas están limitadas por mi silla de ruedas, con la cual me peleo – ¡y me seguiré peleando! – todas las mañanas a ver si recobro (yo le llevo a usted más de 10 años...) la bendita facultad de caminar...

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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