Linea de Inmigración

LINEA DE INMIGRACION: Un cubano peculiar, pero no inadmisible

Estimado señor Manfred: Ante todo mi gratitud por permitirme hacerle una consulta por ésta vía. Siempre que puedo leo su artículo Línea de Inmigración en el Nuevo Herald, y sus explicaciones sobre los diferentes temas abordados hacen que me decidiera escribirle, aunque muy temerosa por la respuesta que me pueda dar.

El asunto es que quiero saber si un cubano que entró por la frontera y le otorgaron parole, pero que antes del año regresó a un tercer país, no a Cuba, debido a que no encontró trabajo y sufrió depresión, se dio cuenta que debía dominar bien el idioma para lograr una posición acorde a su profesión, y esto lo impulsó a emigrar a otro país de habla hispana.

El quiere venir de visita porque tiene a sus padres y a otros familiares aquí. Mi pregunta es: ¿Puede él tener problemas para viajar como turista a Estados Unidos y pasar unos días con su familia?

Ruego a usted me responda esta interrogante y le pido si es posible no publique esta carta. Muchas gracias por su atención. Le estaré muy agradecida. Saludos afectivos,

“Nombre omitido [a solicitud]”, (vía correo electrónico)

Comienzo por aclararle, estimada “Omitida”, que no puedo dejar de publicar su carta, porque hacerlo violaría el propósito por el cual existe esta columna desde hace 34 años. Ese propósito, objetivo, ó razón de ser es la de servir, no sólo a quien me escribe sobre temas de esta índole, sino a la incontable masa de lectores que día a día buscan respuesta a su propio problema ó circunstancia inmigratoria. Si usted, ó quienquiera comparta su deseo de privacidad absoluta y garantizada, venga a verme, cara a cara, pague su consulta (US$ 100), y recibirá de mí todo el servicio privado que regula el Colegio de Abogados de la Florida (el Florida Bar). De otra suerte, es el periódico quien me paga, por columna, que no por lector, desgraciadamente... ¡ojalá fuera así!

El haber recibido parole (admisión bajo palabra) por efecto de una aprobada petición familiar, crea un derecho, no una obligación. Si no fuera por el límite numérico de visas de inmigrante (20,000 por año), muchas –no todas—las peticiones familiares aprobadas generarían visas de inmigrante que harían residentes legales permanentes (green card holders) desde el día de su llegada a Estados Unidos. De hecho, así ocurre a los “familiares inmediatos” (padres, cónyuges, niños) de peticionario ciudadano estadounidense. Pero otros grados de parentesco (hijos mayores de edad de ciudadanos, hermanos de ciudadanos, y todos los beneficiarios de peticiones de residentes), inmigran por turnos diversos denominados “Preferencias”. Por sola diversidad de turnos, estas esperas oscilan entre pocos años ó ... ¡muchos!, según se muevan las “colas”. Estas normas generales rigen para todos los países del mundo, incluyendo a Cuba, por lo cual, dadas las fuertes razones políticas para ello, el Presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson creó en 1961 la Ley de Ajuste Cubano, válida retroactivamente al 1ro. de enero de 1959 (fecha luctuosa para millones de cubanos...)

Por toda esta combinación de factores, el gobierno estadounidense decidió ingeniosamente eliminar hasta donde fuera posible estas largas esperas para los cubanos que en la isla anhelan libertad, y es de ahí que surgió la solución de otorgarles admisión bajo parole (¡que no está numéricamente limitada!) a todos los cubanos que tuvieran peticiones familiares aprobadas (!) Así y todo, subsiste la demora del número de visas por año y de ahí que la inmigración de un cubano suele tomar 3 a 4 años ( excepto la de los “familiares inmediatos”, que es virtualmente instantánea).

El cubano de su pregunta, doña “Omitida”, eludió sus dificultades idiomáticas y profesionales abandonando su parole y ahora quiere reingresar de visita como turista. Si tiene visa de tal para hacerlo, no le veo ningún problema. El todo es que no tenga violación criminal alguna que lo haga inadmisible. De resto, es como el que abandonó un restaurante porque no le gustó la comida. Ahora quiere venir otra vez y nada hay que se lo impida...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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