Linea de Inmigración

LINEA DE INMIGRACION: Una voz de estímulo que me llega al corazón

Estimados doctor Rosenow y señora:

En estos tiempos aciagos para tantos países del mundo, aún tenemos el privilegio de vivir en una democracia que nos permite disfrutar de muchos privilegios inexistentes en otras latitudes, y uno de ellos, es el poder practicar y festejar libremente nuestras creencias...

Muy cerca ya estamos de celebrar el festival de las luces, para unos... el nacimiento del Redentor para otros... el inicio del vigesimoquinto año según el calendario Gregoriano, y en resumen, siendo todos hijos del mismo Dios, de una u otra forma, dedicamos estas fechas a exaltar nuestras creencias y elevar nuestras plegarias...

Que el Gran Arquitecto del Universo traiga paz a este mundo tan convulsionado y proteja siempre a usted y señora esposa, y le conserve por siempre ese espíritu sabio, sano, jovial, y con ese mismo ánimo siempre predispuesto a tender su mano desinteresada al necesitado, y nos permita el privilegio de continuar leyendo sus columnas por muchísimos años, son los deseos siempre sinceros de

Sonia y Hernán Herscovich, Margate, Florida, Diciembre 2014.

Muchas y diversas cartas de consulta en el campo inmigratorio abarrotan semana tras semana mi modesto escritorio, y a todas las que quepan en el precioso espacio que de hace más de 30 años me ha brindado este periódico, he dedicado mi vocación de abogado de inmigración a servirles de foro en este bien difícil aspecto de la vida y tranquilidad del extranjero en este gran país.

Junto a una que otra infrecuente voz de protesta o regaño que en ocasiones sazona las casi 50,000 cartas que a lo largo de este lapso me han llegado, complacen mi espíritu las voces de aliento de lectores a quienes he tenido el privilegio de servir de brújula para su vacilante camino inmigratorio. No me alcanza el espacio para corresponder a todas y cada una de estas valiosas voces de estímulo, pero hoy recibo la transcrita y extraordinaria carta del matrimonio Herscovich, la cual me hace romper, por primera vez, mi silencio institucional para agradecerles de todo mi corazón este gentilísimo reconocimiento a mi obstinado deseo de servir.

No conozco de cara a Sonia y Hernán, aunque aspiro a saludarles bien pronto a su gentil disposición, pero los términos de su amabilísima carta me revelan de manera unívoca los muchos lazos que nos unen. Su carta me llega en el próximo tiempo de Hanukah, la fiesta hebrea de las luces, aquella que de niño compartí y disfruté al lado de mis propios padres, que el Todopoderoso tenga de 50 años atrás eternamente en Su gloria. Ese mismo Dios --nombrémosle como le hayamos conocido-- por Su misericordia me libró de la muerte en aras del holocausto en mi nativa Alemania, y por Su infinita e indescifrable gracia, me regaló una nueva patria de refugio, Colombia. De allí me surgió este idioma, hasta que, ya a mitad de nuestra vida, Dios nos transportó a Teresa, mi esposa, y este servidor a emigrar otra vez, hasta hacernos ciudadanos de esta poderosa e incomparable nación.

Hoy día marcho (aunque ya en silla de ruedas...), a mediados casi de mis 80s, regalo del Omnipotente (“Los años del hombre son 70, y la de los más robustos, 80”. Salmos 90; versión libre.), con la consagración y ayuda de mi mejor mitad (“¡mi Tere!”) y la de mi colega y socia, la abogada doctora Reyna Yaniv, coheredera de nuestros ancestrales 5,775 años de desarrollo, sufrimiento, y sabiduría, y así confío seguir sirviendo a mis queridos lectores hasta tanto Dios me lo permita en la interpretación y cuidado de sus múltiples cuitas inmigratorias.

Vivo de mi profesión, pero me nutro de la satisfacción de encontrar lectores sensibles a mis apreciaciones y extravagancias, como lo son el léxico, la historia, el análisis, no sólo de sus problemas, sino de las personalidades de quienes me escriben. Aun cuando muchos de ello se escudan en el anonimato o el seudónimo, días hay --éste es uno de ellos-- en que me regocijo en la alegría de responder a una pareja tan excepcional –los Herscovich-- por su sensibilidad y su hidalguía. Gracias, pues, una vez más, y... Shanah Tovah! (¡Happy New Year!)

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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