Linea de Inmigración

Desdesorientémonos de un todo, ¡bondadosa suegra!

Doctor Rosenow, soy la “suegra bondadosa, pero desorientada” (como usted me bautizó) y le pido disculpas porque mi hijo estaba desorientado, me desorientó a mi, y yo lo desorienté a usted.

Mi consulta que usted muy amablemente contestó el 5 de noviembre, era acerca de la visa de mi nuera argentina, que se le venció para venir con mi hijo venezolano. La verdad es que, usted tiene razón, era muy sencillo (para usted que conoce muy bien su trabajo), no para ellos que se comunicaron con la embajada de Estados Unidos en Venezuela para que les dijeran lo que tenían que hacer, por ser mi hijo ciudadano de este país, cosa que no fue tan sencilla como su muy acertada sugerencia y quedaron desorientados. Ahora por lo menos ya tienen claro, gracias a usted, que lo primero es sacar su pasaporte argentino, y una nueva visa para poder ingresar. Lo que les falta saber ahora es lo que ella necesita hacer aquí para obtener su residencia ó ciudadanía. En enero ya tendrán 4 años de casados en este país, pero residenciados en Venezuela por el trabajo de mi hijo, y quieren venir a residenciarse aquí de nuevo (ya se imaginara por qué). ¡  Mil gracias y perdóneme por los acentos que no sé ponerlos en la computadora, ¡y si lo desorienté aun más!

“Suegra desorientada, Flor” (vía correo electrónico).

Usted nació bella —no hay flor que no lo sea— y además pertenece usted a una especie prácticamente en extinción: la de las suegras buenas, amables, e inteligentes -- ¡su nuera es una bendecida! (Yo también lo soy, porque aun cuando mi propia suegra reposa ya hace mucho en el Señor, me dejó de importante legado sus (¡muchas!) virtudes, depositadas en el alma de su hija, ¡mi mejor mitad...!)

Una opción recomendable para su hijo es presentar la petición de residencia (I-130) en el consulado, Sección de Servicios para ciudadanos, en lugar de pedir visa de turismo. Cuando un ciudadano se está repatriando, la visa de inmigrante -- todo esto en un solo paso (!), en consideración a que el cónyuge ciudadano estadounidense se esta repatriando. (Para que todos quedemos tranquilos, voy a verificar si el consulado en Caracas tiene esa política en funcionamiento.)

De resto, y si esto último no fuera así, la obtención de la visa de turismo (B-2, ó la combinada de negocios/turismo B-1/B-2) en su caso tampoco parece muy difícil, sólo que, como en todos los casos, hay que hablar claro (decir la verdad). En todas las instancias en que la gente va a los consulados con cuentos de su invención, el 90 por ciento de ellos salen de allí con lágrimas en los ojos, tras de que los celosos funcionarios que los atendieron terminaran la entrevista con un lacónico “no”, y ¡adiós, visa (y adiós, ilusión!), una mala nota que hará muy difícil tornar el expediente de la persona en un cuadro positivo que le depare una visa futura cuando, aun mereciéndola, la vuelva a solicitar.

A manera de simple información histórica, permítame comentarle que la nacionalidad de su nuera – la argentina – es particularmente sensitiva ante el consultado de Estados Unidos debido a la sanción que le impuso años atrás el Departamento de Estado (el ministerio jefe de todos los consulados) a todos los argentinos. Inevitablemente, debido a esa medida, “pagaron justos por pecadores”, pero la realidad fue que los argentinos perdieron el visa waiver (viajar sin visa de turismo) por el comprobado abuso que un gran sector de los bonaerenses hizo de ese privilegio.

La realidad, particularmente mi realidad personal, es bien otra. Mi mejor amigo, el argentino Alberto Dhers (y su bella esposa Maritza, venezolana) más que amigos, en mi alma son mis hermanos, y no porque él sea un reconocido campeón internacional de bridge (¡un ajedrez con naipes!), sino por la infinita paciencia que este maestro internacional ha tenido con tan entusiasta como mediocre aficionado. Si usted, amigo lector, también es bridgista, ¡ya sabe dónde hallar un partner en caso de necesidad....!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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