Linea de Inmigración

Cubano: no se asuste, sea práctico, ¡y duerma bien!

Estimado Manfred Rosenow: Conozco su columna y la ayuda que presta a tantas personas en asuntos de inmigración.

Mi esposa y yo somos cubanos. Entramos a este país el 18 de enero por la frontera con México, otorgándole a ella entrada de parole por 2 años, sin ninguna dificultad.

Mi caso fue muy distinto. Para mi asombro, me informaron que no me podían otorgar ese beneficio ya que yo tenía en mi pasaporte visa por 5 años, y además, pasaporte español, y en ambos múltiples entradas.

Yo tengo aquí a mi hermana, ya de avanzada edad, a la que he estado visitando anualmente, y ella siempre pidiéndome que me quede con ella. Mi esposa se decidió a acompañarme a vivir en este gran país, y ahora resulta que ella es la que está legal, y yo tengo que irme a los 6 meses, ó permanecer ilegal por 6 meses más, con peligro de deportación, ya que la solución en la frontera fue otorgarme visa[admisión con visa| en mi pasaporte cubano por ese tiempo.

Algunos amigos me aconsejan, con muy buena voluntad, que tome un avión para cualquier otro país y que regrese pidiendo el parole en el aeropuerto, pero ellos no son abogados de inmigración. Usted sí lo es y puede darme la mejor opción.

Muchas gracias anticipadas por su atención.

Benjamín Rodríguez, (vía correo electrónico)`

Siempre que me siento a escribir estas columnas (34 años laaargos de estar haciéndolo semana a semana), pienso que no haré otra cosa que la acostumbrada: responder con beneplácito las consultas de mis innumerables amigos cubanos y no-cubanos, lo que viene a ser la rutina más placentera de mi vida profesional.

Pero, ¡oh sorpresa!, cuando ya creí que yo lo había visto y contestado todo, me cae una carta, la suya, que no puedo calificar menos que de insólita y algo más sorprendente que las ondas gravitacionales de la astronomía, que en este momento tienen estupefactos a los grandes científicos, no a mí, por supuesto, que a mis 84 cumplidos, estaba convencido de que ya no tenía Dios guardada para mí otra sorpresiva revelación en cualquier campo que fuera, tanto cotidiano como esotérico...

Hoy me sacó usted, apreciado don Benjamín, de mi equivocada complacencia. Pasada su carta por el filtro inicial de mi amada esposa Teresa (quien es la que me abre y escoge la abundante correspondencia, física ó electrónica que me llega), heme aquí sumido en mi perplejidad por el insólito tratamiento que usted está viviendo, digno del libro “Ripley” (rarezas) de la inmigración cubana...

Primera tesis (la de Teresa...) de lo que pudiera haber pasado con usted: un caso insólito (repetimos), donde ella cree que le aplicaron lo que mi respetado maestro y amigo, el abogado doctor Michael Bander me explicó el siglo pasado, la BIG D (!) – “la “gran discreción”, la escotilla de escape del barco de la inmigración, por donde “salvan su vida” los funcionarios perplejos que enfrentan instancias que no caen dentro de los parámetros de la casuística, que enfrenta todos los días uno que otro funcionario de tan noble oficio...

Yo, que soy mucho más pedestre que mi preciosa esposa, pienso simplemente que el perplejo oficial ¡era... muy bruto! O que repentinamente embruteció por algún factor de disgusto con la esposa, a la hora (¡ó antes!...) de su desayuno. ¡Vaya uno a saber!

Yo podría elucubrar toda una gama de explicaciones de la conducta del funcionario de admisión, vale decir, de...

“in-admisión”. Pero no pierdo el tiempo en estas disquisiciones meramente intelectuales, sino que me transo por lo práctico: usted ya está aquí (!) – lo esencial, y NADIE lo va a sacudir ó molestar. Eso sólo podría pasarle a un cubano criminal, no a una bella persona como lo transparenta su carta. No le gaste más disgustos e inconformidades a su “desventura”, espere tranquilo 6 meses más, entretanto atienda a su hermana enferma, y al final de ese lapso preséntese al lado de su esposa para su(s) ajuste(s) a residencia, para la cual ambos reúnen todos los requisitos. Sobreviva como sea (honestamente, claro está) y al final, como diría mi paisano, el genial poeta colombiano León de Greiff, q.e.p.d., “Todo lo demás vale muy poco, y el resto no vale nada...”)

En resumen, todo bien, y ¡felicitaciones...! Y un respetuoso saludo a su esposa, ese género humano extraordinario que constituye “nuestra mejor mitad...”

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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