Linea de Inmigración

Si estoy pedido en cola y mi peticionario muere, ¿qué pasa?

Estimado Manfred Rosenow: Ante todo mis saludos y consideración por la aclaración e información que brinda a sus lectores en cuanto a asuntos inmigratorios muchas veces difíciles de conocer y entender.

Al grano. Tengo una persona conocida en Cuba que, según me comunica, posee una reclamación inmigratoria hecha hace varios años por su señora madre residente en este país, y ya fallecida. La hija me envía el número de asentamiento de reclamación para ella, su esposo, y su hijo soltero, número que comienza con HAV (al parecer, por “Havana”, Cuba.

Ella quiere que le averigüe, entrando yo al sistema de información de Inmigración, cómo es que va el caso en cuanto a tiempo de espera. Mi pregunta: ¿Es eso posible? ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Afecta el fallecimiento de la reclamante el proceso inmigratorio de ellos? No tengo más información a suministrarle a usted debido a que, por vivir ellos en zona intrincada, sólo tienen comunicación por correo; y este servicio es pésimo en cuanto a tiempo. Quisiera darles una información y así saber ellos a qué atenerse.

Gracias de antemano por su atención. Muy agradecido por su valioso tiempo.

“René”

Gracias por escribirme, don René (nombre de dos caras, que se deletrea Renée cuando de “doñas” se trata). El tema de hoy es un poco lúgubre, porque hasta cementerio se necesita para encuadrarlo, acaso, donde encaja en el marco de la ley... Y gracias a Dios que la situación que usted describe, aunque bien importante, es una de las más difíciles y complejas de la técnica inmigratoria.

Comencemos por definir dónde, sin darse cuenta, usted, se encuentra parado – si es en el medio de la plaza, esperando que el toro lo embista, o si ya está acostado sobre la camilla donde arrastran a los toreros muertos.

Respuesta sintética: si usted mismo ya se encuentra legalmente en Estados Unidos (con visa de visitante, estudiante, o cualquier otro –“ante”), o si lo está algún beneficiario incluido en la petición por usted (por ejemplo, su cónyuge o su niño), usted –y su bien sabido abogado – todavía tienen terreno para una lucha legal por su residencia, pero si ni usted ni derivativo alguno de su petición se halla en este gran país, adiós luz, ¡que te guarde el cielo!, su petición está difunta y sin asomo de resucitación...

El remedio mágico en la alternativa favorable es la Sección 204(l) de la Ley de Inmigración. Esta milagrosa provisión mira (desde 2010 para acá) al claro perjuicio recibido por usted y su familia directa a raíz de la extinción de la vida de su peticionario. Una consideración humanitaria y comprensible en el cuadro de los “días aciagos”(!) que el mundo, con sus irremisibles ímpetus a la guerra, está padeciendo.

Es demasiado compleja “la 204(l)” para yo desmenuzársela en detalle en el marco limitado de esta columna. Si usted, amable lector o lectora, trágicamente se ve ante la encrucijada de la muerte de su peticionario, pídale a su abogado de inmigración que analice si la prodigiosa 204(l) puede ejercer ese salvífico esfuerzo de rescatar su situación. Si el profesional le dice que no, haga una segunda cita paralela con otro colega del ramo – “cuatro ojos ven más que dos”. Y si aún no ha encontrado convincente ayuda, y todavía le quedan energías, venga a verme (con sus papeles) para yo darle el réquiem in pace, o una milagrosa esperanza...

Por último, en el caso de esta consulta “cubana”, muchas cosas están sucediendo, y las leyes de inmigración para cubanos siempre han sido espectaculares. El mundo y la política están tan convulsionados que cualquier cosa puede pasar.

Nuevamente, gracias por escribirme, y siempre estoy listo para el contacto personal. Como cito con frecuencia a mi admirado Luis Sandrini, “Mientras el cuerpo aguante, ¡la voluntad no ha de faltar!”

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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