Linea de Inmigración

Ambos casos requieren paciencia: ¡hay que saber esperar!

Estimado señor Rosenow: Primero que todo un Feliz Año 2015. Muchas bendiciones para usted y su familia. Recurro a usted por sugerencia de una amiga que lee su columna en El Nuevo Herald, la señora Ligia.

Entré legalmente a este país en agosto de 1988. A finales de 1989 se cerró una amnistía de la agricultura, y enseguida abrieron LULAC, a la cual apliqué y me dieron permiso de trabajo, Social Security, y ya tenía mi licencia para manejar. Trabajé desde 1992 hasta 2007, año en el cual me llegó una notificación que informaba que no renovarían más el permiso de trabajo.

Durante estos 15 años pagué a varios abogados para resolver mi estado legal y no hubo éxito en ninguno de los trámites. Pagué mis impuestos a tiempo y no tengo ningún record criminal. Soy soltera, barranquillera para más señales, con 58 años, no tengo hijos, como tampoco tengo casa ni propiedad. La pregunta es: ¿Tengo alguna posibilidad en lo propuesto por el Presidente Obama para arreglar mi estado legal en este país?  

Si usted cree que hay algo a la vista, ¿sería tan amable y le escribe a mi amiga Mary, que es quien le va enviar este correo, para poder hacerle una visita a su oficina.

“Anónima” (vía correo electrónico).

Apreciada Ligia, perdón, Mary, ¡perdón!... Anónima, “Una carta y tres mujeres” -- usted(es) como que me atacaron por mi punto flaco, (¡las damas!), aunque a estas horas (con 25 años más a cuestas que usted...), ya Teresa, mi abnegada y sufrida esposa, puede estar tranquila, que soy un volcán extinto, una especie de Popocatepetl mexicano que mucho fui, pero ya no soy...

¿Algo a la vista que usted debiera esperar? Le mentiría si le dijera que hay algo concreto, pero sincreto (!) opino que no se amilane, que con hoja de vida criminal limpia, usted está lejos de la cima de los 49,999,999 ilegales más que Estados Unidos (principalmente, el partido republicano) bien quisiera deportar. Es algo así como cuando los vándalos invadieron al imperio romamo, del cual nadie más que los historiadores hoy día se acuerda...

Venga a verme para conversar un poco más con su paisano barranquillero, que aunque no nací allá, lo soy de corazón. ¡La(s) espero, Ligia, Mary, y Anónima... a tomar café colombiano, ó al menos agua de panela barranquillera...!

Estimado abogado Rosenow: Deseaba preguntarle sobre mi situación. Leo su columna y pienso que me podría ayudar. Mi pregunta es:

Tengo 11 anos de estar casada con un americano. Tengo 3 años de ser residente legal aquí, pero mi esposo fue residente 40 años y sólo tiene un año de ser ciudadano. ¿Puedo yo aplicar a mi ciudadanía, ya que tengo 3 años de ser residente y estar casada con él? Muchas gracias por su atención a la presente. Atentamente,

K.S. (vía correo electrónico)

Estadísticamente, no son muchas las niñas cuyo nombre de pila comienza con “K.”, aunque en mi familia tengo tres (mis nietas Kristina, Kimberly y Katie), dos de ellas, por cierto, con descendientes, ya llegados ó en camino... Como dice un conocido comentarista radial en Miami, “¡.. y la cosa sigue!”

Pero ya que tocamos cosa de números y frecuencias, lamento tener que decirle que la matemática en su caso no la favorece... aún. La duración de la residencia suya, en términos de naturalización (hacerse ciudadano), ordinariamente es de 5 años, pero se reduce a tan solo 3 años, si durante esos 3 años usted estuvo casada y sigue estándolo y conviviendo con un esposo ciudadano de este país.

Al efecto, no importa si el cónyuge ciudadano lo es por nacimiento ó por naturalización (el caso suyo), siempre y cuando —el quid de la cosa— ese cónyuge también lo haya sido durante esos 3 años, cosa que siempre sucede así con el cónyuge nacido en Estados Unidos, pero no, repito, no, con el naturalizado, quien debe haberlo sido conjuntamente durante los 3 años de marras...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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