Linea de Inmigración

LINEA DE INMIGRACION: Caso colombo-venezolano parece casi imposible de plantear

Buenas tardes, querría que me ayudaran. Yo tengo doble nacionalidad, colombiana y venezolana. Mi familia me trajo a este país muy pequeño, huyendo de la guerrilla, pasamos malos momentos. Al llegar a este país (Venezuela), todo cambió. Nos brindó oportunidades excelentes, estudié, me gradué como licenciado en administración de Gerencia Industrial, me casé con una venezolana, tuvimos tres hijos, una de 18 años, un varón de 14, y una nena de 10.

Estuve trabajando en la industria petrolera durante más de 20 años. Mi ocupación era diferente a lo estudiado, me hice delegado sindical, defendía a los trabajadores de abusos del patrono. Hace como 4 años, participamos en paros debido a que nos adeudaban dinero, se hicieron paros escalonados, y como solución nos metieron presos, nos abrieron un expediente, y nos pusieron en régimen de presentación durante un año. A partir de allí la cosa cambió: hemos sido perseguidos y amenazados. Lo último que tuve que hacer es renunciar a mi trabajo. Mi esposa me dice que nos vayamos a Colombia, pero le digo que por las malas experiencias de cuando niño, es imposible volver a ese país donde nuestras vidas corren peligro. Quisiera emigrar a Estados Unidos. S.O.S., por favor.

“Nombre omitido a solicitud”, (vía correo electrónico)

S.O.S., [”Save Our Souls”] (”Salvad Nuestras Almas”), para aclaración de los tranquilos desinformados, es la llamada internacional de auxilio de las naves en zozobra, a la que cualquier otro buque cercano que la escuchara estaba obligado, por mandato de honor, a virar el rumbo y acudir inmediatamente en auxilio de los inminentes náufragos. Muchos perecieron y unos pocos hasta se salvaron en el célebre naufragio del Titanic (15 de abril de 1912) en el curso de su esplendorosa travesía transoceánica de estreno a la altura del gélido Mar del Norte, tras chocar en medio de la bruma con un monumental iceberg (una montaña de hielo) y hundirse pocas horas con el saldo de más de 1,200 muertos, entre ellos la pudiente familia Astor de Nueva York, y todo aquello al tono del cuarteto de cuerdas del barco que siguió tocando sus violines hasta que el mar se los tragó...

Su historia, anónimo amigo colombo-venezolano, aunque a escala menor, es tan dramática como la del introito, con la diferencia de que usted y su familia aún tienen tierra seca bajo los pies. Su gran problema, en caso de que lleguen a frontera o puerto estadounidense es que para obtener asilo tendrían que probar persecución a sus vidas en ambos países vecinos. En mis ya largos años de práctica inmigratoria nunca he visto un caso positivo de tamaña dualidad. No digo que sea imposible, sólo le advierto de la magnitud del empeño. Su esposa le dice que se vayan a Colombia. Mi comentario: casi siempre las esposas tienen razón. A nosotros, los machos, suele no parecernos así, pero con la autoridad de mis ochenta y tantos años, yo le sugiero que la escuche para su bien...

Lo ideal: que usted lograra –aunque fuera solo– llegar legalmente a Estados Unidos, abrirse paso en cualquier aunque modesto empleo, y pocos meses después, que su familia se le uniera acá. Su carta es vaga respecto a esta alternativa, pero es la opción más sólida que veo en su cuadro. Si no tiene ni logra obtener visa estadounidense, no puedo recomendarle, como abogado obligado a respetar la ley, que emprenda alguna forma alternativa de llegar a Estados Unidos, aunque la situación política y económica de Venezuela luce, al menos desde acá, cada vez menos promisoria. Sus reservas respecto a Colombia –impresiones de niño—están lejos de ser convincentes para un funcionario de inmigración o asilo en esta tierra norteamericana.

Usted me pide un S.O.S. y yo, como cualquier “buque” próximo, estoy presto a darle auxilio siempre y cuando usted esté cerca de mí, vale decir en Miami, y haya hecho, como ya dije, una entrada legal a este país. No ofrezco servirle gratuitamente, pues no soy una agencia caritativa o gubernamental, sólo eso hago para ancianos insolventes de mi edad o mayores, o para presos (hasta que salgan de su encierro). Así y todo, si es un hombre serio, cuente con mi liberalidad. ¡Espero sus noticias!

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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