Linea de Inmigración

Prevenir es mejor que curar. ¡Piénselo bien!

Doctor Manfred Rosenow: Sin tener la intención de causarle molestias, aun cuando no le haré una consulta específica sobre temas migratorios que aborda en su columna Línea de Inmigración publicada sábados y domingos en el Nuevo Herald, donde considero sus respuestas además de claras para buen entendimiento de todo lector, las cuales están imbuidas a mi juicio de pasajes graciosos de la vida cotidiana referentes al caso en concreto, que hace su artículo ameno y que sigo con constancia, ya que me han ayudado y ayudan en cada publicación suya, a conocer las leyes migratorios del país en donde vivo.

Soy graduada en Licenciatura en Derecho en Cuba, con ejercicio de mi profesión por 30 años en disímiles materias, y acá pretendiendo vincularme a algo parecido. He pasado cursos de Paralegal de Inmigración, soy notario, y también pasé un curso para tramitar divorcios simples, ya que el idioma conspira en mi contra. Cuando digo esto me refiero como cualquier tramitador de agencias que tanto abundan en Miami, llenando formularios y conformando paquetes para su envío a Inmigración, aunque mis conocimientos me dan la pericia que no tienen estos tramitadores para realizar dichos trámites a nombre del cliente que los solicita a fin de que su paquete esté correcto y me respeto en lo que hago, pues aun cuando los formularios son en inglés cuando se completan, en más de una ocasión ya se denomina el contenido a poner en estos. Me creerá osada y, a lo mejor, atrevida. He buscado y buscado como entrar a un bufete para que se me subcontrate, precisamente para hacer esos casos simples que le roban tiempo al abogado de enfocarse en casos más complejos y que por supuesto requieren ir a las cortes, y no lo he logrado.

Hace tiempo estaba por escribirle hasta que hoy decidí, “que puede ser que no sea”, como dice el dicho, al final nada pierdo con brindarle mi disposición para ello, lo que sería para mí un honor conocerlo y trabajar a su lado, o si bien referirme con otros abogados que usted conozca y puedan necesitar mis servicios. Créame que no se arrepentirán. Siempre he amado mi profesión.

Seguiré su columna como hasta ahora para continuar ampliando mis conocimientos. Esperando su respuesta y agradecida que lea mi correo. Lo saluda,

Amelia Alvarez, Miami

¡Vaya, vaya! Apreciada Amelia, que magnifica émula es usted de su tocaya Amelia Earhart, la más osada de las intrépidas amazonas del mundo contemporáneo... Tanto a ella (1937) como a usted les sobró valentía para acometer la búsqueda de un imposible técnico que las hizo a ambas fracasar en un empeño como el de estabilizar una mesa de 4 patas con la tercera pata más coja que las demás. La Earhart terminó perdida en la inmensidad del Océano Paífico sin que, hasta ahora se hayan encontrado restos de su avión, a pesar de la conocida pericia de la piloto estadounidense. Tristemente usted anda siguiéndola los nefastos pasos de ella, y yo no tengo como augurarle un fin más exitoso que el de la insigne y atrevida tocaya.

No expreso duda de los vastos conocimientos suyos, frutos de la experiencia empírica, pero, para la garantía del enorme público necesitado de representación adecuada ante las autoridades que gobiernan la vida y actos de los extranjeros en este gran país, el bar (Colegio de Abogados) obliga a quienes proporcionen consejos inmigratorios, a ostentar el título de abogados graduados, examinados, y controlados por esa exigentísima salvaguarda de los intereses de su potencial clientela. ¿Garantiza esto en forma completamente absoluta la idoneidad de los servicios ofrecidos por cada uno que exhiba una placa anunciando “Servicios de Inmigración”? Desgraciadamente, no. Aun entre abogados graduados se filtran unos pocos que buscan su provecho económico aún cuando ni entienden ni sepan del problema de sus clientes. De ahí que usted pueda ver en las páginas del hebdomadario The Florida Bar News una lista de 20 a 30 abogados suspendidos.

En contra de mis deseos de darle ánimo en lo que usted me plantea, es mi deber prevenirla de no envolverse en la Práctica Ilegal de la Ley (UPL “Unlawful Practice of Law”) que podría acarrearle indeseadas consecuencias por las acciones de Cease and Desist (cesar y desistir) que el Bar pudiera iniciar en su contra por practicar la Ley careciendo de la licencia correspondiente para ello.

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista especializado en temas de inmigración. Su columna se publica los sábados y domingos. Envíe sus preguntas a su nombre a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172, o directamente por correo electrónico a rosenowesq@aol.com

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