Linea de Inmigración

Un emigrante allá, es un inmigrante cuando llega acá

Buenos días, Dr. Rosenow. Soy argentino y vivo en Córdoba, tengo 17 años, y he leído mucho sobre usted y su ayuda a los solicitantes que deseen entrar a Estados Unidos. A mitades de julio cumplo 18 años, por lo tanto seré mayor de edad a partir de dicha fecha.

Primero, tenía acordado un viaje al sur de la bella Argentina con mi escuela, el último año que paso en ella, a fines de noviembre, cuando termino. Pero decidí cambiar dicho viaje, por uno hacia Estados Unidos, por el fútbol. Verá usted, es mi mayor sueño y allá no hay muy buen nivel de fútbol, exceptuando físicamente. Mi idea es ir a vivir, pero solo, mis padres y hermanos quedarían allá. Tengo tíos en Virginia y primos viviendo en Nueva York.

Me he informado mucho desde enero que vengo planeando este viaje. He leído como nunca en estos meses y, uno entre los tantos, a usted. Nunca he hecho la visa y jamás he viajado a Estados Unidos. Por lo que he leído, los americanos no quieren que vaya cualquiera por el simple hecho que quedan “viviendo” en dicho país, muchos de ellos... sumándole ahora con el tema de Donald Trump, se me complicaría más. Yo viviría con mis tíos en Washington, D.C., pero solo.

En fin, mi idea era viajar con visa de turista B1-B2 por un determinado tiempo y fichar con algún equipo de la MLS, a partir de allí, pedirle al club que me extienda la visa o la cambie por una de “trabajo temporal” o incluso que extienda la de visa, si es posible.

¿Usted piensa que me darán la visa de turista, por un tiempo, en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires? Ya voy a tener 18 años, sin trabajo aquí y habiendo terminado la escuela, es complicado... Pero, ¿qué pensaría usted? ¿Me daría algún consejo?

Gracias por su atención. Atentamente,

Mateo Oliva, Córdoba 10/07

Apreciado joven Mateo, usted sueña.

“Soñar no cuesta nada”, reza un conocido refrán popular, pero en términos de inmigración, hacer aquello es como lo acostumbraba mi padre, Martín Rosenow, Dios lo tenga en Su eterna gloria, cuando allá en Barranquilla, Colombia, donde crecí, compraba un billete de lotería rifando una casa amoblada de exhibición, y luego, un mes antes de la rifa, en compañía de un madre y mi personita, la visitaba y nos explicaba dónde ubicaría el sofá o los muebles de alcoba.

Nunca he olvidado esa trastrueca mental de mi padre y hoy me la hace evocar su amena, inteligente, pero desviada carta, preñada de sus buenos deseos, pero reñida con las leyes básicas de la inmigración a Estados Unidos.

Todo comienza con el concepto de raíces, y hasta que esa definición no quede clara, no hay mas que confusión e irrealidad.

Por raíz en inmigración se entiende el vínculo que sujeta a un ser humano a la tierra en que habita, pero que usted hasta ahora desea cambiar. Raíces son la familia, el empleo (empleomanía, dirían los cubanos), las propiedades, los negocios, y demás lazos que atan a una persona a su país. Es obvio que todos o algunos de estos factores no amarran a su tierra a quien viene a iniciar una nueva vida en Estados Unidos. Pero su carta muestra todo lo contrario. El cónsul estadounidense a quien usted va a pedirle una visa de turismo, comienza por indagar a que intenta usted venir a este gran país. Si su propósito es temporal – venir a conocer, visitar, comparar, e ilustrarse sobre las diferencias que lo harían preferir venir a vivir a Estados Unidos, usted cabe, mas o menos en la definición de un turista. En cambio, si usted ya viene con un plan preconcebido de reinstalarse en esta tierra de promisión, usted es un inmigrante. El problema consiste en que el turismo está abierto e ilimitado para quienes califiquen de auténticos turistas, en tanto que la admisión de inmigrante está estrictamente limitada por subclases o categorías.

En resumen el caso suyo, como usted lo expone en su carta es el de un inmigrante, y como tal, lo único que le espera es una negación de la pretendida visa de turismo, para la cual usted claramente no califica.

En cuanto al football ¿será usted un nuevo Messi, o acaso un Maradona? Si es así, el cónsul no se lo va a creer, pero usted tiene ante sí un gran reto por demostrarlo. Si usted contacta a la MLS y los convence de su calibre como una nueva estrella de nivel mundial, ellos mismos seguramente lo ayudarán a cumplir su deseo de reasentarse en Estados Unidos. Pero este tema ya está off side de la discusión de sus ilusiones y perspectivas. ¡Suerte!

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista especializado en temas de inmigración. Su columna se publica los sábados y domingos. Envíe sus preguntas a su nombre a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172, o directamente por correo electrónico a rosenowesq@aol.com

  Comentarios