América Latina

Radiografía de la MS-13: un tenebroso calvario

El salvadoreño Pedro Benjamín Rivas Zelaya, conocido como “Sniper” y “Pedro”, y uno de los jefes de la Mara Salvatrucha, cayó preso cerca de la capital guatemalteca y fue expulsado a El Salvador.
El salvadoreño Pedro Benjamín Rivas Zelaya, conocido como “Sniper” y “Pedro”, y uno de los jefes de la Mara Salvatrucha, cayó preso cerca de la capital guatemalteca y fue expulsado a El Salvador. Cortesía de la Policía Nacional Civil de Guatemala

“¡Vos me caés mal!”, advirtió un alterado marero a un futbolista novato en un bar en Honduras.

“¿Y qué fue, pues?”, respondió el desafiante joven jugador al pandillero, que estaba visiblemente molesto por un comentario que escuchó del imberbe deportista.

Aunque el marero escuchó cuando el deportista denigró a la Mara Salvatrucha 13 (MS-13), una de las dos más peligrosas pandillas que a diario sacuden con su violencia a Honduras, Guatemala y El Salvador, el incidente pareció acabar con ese diálogo telegrafiado.

Pero pocas horas después, y en otra muestra de la incontrolable criminalidad que estremece a Honduras, una andanada de puntapiés propinada por el marero y por al menos otros seis desenfrenados pandilleros acabó con la vida del muchacho aquella noche de septiembre de 2016.

Los asesinos fueron “Los Lateros”, un núcleo de la implacable MS-13. La víctima fue Sergio Mejía Sánchez, quien nació en Honduras hace 18 años y emigró con sus padres a Texas, quien tenía también nacionalidad de Estados Unidos e Italia y que, empeñado en forjar una carrera futbolística, integró el Dynamo de Houston y rechazó unirse al equipo nacional estadounidense de menores de 17 años porque su sueño siempre fue jugar en su país natal e integrar la selección hondureña.

A patadas en el suelo, el jugador de la reserva del Platense, de la Primera División de Honduras, pereció en la madrugada del 3 de septiembre en una calle tras acudir a un bar en una zona recreativa del norteño Puerto Cortés, sobre el mar Caribe y uno de los complejos portuarios más modernos de Centroamérica.

La mortal secuencia es sólo un detalle del estilo de la MS-13, una pandilla con redes en Estados Unidos, México y Europa que en las últimas semanas se ha convertido en blanco de fuertes críticas del presidente Donald Trump, en su afán por justificar la construcción de un muro en la frontera con México. Trump culpó a la MS-13 de “muy mala”, violenta y malévola, de tráfico de drogas y de crear “zonas de guerra”.

Acusadas de la violencia en el Triángulo Norte, la MS-13 y su enemiga, la Mara 18 (M-18), tienen su raíz en el decenio de 1980 en las calles de California, entre centenares de miles de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos que emigraron a esa zona para huir de las guerras en Centroamérica y crearon mecanismos para defenderse de pandillas de blancos, negros, asiáticos y otras etnias.

Los primeros mareros viajaron entre 1990 y 1993 de Estados Unidos a Honduras, Guatemala y El Salvador en masivas deportaciones de inmigrantes irregulares y reprodujeron en sus países el modelo de pandilla, con extorsiones, asesinatos, asaltos y robos, y luego nexos con el crimen organizado trasnacional para el sicariato y narcomenudeo, y con presencia en entre 35 y 40 estados de ese país.

En octubre del 2012, el entonces presidente Barack Obama declaró a la MS-13 un organización criminal internacional dedicada al narcotráfico, los secuestros, asesinatos, el tráfico de personas, prostitución, extorsión y el crimen organizado.

AL DESNUDO

Un informe que la Fiscalía General de El Salvador, del que el Nuevo Herald tiene copia, exhibe la meticulosa organización de la MS-13: tenebroso calvario para convertirse en miembro, con membresía vitalicia y con la muerte como única forma de desligarse, ya sea provocada por enemigos o por castigo interno, con la alternativa de dejar la pandilla y emigrar del país, o quedarse pero con el riesgo de sufrir un mortal asedio.

Con una estructura piramidal de control ascendente de férreas jefaturas de mando, los “paros” o “colaboradores” están en el nivel inferior del escalafón y los “ranfleros” en el superior. La meta es disputar el control de calles, aldeas y barrios de zonas urbanas y rurales a la M-18. Los “cholos” o salvatruchos se tratan como “hermanos”, “bro” o “brother” de su verdadera familia y barrio, sin importar lazos sanguíneos.

El informe arrojó los siguientes elementos:

▪ Ranfleros

Son los miembros de máximo poder y conforman la Ranfla Nacional o grupo selecto de mayor rango, al que también se denomina círculo, rueda o carro. Hay 15 ranfleros en cada centro penitenciario o “casas” y los ranfleros en libertad forman la “Federación”, un nivel jerárquico exclusivo de la Salvatrucha que surgió por “la captura o ausencia de alguno de los ranfleros” para evitar perder representatividad en la Ranfla Nacional. La Federación recolecta información de sus elementos y se la transmite a los ranfleros encarcelados.

Los ranfleros, libres o presos, ejecutan varias líneas de acción para funcionar en grupo.

Una es la Línea Principal, que dirime asuntos de la mara a nivel nacional, crea, modifica y deroga sus reglas de operación y soluciona cuestiones como casos especiales de homicidios sometidos a su autorización. Entre esos asesinatos están los de personas a las que se llama “ventiladores”, por ser informantes policiales, pero también los de policías, familiares de policías, políticos, miembros de la misma mara que incumplieron las reglas o individuos detectados como parte de “grupos de exterminio” o limpieza social.

Otra es la Línea de Reportes, que recibe informes de incumplimientos de órdenes y reglas y de graduaciones de los nuevos ingresos a la pandilla.

Existen otras dos líneas, la de Investigación, formada por mareros encargados de realizar investigaciones sobre personas, hechos y situaciones de interés de la pandilla, y la Territorial, que son los responsables de la expansión territorial de la pandilla y conflictos entre programas.

Un programa está compuesto por “clicas”, núcleos en que la mara se divide para operar. Un programa es el conjunto de clicas asentadas en los distinto departamentos salvadoreños.

Los ranfleros libres y encarcelados coordinan permanentemente sus actividades criminales con llamadas y enlaces telefónicos y con transferencia de datos por redes sociales, en su mayoría utilizando codificación especial con mensajes cifrados.

▪ Corredores de Programas

Tienen antigüedad en la organización y por su destacada actividad criminal como “corredores de clicas”, aunado a otros factores, como experiencia y mayor tiempo dentro de la estructura criminal, capacidad de mando, dominio de grupo, etc., dirigen el conjunto o grupo de corredores de clicas que generalmente se encuentran asentadas en territorios vecinos”.

La MS-13 estará formada por 48 programas con 240 clicas en los 14 departamentos.

Los corredores de programas resuelven problemas entre clicas, distribuyen el dinero de cada programa e informan con reportes a los ranfleros sobre situaciones de la mara. Son candidatos a ranfleros.

▪ Corredores de clica

Ejercen tareas de dirección y mando en cada núcleo, dilucidan conflictos internos y organizan actividades ilícitas para obtener el dinero que se entrega a la clica y al programa al que pertenecen. Sus actos delictivos son notificados al respectivo corredor de programa.

▪ “Homeboys”

La fase de prueba finaliza con lo que se denomina como graduación, rito de iniciación o brincarse a la pandilla, que consiste en dar una golpiza (mientras el jefe de la clica cuenta los segundos), a partir de la cual los sujetos dejan de estar a prueba y pasan a ser formalmente miembros de la MS-13.

Al convertirse en “homeboys”, se les asigna un “placazo o taco”, alias o sobrenombre que puede variar al usado en ciclos anteriores. También se le asigna un “apellido” que se forma con el alias seguido por el nombre de la clica.

Entre los ejemplos están “Goofy de Joyas”. “Goofy” integra una clica que se llama “Joyas de Cerén”, o “Mongo de Villa Mariona” y “Gato de Fulton”.

Los homeboys son “una hermandad por afinidad en el resto de los miembros” y, a partir de ese acto, ejercen funciones específicas en cada hecho delictivo, tienen a cargo los homicidios, las extorsiones, el traslado de armas y el entrenamiento para perfeccionar su uso.

Esos individuos buscan y luchan por un beneficio común como familia, para lo cual entregan su vida a ese servicio, al grado de preferir, en caso de conflicto personal, a su nueva familia (el barrio o la mara) que a su familia de sangre.

Si un homeboy sobresale por su forma de pensar y actuar, es elegible para ser corredor de clica.

▪ “Chequeos”

Son los mareros que tras superar la primera etapa de reclutamiento ejercen actos delictivos para beneficio de la clica unos tres años, cuando están en libertad, y luego dos años, en presidio. Su misión es acompañar a los homeboys en homicidios, cobro de extorsiones, vigilancia y robos, entre otros.

Al cumplir los requisitos de su comportamiento y del período de “caminar” o andar junto con los miembros, los jefes de clicas informan a los jefes de programas y estos lo someten a consenso de la Ranfla Nacional, quienes autorizan o deniegan el ingreso formal a la estructura.

▪ Observaciones

A este grupo pertenecen quienes expresaron su deseo de entrar a la pandilla, por lo que deberán someterse a una fase de prueba en una clica y ejercer actos para ganar méritos y confianza para lograr ascender al rango de chequeos. Todas esos hechos son documentados en expedientes personales que son elaborados en las clicas y en los centros penales.

Uno de los criterios establecidos es que el que lleve “una pegada” —que equivale a un homicidio— ya es “observación”, el que aporte dos será “chequeo” y el que entregue tres “ya sabía” y estará apto para convertirse en homeboy.

▪ Paros o colaboradores

Son los que, sin ser miembros plenos de la mara, ayudan a los que sí la integran, dentro o fuera de las cárceles, como mujeres y demás familiares que introducen teléfonos, dinero o droga a las prisiones o personas que cooperan en captar el dinero obtenido por extorsiones, ganancias de venta de drogas y otros delitos. Hay hombres y mujeres que cooperan con transporte de personas, dinero, armas, vehículos y otros objetos.

Así, el recorrido de las tinieblas criminales es de abajo hacia arriba: es el tenebroso calvario de la MS-13.

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