América Latina

Jefe indio de la Amazonía sigue luchando contra la deforestación

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El emblemático jefe indio de la Amazonía, Almir Narayamoga Surui, movilizó a Google, lanzó un plan de gestión forestal, dio la vuelta al mundo… Y, sin embargo, cada día salen de su territorio 40 camiones cargados de madera cortada ilegalmente.

“La presión es muy alta. Ahora es complicado preservar la selva”, explica Surui, que recibió amenazas de muerte de empresarios del sector forestal, pero que no se desanima. “Uno siempre tiene la esperanza de vencer”.

En su libro “Salvar el planeta”, una suerte de testimonio para sus hijos, el indígena brasileño cuenta cómo decidió, hace 25 años, trabajar para defender a los suyos, protegiendo la selva.

“Tenemos un mensaje”, explica a la AFP en portugués, a su paso por el Salón del Libro de París. “Es posible desarrollarse de forma sostenible, en beneficio de todos”.

El primer contacto del pueblo surui con los blancos se remonta a 1969. Tres años después, la población de 5,000 personas pasó a 240, diezmada por las epidemias.

Cuando nació Almir, en 1974, la tribu vio cómo su hábitat se reducía ante la llegada de nuevas poblaciones, pequeños granjeros, especuladores. Su territorio cambió con la construcción de carreteras y la aparición de la agricultura.

“La selva siempre nos enseñó a adaptarnos, me decía mi padre. ¡Sobreviviremos!”, escribe.

El joven Almir fue el primero de su tribu en hacer estudios (biología). Jefe de su clan a los 17 años, y de la tribu a los 26, ha tenido multitud de ideas por las que lo apodaron el “indio high tech”.

Surui llega, por ejemplo, a un acuerdo con Google Earth que permite cartografiar las parcelas y ver así dónde se producen las talas ilegales. “Necesitamos tecnología para comunicarnos y defendernos”, resume el líder indio. “En Brasil, muchas personas tienen miedo a que los pueblos indígenas consigan su autonomía”.

La comunidad, compuesta hoy por 1,400 personas, espera la llegada de internet.

Los suiris también proponen un plan de gestión de los recursos, que prevé, entre otras cosas, replantar un millón de árboles.

Con la ayuda de organizaciones internacionales, lanzaron un régimen de compensación de carbono: las empresas compran créditos a los suiris y estos, a cambio, protegen la selva.

La siguiente etapa consiste en transmitir ese modelo a las 180 tribus de la Amazonía brasileña. Unas 50 ya respondieron. “La idea consiste en dejar de ser solo víctimas”, asegura.

La tarea es, sin embargo, complicada. La deforestación sigue en su territorio, una zona 20 veces más grande que París.

Almir Surui critica con dureza al gobierno federal. “Las políticas públicas quieren un desarrollo a cualquier precio”.

Una quinta parte de la selva amazónica, la mayor del mundo, desapareció por la ganadería intensiva, el cultivo de la soja, el consumo de madera ilegal, las grandes infraestructuras…

¿Qué pasará dentro de 50 años?, se pregunta Almir, que también se preocupa por la sequía y la escasez del bambú que utilizaban, hasta hace poco, para hacer sus flechas.

“La destrucción de la selva es responsabilidad del gobierno”, afirma, denunciando medidas como el “decreto 303”, que limita el uso de las tierras por los indígenas.

“Las cuestiones indígenas y medioambientales no son prioridades para el gobierno. Nuestra estrategia consiste en mostrar que nuestros territorios son importantes para Brasil, también económicamente. Brasil podría ser el líder del desarrollo sostenible”, añade el jefe indio, que tiene muchas ideas.

Pretende, por ejemplo, crear una universidad indígena “para que los blancos aprendan a conocer el patrimonio surui”, y un centro de estudio de la biodiversidad.

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