América Latina

'No pensé en nada, ni en salvar la vida' : superviviente matanza Tlatelolco

"En ese momento no pensé en nada, ni en salvar la vida. En ese instante observas, observas. Sólo empiezas a considerar los riesgos sufridos mucho tiempo después'', relata Rául lvarez Garín, al describir su fotografía mental de la matanza de Tlatelolco, hace 40 años.

Es el recuerdo de su incredulidad al ver que soldados y paramilitares mexicanos estaban disparando contra miles de estudiantes que, como él, se manifestaban el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco) en Ciudad de México.

Inspirado en las revueltas izquierdistas que ese año agitaron al mundo, el movimiento estudiantil mexicano se movilizaba contra la represión del Estado, que estaba concentrado en ofrecer al mundo una fachada de paz social ante el inicio de los Juegos Olímpicos 10 días después.

No era la primera vez que los jóvenes fueron atacados, pero sus temores no alcanzaban para sospechar la matanza que se avecinaba aquella tarde, por la cual 40 años después ningún responsable ha penado un día de cárcel.

"Estábamos prevenidos de persecuciones, detenciones y eventualmente alguna acción de violencia con resultados fatales. Pero no una acción militar de esa magnitud'', admitió en una entrevista con la AFP Garín, entonces un dirigente del Consejo Nacional de Huelga que encabezaba el movimiento estudiantil.

Se desconoce el número de muertos pero los cálculos oscilan entre los 44 de la versión oficial y al menos 300, según investigaciones independientes.

"Una estimación con bases firmes te indica que en las primeras dos horas y media de la matanza se dispararon 70.000 cartuchos percutidos. Es una cantidad brutalmente excedida'', recriminó Garín, quien fue detenido aquella tarde.

Se calcula que había unos 8.000 hombres y mujeres jóvenes y niños en la plaza aunque los militares siempre defendieron que únicamente se arremetió contra una treintena de guerrilleros camuflados.

Rodolfo Echeverría era aquellos años un militante del Partido Comunista y estuvo en la plaza aquella tarde, pero una oportuna cita le obligó a marcharse y dejar a su mujer en la manifestación, que se preveía tranquila.

"Yo me enteré de todo a la la noche por la televisión. Mi mujer llegó y me contó que ella y una hermana lograron huir de la explanada y esconderse en un departamento de un edificio cercano. Una mujer les abrió. Dentro ya había más gente'', rememora Echeverría, de 72 años, en una entrevista con la AFP realizada en la misma plaza de las Tres Culturas.

Echeverría, quien hoy es funcionario de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, asegura que antes de la masacre, el Estado había tolerado la febril actividad política de una juventud ávida de libertades.

Meses antes, "la Ciudad de México vivió la democracia más amplia porque andaban los jóvenes en los barrios, en las oficinas, en las fábricas, en las calles distribuyendo e informando todo lo que era el movimiento'' estudiantil, explica.

Echeverría fue detenido tres meses después y, como Garín, fue conducido en un primer momento a un centro militar.

"Los interrogatorios se desarrollaron en todos los casos bajo una presión física y psicológica directa. Todos los interrogatorios pueden ser calificados de tortura'', denunció Garín.

Ningún militar pagó por ello y los maltratos se convirtieron en un tema tabú, incluso por la propia voluntad de los supervivientes.

"Al ser cuestionados, la mayoría de los detenidos negó haber sido torturados. Nuestro machismo nos obligaba a hacernos los duros, a decir que lo aguantamos, a no admitir ante los demás que tuvimos miedo'', desarrolló.

Cuatro décadas después el dolor persiste entre supervivientes y allegados, hoy transformado en impotencia y preocupación porque la memoria de la matanza no se pierda.

Como creen que la impunidad goza de buena salud en México, los activistas opinan que el camino hacia la justicia está más allá de sus fronteras.

"Este 40 aniversario no es el momento de dar un carpetazo (cerrar) al asunto. Es el preámbulo de los juicios internacionales. Lo que aquí dicen que no es prueba, afuera no tienen duda de que lo es'', definió Garín.

En cambio, Rodolfo Echeverría discrepa. "El problema no es encarcelar o no a Luis Echeverría (entonces ministro del Interior y luego presidente, acusado de genocidio). l se va a morir señalado como un represor 'cabrón' criminal. Lo importante es que se sepa lo que hizo la policía y el ejército contra la sociedad. No pueden meter la cabeza en un hoyo pretendiendo que aquello no sucedió''.

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