América Latina

El papa Francisco visitará pueblo de Perú destruido por la fiebre del oro

Guadalupe Tayori y sus cuatro hijos viajaron durante ocho horas en camión, canoa y autobús para llegar a la capital de Madre de Dios, en la región sureste de Perú, con la esperanza de escuchar al papa Francisco.

Pero la curtida mujer de 58 años y de Puerto Luz tiene claro lo que quiere escuchar del pontífice: ayudar a eliminar las operaciones ilegales de extracción de oro que han invadido la reserva indígena donde ella vive.

“Nuestros ríos están sucios y se están secando, y las plantas y los peces están muriendo”, dijo. “Necesitamos que nos ayude”.

Cuando el papa Francisco llegue a esta remota y abrumada comunidad este viernes, pondrá el pie en un campo políticamente minado, donde los ambientalistas y algunos de los políticos más poderosos de la región batallan por el futuro de la zona.

Puerto Maldonado —ubicado unas 500 millas al este de Lima— es la puerta del país a la Amazonia, desde donde salen los turistas ecológicos que quieren explorar las riquezas naturales de la Reserva Nacional Tambopata.

Pero la zona es también uno de los principales centros de minería ilegal de oro en las Américas. Y buena parte del metal termina en Estados Unidos, donde las autoridades dicen que se ha convertido en uno de los principales impulsores del lavado de dinero.

El martes, en respuesta a una investigación del Miami Herald sobre el comercio mundial de oro, el senador federal Marco Rubio exhortó a la Casa Blanca a investigar esa práctica.

“El comercio del oro proveniente de América Latina, que en lo fundamental se destina a los consumidores estadounidenses, se está convirtiendo en la forma preferida de los carteles de las drogas, terroristas y regímenes para lavar su dinero sucio”, dijo Rubio.

Los efectos de ese comercio están a la vista aquí. Grandes áreas selváticas han quedado convertidas en paisajes casi desérticos. Las autoridades ambientalistas locales dicen que al menos 270 millas cuadradas de selva han quedado destruidas en años recientes, cuando entre 30,000 y 40,000 mineros informales e ilegales han invadido la zona, que separa la reserva de Tambopata de las reservas indígenas, áreas protegidas para tribus específicas, como Puerto Luz.

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Un cráter creado por la minería de oro en la región Madre de Dios, en Perú, muestra la escala de la destrucción ambiental en la cuenca amazónica. Rodrigo Abd AP

“Este es un poblado en la Amazonia que se está destruyendo y a nadie parece interesarle”, dijo Alain Gallegos, de 46 años y alcalde de Puerto Maldonado, quien fue expulsado del cargo el martes en medio de alegaciones de corrupción, horas después de hablar con el Miami Herald. “La minería ilegal está acabando con nosotros (…) y estamos convirtiendo nuestra selva en un desierto”.

Pero no es solamente un asunto de conservación, dijo Humberto Cordero Galdós, encargado de Madre de Dios en el Ministerio del Ambiente de Perú.

El mercurio que se usa en el proceso de separar el oro de las piedras llega a las aguas de los ríos, contamina los peces y los alimentos. Pobladores de lugares a cientos de millas de distancia están mostrando señales de haber ingerido mercurio.

“Estamos viendo contaminación con mercurio en las personas, particularmente en las comunidades rurales que depende de la pesca para comer”, dijo. “Esto ya es algo más que un problema ambiental, es un problema de salud pública”.

El papa Francisco estuvo en Chile esta semana, donde fue recibido con los brazos abiertos por los fieles, pero también enfrentó protestas, a veces violentas, de los que acusan a la Iglesia católica de hacerse de la vista gorda ante los curas pedófilos.

El pontífice llega el jueves a Lima, la capital de Perú, y el viernes hablará en Puerto Maldonado a las multitudes en un espacio abierto. También se reunirá con líderes indígenas.

Esta región es un ejemplo de algunas de las mayores preocupaciones del Papa. En sus viajes por el mundo, con frecuencia ha advertido que el hombre y la naturaleza tienen que coexistir, y cómo la avaricia amenaza el planeta.

En una encíclica del 2015 que dedicó a los asuntos ambientales, el papa Francisco condenó específicamente la minería ilegal de oro como ejemplo de que la demanda de los consumidores de los países ricos puede afectar los ecosistemas en el mundo en desarrollo.

Al describir escenas familiares en Madre de Dios, el Papa escribió de “grandes problemas humanos y ambientales como… el agotamiento de los recursos naturales, la deforestación… afectaciones a los ríos”.

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El papa Francisco llega a celebrar misa en el Parque O’Higgins de Santiago de Chile, el martes 16 de enero del 2018. Natacha Pisarenko AP

El gobernador de Madre de Dios, Luis Otsuka Salazar, es un orgulloso hijo del lugar y minero de oro desde hace mucho tiempo. En su escritorio tiene un lingote falso de oro y lleva un pesado anillo de oro en una mano.

Salazar dijo que espera que el Papa sopese cuidadosamente sus palabras durante el viaje, dejando en claro que las necesidades del hombre son más importantes que la naturaleza.

Según Salazar, la comunidad internacional y los grupos ambientalistas están llevando su región a la pobreza en nombre de proteger la selva.

Las potencias mundiales “están destruyendo el mundo, pero no nos dejan tocar un árbol”, dijo. “¿Por qué debemos ser tan pobres cuando estamos rodeados de tanta riqueza? ¿Por qué tenemos de morir de hambre?”.

El gobernador dijo que los grupos ambientalistas han estado presionando al Papa para que aborde la crisis de la minería en su discurso, pero él espera que el pontífice sea más diplomático.

“Tengo la esperanza de que el Papa hable sobre la integración y la armonía con la naturaleza”, dijo.

Lo que está claro es que la manera en que el Papa decida hablar del tema tendrá un impacto sobre el 76 por ciento de la población peruana que se identifica como católica.

Lo que es más, el papa Francisco puede crear conciencia entre los consumidores de todo el mundo sobre los peligros de la minería ilegal de oro, dijo Susan Egan Keane, directiva de alto rango del Natural Resources Defense Council, un grupo ambientalista de Washington DC.

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Un grupo de mujeres indígenas reunidas en un anfiteatro en el sureste del Perú antes de la visita del papa Francisco. Se esperaba que unos 3,500 miembros de diferentes grupos étnicos llegaran a Puerto Maldonado antes de la visita. Jim Wyss Miami Herald

“En el mundo desarrollado la gente tiene la responsabilidad de prestar atención a cómo se fabrican los productos que compran”, dijo. “No hay mucha conciencia. [El Papa] puede inspirar a los consumidores a conocer más sobre de dónde sale el oro que compran y hacer un esfuerzo por apoyar el uso de oro en cuya extracción no se haya usado mercurio”.

Pero la contaminación con mercurio no está limitada a Perú. Mineros de más de 80 países usan mercurio, incluidas naciones de América Latina, Asia y África, según Keane.

Ayudar a los mineros a adoptar métodos de extracción que no usen mercurio, obtener financiamiento formal y conseguir la autorización del gobierno puede reducir la destrucción del ambiente, dijo.

“La raíz de este problema es que la gente está tratando de ganarse la vida”, afirmó Keane.

Aunque la pobreza ciertamente impulsa la fiebre del oro en Perú, también existe un elemento de avaricia en la industria, dijo Óscar Guadalupe Zevallos, de la Asociación Huarayo, una organización local sin fines de lucro. Durante 20 años, su organización ha estado ayudando a rescatar a niños que trabajan en las minas con salarios de esclavitud, atraídos por la posibilidad de ganar dinero.

Los jóvenes se ven obligados a realizar las labores físicamente más demandantes y las mujeres terminan por lo general en la prostitución, dijo. La mayoría son reclutados en las alejadas zonas montañosas para reducir el riesgo de que se marchen con facilidad, afirmó.

“Los llaman los ‘niños andinos’ y dicen que trabajan como adultos pero les pagan como niños”, explicó. “Las grandes fortunas de la minería se hacen con el sudor y las lágrimas de niños”, explicó.

Zevallos llevará 15 niñas rescatadas recientemente de las minas para escuchar la alocución del Papa el viernes.

Pero dijo que es el gobierno el que necesita prestar atención a las palabras del pontífice. Los campamentos de minería ilegal no son un secreto, pero el gobierno parece incapaz, o poco dispuesto, a cerrarlos.

“Tenemos un Estado débil y permisivo que permite que toda esta contaminación y delincuencia”, dijo. “Todo esto sucede porque alguien se está haciendo de la vista gorda. Y eso se llama corrupción”.

La corrupción ha sido un tema candente en el país durante las últimas semanas. En diciembre, el presidente Pedro Pablo Kuczynski estuvo a punto de ser sometido a juicio político después que salió a relucir que había recibido pagos de la constructora brasileña Odebrecht cuando fue primer ministro durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006).

Tres días más tarde, en Nochebuena, Kuczynski perdonó al ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), quien había cumplido ocho años de una sentencia de 25 por violación de los derechos humanos, incluido asesinato y secuestro.

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Un policía en el lugar donde las autoridades peruanas destruyeron excavadoras, dragas, motores y otros equipos pesados usados para extraer ilegalmente oro en la zona de Tambopata, en la región Madre de Dios, en una imagen del Ministerio del Interior de Perú. Rubén Grande AFP/Getty Images

Los opositores de Kuczynski consideran el perdón un soborno poco sutil a una facción del grupo legislativo Fuerza Popular —al que pertenece Kenji, hijo de Fujimori— que a final de cuentas impidió el juicio político.

Kuczynski ha negado haber hecho algo indebido y dijo que estuvo estudiando la posibilidad del perdón varios meses. Pero muchos aquí están esperando a ver si el papa Francisco aborda el tema.

Tayori, miembro del grupo indígena harakbut, dijo que espera que la presencia del Papa finalmente arroje luz sobre esta desatendida región del país. Hay expectativas de que el Papa estará acompañado por Kuczynski durante la visita y Tayori dijo que planeaba estar en primera fila.

“Quiero que el Papa y el presidente vean que los indígenas existen”, dijo. “[Y ] quiero que sepan que no tenemos agua”

Los redactores Nicholas Nehamas y Jay Weaver, del Miami Herald, contribuyeron a este reportaje.

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