América Latina

Areas indígenas de Panamá atraen turistas

Con un taparrabos de color amarillo intenso, Iván Ruiz se desplaza lentamente por el río Chagres en una rústica panga leyendo un periódico según ve pasar la jungla a ambos lados.
Con un taparrabos de color amarillo intenso, Iván Ruiz se desplaza lentamente por el río Chagres en una rústica panga leyendo un periódico según ve pasar la jungla a ambos lados. The Nica Times

Con un taparrabos amarillo intenso, Iván Ruiz se desplaza lentamente por el río Chagres en una rústica panga cargada de extranjeros, leyendo un periódico según ve pasar la jungla a ambos lados.

Hace más de tres décadas, emigrantes de la tribu embera huyeron de las agrestes condiciones del Tapón del Darién y se mudaron a la capital en busca de atención médica y otros servicios. Pero poco después abandonaron también la contaminada atmósfera de Ciudad Panamá por un fértil trecho de bosque tropical junto al Chagres, el río que fluye hacia el Canal de Panamá.

Entonces, alrededor de una década, los hoteles de Ciudad Panamá empezaron a llevar turistas al Parque Nacional de Chagres, a un par de horas de la capital, a los asentamientos indígenas, incluyendo la comunidad ribereña de Embera Drúa.

Desde que comunidades indígenas como los embera empezaron a abrirse a los visitantes, el turismo cultural en Panamá ha prosperado al ritmo de una economía que está creciendo vertiginosamente, 10 por ciento al año.

"La vida en Darién era difícil. Pero ahora vivimos del turismo. No hay ningún país del que no tengamos visitantes'', dice Ruiz, en camino a llevar a un pequeño grupo a bañarse bajo una resplandeciente cascada.

Aunque muchos de sus antecesores murieron por falta de atención médica básica, los embera de Embera Drúa están a 20 minutos del hospital más cercano, en bote.

Hoy, la mayoría de los 110 emberas que viven junto al Chagres nunca han visitado el Tapón de Darién, pero sí están familiarizados con el enorme cambio que ocurre en la economía más próspera de América Latina.

La carretera que va al Parque Nacional de Chagres está llena de camiones que se encaminan a la gran fábrica de cemento que está exactamente junto a los confines. A una hora de distancia está la capital; solamente el limitado número de grúas ha estado obstaculizando los planes de construir unos 300 rascacielos residenciales, prestos a dibujarse en el horizonte de esta capital cada vez más moderna.

Esta pequeña comunidad ahora tiene una escuela en la que el lenguaje nativo se enseña juntamente con el español, recibe visitas esporádicas de médicos del Ministerio de Salubridad y recientemente recibió un panel de energía solar de unos donantes alemanes. Se ven niños jugando fútbol con taparrabos cerca de la cabina telefónica de satélite con techo de paja, situada al mismo centro de la comunidad.

Durante años, las mujeres no se casaban fuera de la tribu: Los mayores les decían que se convertirían en monos. Pero eso ha cambiado, y ya casi todas las jóvenes embera se han casado con hombres de fuera.

El dinero turístico no solamente ha engrosado sus ingresos, ya que la tribu está recibiendo hasta 170 visitantes al día, a veces procedentes de barcos cruceros. Eso también se ha introducido en su arte: Hay un anciano que cambia de forma las monedas de 25 centavos de dólar con un martillo, y después las vende como aretes a los turistas por $10.

Según la Agencia Turística de Panamá, le turismo superó al canal como la mayor fuente de ingresos de Panamá, y se espera que ha de atraer 1.5 millones de visitantes, 20 por ciento más que el año anterior. La industria más importante de Panamá va a generar unos $1,700 millones este año, aunque la agencia no mantiene estadísticas de turismo cultural.

Pero cada uno de los siete grupos étnicos indígenas ha ganado del auge turístico a su manera.

Rubén Blades, el ministro de turismo, elogia a la comunidad embera en Chagres como modelo para el ecoturismo indígena, pero ha estado sosteniendo frustrantes diálogos durante los cuatro años recientes con jefes de la tribu kuna, cuyo territorio autónomo incluye 230 millas de zona costera caribeña repleta de islas. La ley de los kunas se reserva el derecho de explotar la actividad turística para ellos mismo, lo cual hace titubear a los inversores potenciales. Blades, una estrella de la música de salsa, ha estado promoviendo entre los kunas, que adquirieron autonomía en 1930 luego de una violenta insurrección, que respeten los derechos de propiedad en materia turística.

En una reunión con dirigentes empresariales el 1ro de octubre, Blades dijo: "Mientras las autoridades kunas no opten por algún modo beneficioso de explotar el turismo, no van a poder disfrutar de los beneficios que puede aportar el turismo''.

Según Blades, los gobernadores indígenas "tienen que avanzar hacia el Siglo XXI'' y suplir infraestructura turística, como pistas de aterrizaje, policía turística y servicios de emergencia para visitantes. Solamente algunos dueños de hoteles de Kuna Yala se han beneficiado de una actividad que podría beneficiar a toda la población kuna'', dijo Blades.

Los dirigentes kunas les han dicho a los medios de noticias que se han estado resistiendo porque el ministerio parece interesado solamente en respaldar a los inversionistas extranjeros y no a los pequeños empresarios locales turísticos.

Aunque la mayoría de los grupos indígenas de Panamá viven en extrema pobreza, los embera de Embera Drúa se han beneficiado económicamente de sus transacciones turísticas. Luego de que las empresas turísticas y el parque nacional reciben sus porciones, los embera reciben lo suyo de los planes turísticos, que pueden costar hasta $100 por persona, y eso no incluye las ganancias de las ventas de artículos de artesanía a los turistas.

Pero algunos opinan que el turismo cultural abarata la riqueza cultural.

En artículo titulado Cultura por libra, escrito en 1977, el antropólogo Davydd Goodman escribió que el turismo está convirtiendo la cultura en un artículo de consumo.

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