América Latina

México advierte que decapitaciones no detendrán la lucha contra el narcotráfico

Soldados mexicanos colocan una bandera encima de los ataúdes de sus compañeros asesinados por el narcotráfico.
Soldados mexicanos colocan una bandera encima de los ataúdes de sus compañeros asesinados por el narcotráfico. AP

El gobierno federal advirtió el lunes que no detendrá su batalla contra el narcotráfico a pesar de la decapitación de militares en el sur del país, en el peor ataque contra las fuerzas armadas desde que se declaró en 2006 una "guerra'' al crimen organizado y los carteles de las drogas.

En Chilpancingo, capital del estado sureño de Guerrero, autoridades castrenses y civiles rindieron un homenaje a siete militares --seis de ellos de cuerpo presente-- y lanzaron la advertencia de que no se tendrá "la más mínima consideración'' contra los responsables.

Las autoridades encontraron el domingo 12 cuerpos decapitados en Guerrero, siete de los cuales fueron identificados como militares, sin que se haya identificado al resto. Otro soldado decapitado fue hallado el 9 de diciembre.

Los cadáveres decapitados de los soldados fueron colocados a lo largo de una avenida. Cerca de ahí se encontró un mensaje que decía: "Esta es una de cal por dos de arena... Por cada uno que me maten les vamos a matar a diez''.

En una bolsa, cerca del sitio, las autoridades encontraron nueve cabezas, algunas con la boca cubierta por cinta adhesiva. En otra parte, fueron hallados otros tres cadáveres, también decapitados.

El descubrimiento en Chilpancingo, ciudad situada a una hora al norte del centro vacacional de Acapulco, representa el ataque más espantoso contra el ejército mexicano en su medio siglo de combate a grupos de narcotraficantes.

Durante la ceremonia en homenaje a los soldados, el comandante de la novena región militar, general Enrique Alonso Garrido, dijo: "Este lamentable hecho constituye una ofensa a las instituciones en su conjunto y especialmente a quienes vestimos el uniforme castrense''.

El jefe militar dijo que "fue un grave error de los delincuentes este atrevimiento''. Prometió luego que "no habrá concesión alguna y mucho menos tendremos descanso hasta no ver en el lugar que corresponde a estos delincuentes''.

A la ceremonia asistieron los secretarios de Gobernación (Interior) Fernando Gómez-Mont y de Defensa, general Guillermo Galván.

Posteriormente, el presidente Felipe Calderón dijo que los carteles están desatando tal violencia porque están resintiendo las acciones del gobierno, y prometió una respuesta firme ante ellos.

"Sabemos bien que estos cobardes asesinatos pretenden amedrentar al Estado y a la sociedad. Pero estamos decididos a llevar esta lucha en todas sus consecuencias, a la violencia del crimen responderemos con la acción firme del Estado... Porque México es más fuerte que cualquier banda de delincuentes, porque no daremos un paso atrás en esta lucha ni habrá tregua ni cuartel para los evidentes enemigos de la patria'', indicó.

La ceremonia del lunes parecía destinada a asegurar que el país que no se rendirá, pese a una escalada de violencia que ha causado la muerte de 5.300 personas este año y a la traición de más de una decena de altos funcionarios policiales acusados de aceptar dinero para proteger a los carteles del narcotráfico.

Los asesinatos de soldados se registran en momentos en que México se apresta a usar 400 millones de dólares en ayuda norteamericana para robustecer su guerra contra los narcotraficantes.

La Secretaría de la Defensa se ha negado a revelar detalles de cómo fueron capturados los soldados o qué cartel habría llevado a cabo los asesinatos.

Los ataúdes de los soldados, envueltos en la bandera mexicana, fueron colocados en un patio en una base del ejército en Chilpancingo. La familia de uno de los asesinados no quiso participar en la ceremonia. Se ignoraba inicialmente la razón. La familia no pudo ser contactada para que formulara comentarios.

El general Garrido calificó los asesinatos de cobardes y aseguró que las fuerzas armadas siempre actúan de frente.

"Nuestros soldados no actúan con prejuicio, saña o mala fe, ni siquiera contra los peores delincuentes que se escudan en la impunidad'', dijo.

Los carteles mexicanos de la droga han recurrido con cada vez más frecuencia a la decapitación de sus víctimas, incluidos narcotraficantes rivales, policías o soldados. El 28 de agosto fueron hallados una decena de cadáveres sin cabeza en las cercanías de Mérida, capital del estado oriental de Yucatán.

Otras dos cabezas cercenadas se hallaron en el mismo bulevar de Chilpancingo, el 7 de diciembre, junto con un mensaje que decía: "Según militares andan combatiendo a la delincuencia y resultan ser secuestradores. Esto les va a pasar (altisonancia)''.

Numerosos policías y soldados han muerto desde finales del 2006, cuando Calderón lanzó una ofensiva contra los carteles del narcotráfico. Aunque las bandas criminales trataron otrora de evitar los enfrentamientos con el ejército, ahora atacan abierta y frecuentemente a los soldados.

En mayo del 2007, un grupo armado vinculado con una organización narcotraficante mató a cinco soldados en una emboscada en el estado de Michoacán, que colinda con Guerrero.

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