América Latina

Mujeres ganan arma legal contra el abuso

Norma Cruz, directora de la Fundación Sobrevivientes, sostiene fotos de María de Jesús Velasquez Jacinto.
Norma Cruz, directora de la Fundación Sobrevivientes, sostiene fotos de María de Jesús Velasquez Jacinto. The Miami Herald

Finalmente Erica Jacinto Vicente ha empezado a conseguir justicia para su difunta hija.

Hace un año, el novio de María de Jesús Velásquez Jacinto la mató de un tiro en el pecho después de años de propinarle golpizas. Pero si una nueva ley contra el abuso y asesinato de mujeres no se hubiese aprobado el año pasado, es probable que a Edgar Benjamín Quiñonez nunca lo hubieran encausado, afirman funcionarios de derechos humanos.

Pero este mes comenzó el procesamiento este mes de Quiñonez bajo cargos de asesinato, apenas el segundo de 722 casos de mujeres asesinadas el año pasado. "La ley muestra que el gobierno de Guatemala reconoce que el femicidio existe'', dijo Amanda Martín, directora de la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala en Washington.

Más de 4,000 mujeres han sido asesinadas desde el 2000 y se han documentado casi 80,000 casos de violencia doméstica en los últimos dos años, lo que coloca a este pequeño país centroamericano en uno de los primeros lugares del continente en cantidad de casos de violencia contra las mujeres en el mundo.

Con el número de mujeres asesinadas --que en su mayoría sufrieron golpizas y violaciones anteriormente-- en ascenso, y con sólo un puñado de fallos condenatorios, los activistas de los derechos humanos esperan que la nueva ley que criminaliza la violencia contra las mujeres ayude a contener la violencia misma y la impunidad. Aunque en Estados Unidos y algunos países latinoamericanos hay leyes contra el abuso, esta es la primera en Centroamérica.

Hasta que la Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia contras las Mujeres entró en vigor en abril del año pasado, no había ninguna figura jurídica para encausarr a los abusadores.

La ley también llama la atención sobre el problema del femicidio. Los fiscales y activistas de derechos humanos dijeron que esperan que la sanción del abuso a las mujeres con sentencias de cárcel no sólo frene el abuso y el asesinato, sino que combata la impunidad alentando a las mujeres a denunciar a sus agresores.

El primer caso se presentó este mes. Calixto Simón Cun, acusado de golpear a su mujer, fue condenado a principios de febrero a cinco años de prisión, el mínimo permitido.

La ley establece condenas de entre 25 y 50 años por asesinar a una mujer y entre 5 y 12 años por violencia sexual, física o sicológica.

"Es la primera vez en nuestra historia que se juzga a un hombre por agresión a una mujer'', dijo Norma Cruz, directora de la Fundación Sobrevivientes, que ofrece asesoría jurídica y sicológica a las mujeres.

"Esto es un paso importante porque muestra que no estamos jugando, que no vamos a seguir tolerando la violencia y la impunidad''.

Activistas de derechos humanos en Guatemala dicen que la violencia contra las mujeres se ha convertido en una epidemia. En Guatemala asesinan a dos mujeres cada día, dijo Ana Gladis Olas Hidalgo, jefa de la unidad de mujeres de la Oficina del Ombudsman de Derechos Humanos de Guatemala.

"Ahora la violencia es peor que nunca'', dijo. "En la mayoría de los casos las mujeres están demasiado intimidadas para protestar, así que a sus agresores nunca se les exige responsabilidad''.

Según el informe del ombudsman del 2008, la cantidad de mujeres asesinadas aumentó 95 por ciento entre el 2001 y el 2007, en comparación con los homicidios en general, que aumentaron 77.3 por ciento durante el mismo período.

Incluso como el tercer país más violento de América Latina con un promedio de 17 asesinatos diarios, la violencia contra las mujeres sobresale en Guatemala y tienden a incluir tortura y agresión sexual, dijo Ollas.

"A los ojos de la sociedad, el Estado y la ley, no somos personas'', dijo Cruz.

Habitualmente, la escala de la violencia se atribuye a la impunidad, a una cultura de machismo y a una guerra civil de 36 años que terminó en 1996 y dejó más de 250,000 muertos o desaparecidos. Muchos alegan que la violencia se ha convertido en un estilo de vida debido a una cultura acostumbrada a la violencia y la muerte a manos del gobierno.

"Antes que se firmaran los acuerdos de paz, el Estado tenía el monopolio de la violencia'', dijo Cruz. "Ahora la violencia ha pasado a las manos de los ciudadanos. Todo el mundo tiene un arma''.

El 98 por ciento de todos los delitos cometidos en Guatemala quedan impunes. La cantidad de delitos violentos contra las mujeres que queda impune no se conoce pero los activistas dicen que es igualmente elevado, dijo Floridalma Contreras Vásquez, del Centro de Acción Legal de Derechos Humanos.

Las mujeres temen acusar a sus agresores de abuso o violación, dijo Martin, porque saben que lo más probable es que las rechacen o ignoren la denuncia.

Con frecuencia se estereotipa de prostitutas o pandilleras a las víctimas de asesinatos, personas que de alguna forma merecían lo sucedido porque vestían provocativamente o estaban en la calle tarde en la noche, dijo Contreras. Pero en realidad son mujeres de todos los sectores, analfabetas y profesionales, pobres y ricas, jóvenes y viejas, y añadió que la mayoría --58 por ciento-- mueren a manos de sus esposos o novios.

"La lucha es contra una sociedad machista, racista y clasista'', dijo Contreras. "Vivimos en una sociedad patriarcal donde se discrimina terrible a la mujer. Nuestras leyes las redactaron hombres que no tenían preocupación alguna por los derechos de la mujer''.

‘La ley del femicidio no será suficiente para cambiar una cultura que, durante tanto tiempo, ha pasado por alto e inclusive ha aceptado el asesinato de las mujeres'', dijo Cruz.

"Hay que educar a las mujeres sobre sus derechos'', dijo. "Tienen que romper su silencio y estar dispuestas a protestar si quieren romper el ciclo de la violencia. Esta ley va a ayudar a encarcelar abusadores, pero a la larga no va a servir de mucho porque tenemos que aprender a prevenir la violencia para salvar vidas'', acotó.

Poco después de la muerte de su hija, Jacinto fue a la Fundación Sobrevivientes en busca de asistencia jurídica para encausar al asesino de su hija, que todavía está en juicio. Dijo que siempre lamentará no haber hecho más cuando su hija le dijo lo mucho que temía a su novio, que también es el padre del último nieto de Jacinto.

"Durante años me hablaba del miedo que tenía y ahora yo también tengo miedo'', dijo. "Pero estoy haciendo esto porque quiero dar un ejemplo a mis nietos para que aprendan que las mujeres tienen derechos, a otras mujeres para que no se acostumbren a tolerar la violencia y a los hombres para que sepan que la violencia tiene que parar''.

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