América Latina

Polémica por gran represa en la Amazonia

UN GRUPO de niños espera mientras sus padres asistían el mes pasado a una reunión en Volta Grande sobre la construcción de la represa Belo Monte en el río Xingú.
UN GRUPO de niños espera mientras sus padres asistían el mes pasado a una reunión en Volta Grande sobre la construcción de la represa Belo Monte en el río Xingú.

El río Xingú, el mayor afluente del Amazonas, corre amplio y rápido en esta época del año. Sus aguas de color turquesa sirven de hogar a unas 600 especies de peces, entre las cuales hay varias que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Un dosel esmeralda de árboles cubre sus bancos, excepto en los lugares en que el hombre los ha talado con el fin de crear pastizales para el ganado.

Ahora el hombre, bajo la forma de la compañía estatal de electricidad del Brasil, quiere contener una sección del Xingú para construir la tercera mayor represa en el mundo.

Llamada Belo Monte, la represa sumergiría 200 millas cuadradas de selva tropical --un área equivalente a la vasta ciudad de Tucson, Arizona--, así como los hogares de 19,000 personas. Sería asimismo una de más de una docena de represas que el gobierno brasileño planea construir en los afluentes del Amazonas, el río más caudaloso del mundo.

Belo Monte sería sólo el asalto más reciente a las selvas amazónicas, que cobijan a una de cada 10 de las especies conocidas en el planeta.

Stephan Schwartzman, director de política de selvas tropicales del Fondo de Defensa Medioambiental, dijo que el 18 por ciento del Amazonas, un área casi dos veces mayor que California, ha sido destruida desde mediados de la década de 1960.

El destino de la selva amazónica tiene enormes consecuencias, ya que la disminución de las selvas tropicales afecta la habilidad del planeta de limpiar la atmósfera de dióxido de carbono, un gas de invernadero que es absorbido por los árboles y otras plantas verdes.

Funcionarios del gobierno brasileño, sin embargo, afirman que Belo Monte y las otras represas son necesarias para encender más luces en las salas de las casas, dar electricidad a compañías en expansión en la novena economía del mundo, y crear empleos mientras Brasil se adentra en la recesión.

El impacto que tendrá Belo Monte en los indígenas que serán desplazados es un punto central para los opositores de la represa. Según la Constitución de Brasil, los indígenas tienen que "ser escuchados'' cuando las represas afecten su tierra, lo cual les da potencialmente poder de veto contra las nuevas construcciones.

Los defensores del medio ambiente están organizando a los habitantes de las riberas para hablar en contra de Belo Monte describiendo cómo sumergiría sus hogares y sus tierras. Los activistas realizaron una reunión el mes pasado en la comunidad conocida entre los vecinos como Volta Grande, que se refiere a un recodo del Xingú llamado la Vuelta Grande.

Euclides De Oliveira, un delgado pescador de 32 años con un bigote oscuro, escuchó en silencio mientras los activistas describían un futuro desdichado.

"Lo que ustedes han dicho me da miedo'', dijo de Oliveira cuando finalmente intervino. "Eso acabará con nuestro modo de vida''.

Los medioambientalistas hacen énfasis en que Belo Monte aumentaría los gases de invernadero a nivel global al destruir la selva tropical y liberar las reservas de metano que guarda la vegetación de los ríos. Los activistas afirman que el nivel bajo del Xingú durante la temporada seca obligaría al gobierno brasileño a construir otras cinco represas para regular el flujo del agua.

Algunos críticos han llegado a decir que represas como la de Belo Monte podrían acabar convirtiéndose en "elefantes blancos'' (una carga inútil y costosa) si el calentamiento global seca parte de la cuenca del Amazonas, como sugieren algunos modelos computarizados.

En lugar de construir represas, concluyó un análisis de la oficina en Brasil del Fondo Mundial de la Flora y la Fauna Silvestres, el gobierno podría cubrir las necesidades energéticas del país poniendo al día los sistemas energéticos existentes y esforzándose en el desarrollo rápido de energía eólica, solar y de biomasa. En un ejemplo, el estudio reportó que Brasil pierde el 16 por ciento de la electricidad que genera debido a un sistema de distribución viejo y defectuoso, en comparación con la pérdida de un 6 por ciento en el resto del mundo.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha ganado reconocimiento internacional por su papel en el esfuerzo porque los autos brasileños cambien la gasolina por el etanol producido a base de la caña de azúcar, un combustible mucho más limpio.

No obstante, Lula ha continuado defendiendo grandes proyectos energéticos que crean empleos, destruyen la selva tropical y atraen contribuciones de campaña para su Partido de los Trabajadores de parte de grandes compañías constructoras.

El mandatario ha dicho también, de manera enfática, que "el Amazonas pertenece a los brasileños''.

Lula brindó un apoyo crucial a dos represas polémicas que se están construyendo en el río Madeira, en la zona occidental del Amazonas.

Belo Monte se construiría en el corazón de Pará, un estado que alberga una explosiva mezcla de colonos pobres, ganaderos, leñadores y estafadores que falsifican los títulos de propiedad de las tierras.

En el 2005, un pistolero contratado por un ranchero rico mató en Pará a Dorothy Stang, una monja estadounidense que combatía a los poderosos en nombre de los que no tienen tierras.

Una señal de la tensión creada por el proyecto de Belo Monte ocurrió en mayo del año pasado en una reunión pública en Altamira, donde los indígenas acuchillaron a un ejecutivo de la compañía de electricidad.

"Fue un acto terrible y deplorable'', dijo Glenn Switkes, representante en Brasil de International Rivers, un grupo sin ánimo de lucro con sede en California. "Pero define lo que está en juego, y muestra que la determinación y la resistencia de los indígenas será probablemente fuerte''.

El obispo Erwin Kraulter está siendo protegido por la policía las 24 horas debido a amenazas de muerte recibidas por oponerse a la represa y por sus choques con la poderosa asociación de rancheros.

"La represa tendrá un impacto irreversible'', dijo Kraulter.

El prelado abriga todavía alguna esperanza de que el gobierno no siga adelante con la represa luego de reunirse con Lula el 19 de marzo y lograr que el presidente accediera a conversar con opositores del proyecto a fines de este mes.

Los líderes empresariales y políticos de Altamira apoyan a Belo Monte por el desarrollo que traerá.

"Con la represa tendremos más ingresos para mejorar la infraestructura'', dijo la alcaldesa de Altamira, Odileida Sampaio. La funcionaria tiene la esperanza de que la represa produzca dinero para pavimentar 600 millas de la autopista Transamazon y conectar a Altamira con la ciudad de Marabá.

Sampaio dijo que la compañía que gane el proyecto tendrá que pagar por nuevas carreteras, escuelas, clínicas y casas.

El debate sobre las represas en el Amazonas no es nuevo. Los opositores detuvieron un plan para una represa gigantesca en el Amazonas en 1989.

Fue una versión temprana de Belo Monte.

Una coalición de defensores del medio ambiente con sede en Estados Unidos, de los indígenas Kayapo de Brasil y la intervención de Sting, lograron que el Banco Mundial retirara los préstamos necesarios.

Belo Monte es ahora una represa más bondadosa y gentil, según el presidente de la estatal Electrobras, José Antonio Muniz.

"Es el mejor lugar en el mundo para una represa. Producirá mucha energía y tendrá un impacto mínimo en las personas y el medioambiente'', afirmó.

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