América Latina

Aumenta el cultivo de marihuana en México

En esta imagen de archivo, soldados del Ejercito Mexicano destruyen plantas de marihuana en la serranía de Ensenada, en Tijuana (México). EFE/Alejandro Zepeda
En esta imagen de archivo, soldados del Ejercito Mexicano destruyen plantas de marihuana en la serranía de Ensenada, en Tijuana (México). EFE/Alejandro Zepeda

Esta es una buena época para los cultivadores de marihuana en el área oeste de las montañas de la Sierra Madre, en México. Los escuadrones de erradicación del ejército que destruían los campos ilícitos de ese cultivo han sido desviados a otros sitios por la guerra contra las drogas que se libra en México.

La retirada de los militares ha alegrado a los granjeros que están sembrando y cosechando marihuana. El cultivo de cannabis en México aumentó el año pasado en un 35 por ciento el año pasado, y es en la actualidad mucho más alto que en ningún otro momento en casi dos décadas, según el Departamento de Estado.

Ha sido asimismo una bendición para los poderosos grupos del crimen organizado de México.

La marihuana es perecedera, voluminosa y menos provechosa que la exportación de heroína, cocaína y la metanfetamina en cristal, pero los expertos en el tráfico de drogas dicen que todas las grandes organizaciones de tráfico de drogas en México consiguen ingresos significativos por concepto de marihuana, basándose en redes criminales a ambos lados de la frontera que llevan la cannabis a numerosas ciudades de EEUU.

"Tiende a ser la gallina de los huevos de oro para las organizaciones de tráfico de drogas'', aseguró David T. Johnson, subsecretario de Estado para asuntos internacionales de narcóticos y policía, durante una visita a México realizada la semana pasada.

Un recorrido aéreo de la Sierra Madre, junto a un general del ejército mexicano y una pequeña unidad de erradicación del ejército --de las pocas que están todavía activas-- muestra cosechas de marihuana floreciendo en un valle tras otro de la agreste región cubierta de pinos.

Los valles y laderas de las montañas en la parte del sur del estado de Chihuahua que está entre los estados de Sinaloa y Durango son llamados a veces el Triángulo Dorado de México --refiriéndose al Triángulo Dorado del sudeste asiático, que produce opio--, debido a su productividad. Las cosechas ilícitas no solamente incluyen a la marihuana sino también la amapola, la flor que produce la sustancia blanca y gomosa, parecida al látex, que luego se procesa para producir opio y heroína.

Es una región peligrosa. Hasta los granjeros más pobres tienen armas de fuego. Se cree que un tercio de la población del área se gana la vida participando de la industria de las drogas ilícitas.

Los campesinos necesitan muy poco para cultivar pequeños campos de marihuana: bolsas de semillas, un poco de fertilizante, mangueras para sus primitivos sistemas de irrigación y unos pocos meses para que la cosecha madure en plantas de 10 pies de alto.

De acuerdo con cálculos del Departamento de Estado, las zonas con campos de marihuana cosechable en México crecieron de 10,130 acres en el 2001 a 29,652 acres en el 2009. Durante el mismo período, el área de erradicación disminuyó en la mitad.

Destruir la marihuana no es fácil. A diferencia de Colombia --que hace uso constante de aviones blindados para rociar herbicidas en los campos de coca, matando el ingrediente en bruto que produce la cocaína--, México depende en gran medida en la fuerza bruta de soldados que arrancan las plantas de marihuana.

En un día reciente, los soldados sudaban profusamente mientras tiraban de altas plantas de marihuana para arrancarlas de raíz. La marihuana crecía en un cuidado campo junto a un arroyo. Incluso sin mucho fertilizante, y en suelo rocoso, las plantas crecían robustas. Cuando los soldados no conseguían arrancar las plantas, las destrozaban con machetes.

Luego, bien empapadas en gasolina, las pilas de plantas arrancadas de raíz fueron quemadas.

Luego de que una docena de soldados trabajara duro durante varias horas, se había arrancado y quemado apenas alrededor de un acre.

El cultivo de cannabis tiene para los granjeros muy poco estigma y menos riesgo.

"Siempre se ha dicho que la amapola es controlada el crimen organizado, y que la marihuana es para el pueblo. Cultivarla es como cultivar maíz'', afirmó el general, quien habló con un periodista con la condición impuesta por el Ministerio de Defensa de México de no ser identificado por su nombre.

La marihuana se paga mejor que el maíz, pero no mucho. Un par de libras de marihuana se venden a nivel local por apenas $15 ó $20. No es hasta que la hierba se acerca a la frontera de EEUU que el precio comienza a subir. Una vez que entra de contrabando a estados como Arizona y Texas, el precio sube hasta pasar de $500 por libra al por mayor.

Anteriormente, los contrabandistas empacaban varias toneladas de marihuana en rastras que cruzaban la frontera. La posibilidad de ser detectados ha hecho muy riesgosos esos métodos, y los narcos usan ahora túneles, aviones ultraligeros y otros métodos para cruzar la droga, entre los que están hasta atársela a la espalda a los inmigrantes ilegales.

"La marihuana es muy, muy rentable, pero es difícil de transportar'', indicó Francesco Pipitone, experto en delitos de la oficina en Ciudad México de Kroll Associates, una compañía global de asesoría de riesgos con sede en Nueva York.

Sondeos muestran que unos tres millones de mexicanos consumen marihuana con cierta regularidad. Eso palidece en comparación con Estados Unidos, donde el Instituto Nacional de Abuso de Drogas reportó en mayo que casi 26 millones de estadounidenses habían consumido marihuana el año pasado.

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