América Latina

ANÁLISIS: Las victorias ignoradas de la democracia en la Cumbre

Las agresiones físicas e insultos contra exiliados y disidentes cubanos, que asistieron a encuentros colaterales en la Cumbre de las Américas en Panamá, fueron realizadas por grupos castristas y dieron la vuelta al mundo en imágenes como esta.
Las agresiones físicas e insultos contra exiliados y disidentes cubanos, que asistieron a encuentros colaterales en la Cumbre de las Américas en Panamá, fueron realizadas por grupos castristas y dieron la vuelta al mundo en imágenes como esta. EFE

Como uno de los dos cubanoamericanos acreditados como delegados para acudir a la Cumbre de las Américas, participé en los foros el 8 y el 9 de abril y en los dos últimos eventos, el 10 y 11 de abril, después que los presidentes y secretarios de Estado comenzaron a llegar. Vi, de primera mano, victorias que muchas veces no se informaron y que a nombre de la democracia y derechos humanos se obtuvieron. A mi regreso me sorprendió que los medios de prensa locales solo destacaran el espectáculo orquestado de lo que durante largo tiempo había sido programado y preorganizado –los apretones de mano, las reuniones y las sesiones de fotos—, pero ignoraron el significado de otros eventos que ocurrieron. Por lo menos, en cinco áreas importantes y contra todas las posibilidades, las denuncias positivas para obtener la libertad en Cuba y Venezuela prevalecieron de forma improbable.

El primero de estos eventos, llamado “Declaración de Panamá”, fue una condena sin precedentes contra el régimen venezolano que firmaron más de 20 ex presidentes latinoamericanos y el ex mandatario español José María Aznar. La condena tuvo una repercusión mundial y en ella participaron opositores venezolanos al régimen de Maduro, como, por ejemplo, la esposa del líder de la oposición Leopoldo López, preso desde hace más de un año. La declaración condenó con vehemencia “la ausencia en Venezuela de la independencia del sistema judicial”, así como la persecución de disidentes, los actos de tortura cometidos por funcionarios del gobierno y otras violaciones que “conspiran gravemente” contra los derechos humanos en Venezuela. La réplica que les dio un presidente latinoamericano de izquierda a los ex presidentes fue que “debían ponerse a trabajar”, lo que fue un contraste de su vulgaridad con el respeto que tradicionalmente le brindan los líderes de las democracias del mundo a sus antecesores de cualquier partido.

También pudieron verse los apuros de los disidentes cubanos y venezolanos en las confrontaciones que tuvieron lugar con muchos representantes de estos regímenes cuya entrada en Panamá se permitió. Estas confrontaciones que el mundo pudo ver por televisión tuvieron lugar principalmente fuera de la Cumbre y las protagonizaron personas sin credenciales, pero que lograron infiltrarse en áreas adyacentes, lo que provocó alteraciones y violencia ocasional contra nosotros.

Como una anecdóta, entre sesiones pasaba por el vestíbulo del hotel Panamá, donde se celebraban los foros, cuando me percaté que el disidente Guillermo “Coco” Fariñas estaba afuera tratando de hablarles a los medios de prensa. Quizás 20 miembros de una presunta organización no gubernamental (¿existe realmente alguna en Cuba?) le gritaban insultos. Temiendo por Coco, salí del hotel y me coloqué a un lado y cerca de él, pero tres o cuatro “oficialistas” cubanos me empujaron a tal punto que no podía defenderme de la agresión. Coco fue golpeado, estoy seguro, con gran fuerza. Incidentes lejos de los salones de la Cumbre fueron mucho más violentos. Antúnez, hombre fuerte y valiente, razones por las cuales es frecuentemente blanco de agresión, Orlando Gutiérrez, y otros disidentes fueron superados númericamente ante los ojos de las cámaras de televisión. Estas golpizas evidenciaron ante el mundo el sufrimiento que viven los disidentes cubanos, similares a los que padece la oposición venezolana, mientras luchan dentro de sus países, bajo constante peligro y sacrificio, para tratar de lograr un poco de espacio para la democracia representativa y el respeto a los derechos humanos.

Como la tercera victoria no reconocida simplemente citaré que tanto los disidentes y unos pocos delegados cubanoamericanos y venezolanos orgullosamente logramos nuestros propósitos al relacionarnos constantemente y de forma creíble con la prensa. Una colega venezolana, Carmen Giménez y yo, por ejemplo, trabajamos respectivamente como analistas de EEUU y Venezuela y EEUU y Cuba para un segmento noticioso del canal colombiano NTN24, y expresamos incansablemente nuestro mensaje sobre los derechos humanos ante los medios de prensa.

Las últimas dos victorias tuvieron lugar estrictamente dentro de la Cumbre, y también tuvieron el mismo resultado: la ausencia de una declaración final adversa por parte de los presidentes a pesar de nosotros ser una minoría, tanto en términos de las simpatías de los delegados como de los potenciales votos presidenciales. Según mi experiencia personal en los foros, a pesar de una desventaja de tres a uno con respecto a los delegados, fui elegido moderador de un grupo de trabajo, basado en mi antigua presidencia en la Cumbre II, y donde ratifiqué mi compromiso de trabajar con todos los delegados hacia las metas que teníamos: recomendaciones a los presidentes sobre el tema “Fortalecer las instituciones”. [Para ilustrar la jerga y las diferencias entre las dos partes, los defensores de la democracia representativa como yo pudimos enfatizar el papel de instituciones no gubernamentales como la prensa independiente, mientras los defensores de las seudodemocracias rechazaron el papel de las instituciones independientes, tras afirmar que representan el imperialismo y el colonialismo económico]. Nuestro grupo redactó un documento neutral que después fue parcialmente enmendado, y en mi caso no tuvo a la larga sentido alguno. Sin embargo, en ningún caso fue la falta de una declaración de los presidentes con relación a Venezuela. El presidente Maduro acudió a la Cumbre con una agenda desesperada que buscaba que EEUU le quitara las sanciones a siete violadores de los derechos humanos, anulara su declaración de que Venezuela representaba una amenaza a la seguridad nacional, y sobre todo trataba de obtener una declaración oficial de apoyo de parte de la OAS . En todos sus objetivos Maduro fue rechazado. Salvo quizás por parte de Evo Morales, las declaraciones de sus aliados, entre ellos Cuba, donde Venezuela ha gastado tanto dinero, fueron en el mejor de los casos superficiales y tibias, y la respuesta inicial de EEUU fue confirmada por la secretaria Jacobson como una rotunda negación. Maduro está en estos momentos en un profundo abismo diplomático junto al estado de bancarrota que se encuentra Venezuela.

Maduro tal vez se vea obligado a cambiar la naturaleza de su régimen y compartir o entregar el poder y celebrar nuevas elecciones. Venezuela, por lo menos, podría estar hoy día más cerca de volver a integrar la comunidad de países libres y eso puede considerarse como la victoria más resonante de la Cumbre.

Randy Espinet es empresario y consultor de seguridad cibernética y de desarrollo de bienes raíces. Es igualmente un analista geopolítico con amplia experiencia internacional y un vasto conocimiento de idiomas

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