América Latina

Tácticas de Estados Unidos barrieron a las FARC en Colombia

“Hubo mucha emoción”, recordó William Scoggins, gerente del programa antinarcóticos en el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos. “No sabíamos el impacto que tendría, pero pensamos que cambiaría el juego”.

Seis semanas más tarde, bombas inteligentes mataron a Gustavo Rueda Díaz, alias Martín Caballero y líder del Frente 37, mientras hablaba por su teléfono celular. Las muertes de Acacio (Tomas Medina Caracas, alias “Negro Acacio”, el principal narcotraficante de las FARC y comandante del Frente 16, fue el primer individuo puesto en la lista para un ataque con una bomba inteligente. Murió el 1ro. de septiembre del 2007) y Caballero causaron que los frentes 16 y 37 colapsaran. También produjeron deserciones en masa, de acuerdo con un comunicado secreto del Departamento de Estado con fecha del 6 de marzo del 2008 y dado a conocer al público por WikiLeaks en el 2010. Este era sólo el comienzo de la desintegración de las FARC.

Para ocultar el uso de las PGM, y garantizar el máximo daño a los campamentos de los líderes de las FARC, la Fuerza Aérea y los asesores de Estados Unidos desarrollaron nuevas tácticas de ataque. En una misión típica, varios A-37 Dragonfly volaban a 20,000 pies de altura llevando bombas. Tan pronto como los aviones alcanzaban el área a tres millas de distancia del blanco, el software GPS de las bombas se encendía automáticamente.

Los Dragonfly eran seguidos por varios A-29 Super Tucanos que volaban a una altura mucho menor. Estos dejarían caer una serie de bombas menos poderosas en un lugar cercano. La explosión mataría a cualquiera en las cercanías y también arrasaría la densa jungla, disimulando el uso de las bombas inteligentes.

Entonces, un AC-47 de la época de Vietnam pasaría volando bajo, usando sus ametralladoras para atacar el área, “dándoles a los heridos que tratasen de encontrar refugio”, de acuerdo con uno de varios funcionarios militares que describieron el mismo escenario.

Sólo entonces, las fuerzas terrestres colombianas llegarían para tomar prisioneros, y recolectar teléfonos celulares, computadoras y discos duros, así como a los muertos. La CIA también estuvo tres años entrenando a equipos de apoyo aéreo cercano en cómo usar el láser para guiar a los pilotos y usar bombas inteligentes guiadas hasta sus objetivos.

Casi todas las operaciones dependían mucho de los interceptores de señales de la NSA, que les proporcionaban inteligencia a las tropas en tierra o a los pilotos antes y durante la operación. “Los interceptores cambiaron el juego”, dijo Scoggins, del Comando Sur de Estados Unidos.

La naturaleza permanente durante las 24 horas del trabajo de la NSA se capturó en un comunicado secreto del Departamento de Estado, hecho publico por WikiLeaks. En la primavera del 2009, el objetivo era el narcotraficante Daniel Rendón Herrera, conocido como Don Mario, y entonces la persona más buscada en Colombia y responsable de 3,000 asesinatos durante un período de 18 meses.

“Por siete días, con el uso de inteligencia humana y señales”, operativos de la NSA “trabajaron durante día y noche” para reposicionar a 250 comandos entrenados en Estados Unidos, moviéndolos cerca de Herrera mientras éste intentaba escapar, de acuerdo con un comunicado de abril del 2009 y a un alto funcionario del gobierno, quien confirmó el papel desempeñado por la NSA en la misión.

La CIA también entrenó a interrogadores colombianos para que fueran más efectivos con los miles de desertores de las FARC, sin el uso de técnicas de interrogación “optimizadas” que se aprobaron para el uso en miembros de Al Qaeda, que luego repudiara el Congreso y las calificara como abusivas. La agencia también creó bases de datos para dar seguimiento a los informes de las misiones, de modo que pudiesen ser buscados y comparados para lograr tener una imagen más precisa de la organización.

El gobierno colombiano pagó a los desertores y los dejó reintegrarse a la sociedad civil.

A cambio, algunos ofrecieron información valiosa sobre la cadena de mando de las FARC, las rutas estándar de viaje, sus campamentos, las líneas de suministro, y de sus recursos financieros y de drogas. Ayudaron interpretar los mensajes que interceptaba la NSA, que con frecuencia utilizaban palabras en clave. Los desertores también se usaron a veces para infiltrar a los campamentos de las FARC y para plantar micrófonos o señales que, emitidas a un GPS, se coordinaban para las bombas inteligentes.

“Aprendimos de la CIA”, dijo un alto funcionario colombiano de seguridad nacional sobre un programa de entrenamiento. “Antes, no le prestábamos mucha atención a los detalles”.

En febrero del 2008, el equipo colombo-estadounidense tuvo su primera observación de los tres rehenes norteamericanos. Tras cinco años de espera, la reacción fue rápida en las instalaciones centrales del Comando de Operaciones Especiales de EEUU en Tampa, cuando comenzaron a enviar comandos JSOC hacia allí, dijo un alto oficial estadounidense que estaba en Colombia cuando ellos llegaron.

El equipo JSOC estaba encabezado por un comandante del Equipo Seis de los Navy SEAL. Pequeñas unidades prepararon tres áreas de operación cerca de los rehenes y llevaron a cabo un reconocimiento de largo alcance, dijo el alto oficial. La NSA aumentó su supervisión. Todos los ojos estaban puestos en la remota localidad en la jungla. Pero mientras las preparaciones iniciales estaban en marcha, se calentaban las operaciones en otras partes.

Justo del otro lado del río Putumayo, una milla dentro de Ecuador, la inteligencia de EEUU y un informante colombiano confirmaron el escondite de Luis Edgar Devia Silva, también conocido como Raúl Reyes y considerado como el número 2 en el secretariado de siete miembros de las FARC.

Fue un complicado descubrimiento para Colombia y Estados Unidos. Llevar a cabo un ataque aéreo significaba que un piloto colombiano que volaba un avión colombiano atacaría el campamento usando una bomba fabricada en EEUU con un cerebro controlado por la CIA.

El coronel de la Fuerza Aérea tenía un mensaje suscinto del comandante colombiano de operaciones aéreas a cargo de la misión. “Le dije, ‘Mira, todos sabemos dónde está este tipo. No la fastidies’ ”.

Los abogados de seguridad nacional de EEUU vieron la operación como un acto de autodefensa. Después del 9/11, hicieron una nueva interpretación del uso permisible de la fuerza contra actores que no eran estados, como Al Qaeda y las FARC. Era algo así como: si un grupo terrorista operaba desde un país que era incapaz o poco dispuesto a detenerlo, entonces el país bajo ataque –en este caso, Colombia– tenía el derecho a defenderse a sí mismo con la fuerza, incluso si eso significaba entrar a otro país soberano.

Esa era la justificación legal para los ataques con drones de la CIA y otras operaciones letales en Paquistán, Yemen, Somalia y, mucho después, para la irrupción en Paquistán que dio muerte a Osama bin Laden.

Así que minutos después de la medianoche del primero de marzo, tres Dragonfly A-37 despegaron de Colombia, seguidos por cinco Super Tucanos. El sistema de guia de las bombas inteligentes se encendió una vez que los aviones estuvieron a tres millas de la ubicación de Reyes, quien, según informes noticiosos colombianos, dormía en pijamas.

Las fuerzas colombianas corrieron a través de la frontera con Ecuador para recuperar los restos de Reyes y también un gran tesoro de equipo de computación que podría ser el mayor hallazgo de inteligencia sobre las FARC jamás encontrado.

Como una señal de confianza, a comienzos del 2010 el gobierno de EEUU le dio a Colombia la clave de encriptamiento de los GPS. No hubo informes de mal uso, disparos fallidos o daño colateral de las bombas inteligentes. La transferencia se precedió con rápidas negociaciones sobre las reglas para entrar en combate de las bombas inteligentes. Entre las reglas estaba que sólo se deberían lanzar contra campamentos aislados en la jungla.

El presidente Santos, quien fue ministro de Defensa bajo Uribe, había incrementado mucho el ritmo de las operaciones contra las FARC. Casi tres veces el número de dirigentes de las FARC –47 contra 16– habían sido muertos bajo Santos comparado con Uribe. Entrevistas y análisis en sitios en internet del gobierno y reportajes de la prensa mostraban que al menos 23 de los ataques bajo Santos fueron en operaciones aéreas. Las bombas inteligentes se usaron sólo contra los más importantes dirigentes de las FARC, dijeron funcionarios colombianos en respuesta a preguntas. Las bombas de gravedad se usaron en los otros casos.

Al haber decimado a los principales dirigentes de las FARC y muchos de sus principales comandantes, los militares, con la continua ayuda de la CIA y otras agencias de inteligencia, parecen haberse abierto camino a través de los rangos de nivel medio, incluyendo comandantes de compañías móviles, los directivos más experimentados en combantes que quedaban. Una tercera parte de ellos habían sido muertos o capturados, de acuerdo con funcionarios colombianos.

La administración de Santos también se enfocó en las redes financieras y de armas que apoyaban a las FARC. Algunos críticos pensaron que el gobierno se había centrado en matar a los dirigentes, y no lo suficiente en el uso del ejército y la policía para ocupar y controlar el territorio rebelde.

Matar a un individuo nunca ha sido una medida de éxito en la guerra, dijeron expertos de contrainsurgencia. Lo que importa es el caos y la disfunción que genera matar al liderazgo. Las operaciones aéreas contra el liderazgo de las FARC “han puesto de cabeza a la organización”, dijo un alto funcionario del Pentágono que ha estudiado la historia secreta estadounidense de la guerra en Colombia.

Algunos han huido hacia Venezuela. Un miembro del secretariado se esconde de forma intermitente en Ecuador, de acuerdo con altos funcionarios colombianos, con lo que rompe el importante lazo psicológico con las tropas terrestres y afecta el reclutamiento.

Por temor a ser localizadas y convertirse en un efectivo, las unidades ya no duermen en el mismo lugar durante dos días consecutivos, así que los campamentos deben estar dispersos. “Ellos saben que el gobierno tiene ahora demasiada información sobre ellos, así como inteligencia en tiempo real”, dijo Germán Espejo, consejero de seguridad y defensa en la Embajada colombiana. Preocupado sobre los espías en medio de ellos, las ejecuciones son comunes.

Las FARC aún realizan ataques - un auto bomba contra una estación de la policía rural del 7 de diciembre mató a siete agentes y dos civiles –pero ya no viajan en grandes grupos y limitan la mayoría de sus unidades a menos de 20. Ya no son capaces de hacer ataques a gran escala, el grupo recurre a tácticas de golpear y huir al usar francotiradores y explosivos.

El agotamiento de 50 años de una vida de errar por la jungla ha afectado también al equipo de negociación de las FARC. Los que han vivido en el exilio parecen más dispuestos a continuar la lucha que los que la han hecho, dijeron funcionarios colombianos. Las negociaciones, dijo Santos en la entrevista, son el resultado de una exitosa campaña militar, “la cereza en el pastel”.

El 15 de diciembre, las FARC dijeron que comenzarían un alto el fuego unilateral de 30 días como una señal de buena voluntad durante la temporada de festividades. La administración de Santos rechazó el gesto y dijo que continuaría su campaña militar. Más tarde ese día, las fuerzas de seguridad dieron muerte a un guerrillero de las FARC implicado en un ataque con bomba a un ex ministro. Tres días después, el ejército mató a otros cinco.

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