América Latina

El último adiós a Pacheco, un gran pilar de la poesía

Amigos, familiares y admiradores se congregaron el lunes en el Colegio Nacional de México para el último adiós al poeta José Emilio Pacheco, fallecido de manera sorpresiva el domingo a los 74 años convertido en uno de los escritores más queridos y apreciados por los lectores.

En declaraciones a la prensa la escritora Elena Poniatowska dijo que con la partida de Pacheco “se pierde un pilar de la poesía en México”, de una poesía “que estaba ligada a la gente de la calle, a todos nosotros, pero también una poesía muy culta”.

En el Colegio Nacional, el lugar donde expresamente quiso la familia que el escritor recibiera un homenaje de cuerpo presente antes de ser incinerado, Poniatowska destacó que su amigo Pacheco “siempre estaba cerca de los problemas de México, hasta de los baches”.

Enfatizó también el “sentido del humor” de un poeta grande, que se granjeó el cariño de millones de lectores, sobre todo mexicanos, que le adoraban.

“La poesía no es de nadie, se hace entre todos”, llegó a decir Pacheco (Ciudad de México, 1939), quien en el 2009 fue galardonado con los Premios Cervantes de Literatura y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Interrogado en alguna ocasión sobre si temía a la muerte, fue categórico: “No le temo a la muerte, le temo a morir sin terminar un libro”.

Elegido en el 2002 como el mejor poeta vivo por los lectores de la revista Letras Libres, Pacheco, como casi siempre, ironizaba incluso con esa distinción: “No soy el mejor poeta de México, ni siquiera el de mi barrio porque vivo al lado de Juan Gelman”, aseguró entonces el autor de Las batallas en el desierto (1981).

En el acto y a petición de la familia el historiador Enrique Krauze leyó unas palabras en memoria de Pacheco, a quien consideró “uno de los más altos humanistas literarios en las últimas décadas en nuestro país y nuestra lengua”.

“Fue un niño triste y un viejo prematuro. Fue el fruto mejor de las generaciones literarias en México y al mismo tiempo el custodio de ese jardín armonioso que fue la literatura mexicana”, agregó.

La viuda del poeta, la periodista y escritora Cristina Pacheco, emocionada, se dijo a su vez “sorprendida, desconcertada” con la muerte de su pareja.

También explicó que José Emilio, “dejó muchísimo material” sin publicar, incluyendo las “notas de los Cuartetos” de T.S. Eliot, publicados en 1943.

Anticipó que sus restos van a ser incinerados, “como él quería”, y probablemente lanzados al mar.

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