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Primera dama de Nicaragua justifica la represión como 'obra de la fe de Dios'

El presidente de Nicaragua, Daniel Orteda, junto a su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, tras votar en los comicios del 2016 en Managua.
El presidente de Nicaragua, Daniel Orteda, junto a su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, tras votar en los comicios del 2016 en Managua. AP

El gobierno de Nicaragua calificó el lunes el hecho de retomar el control del noroeste del país, tras atacar las protestas civiles en la zona, como una “obra de la fe de Dios”, en una jornada en la que al menos cuatro personas murieron en medio de la crisis que ya ha dejado más de 218 muertos.

“Haber logrado esta mañana recuperar movilidad, seguridad, en la [carretera] Panamericana, estamos hablando de Nagarote, estamos hablando de La Paz Centro, dar lugar al tránsito y al tráfico internacional, un acontecimiento milagroso, obra de la fe en Dios”, dijo la vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, a través de medios gubernamentales.

Un estudiante nicaragüense que está de visita en Miami recuerda los enfrentamientos que vivió junto a otros universitarios en las calles de su país natal. “Vi como la bala le impactó”, dijo a el Nuevo Herald.

Las ciudades del noroeste de Nicaragua que sufrieron el ataque de las “fuerzas combinadas” del gobierno, integradas por policías, antimotines, “parapolicías”, paramilitares y grupos de choque oficialistas, fueron Nagarote y León.

Pobladores de los movimientos “19 de Abril” de ambas ciudades afirmaron que las “fuerzas combinadas” no atacaron los tranques (bloqueos de carreteras) en la Panamericana, sino que entraron directamente a los barrios.

Nagarote reportó cuatro heridos en el ataque, uno de ellos grave, así como el fallecimiento de la suboficial mayor de la Policía Nacional, Zayra Julissa López.

Otrora un baluarte sandinista, Masaya se ha transformado en el centro de la revuelta política contra el gobierno del presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Imágenes de la población de ambas ciudades publicadas en redes sociales muestran que los operativos se dieron en el interior de los barrios, donde la población había construido barricadas, con el objetivo de evitar el ingreso de las “fuerzas combinadas”.

“Es difícil creer que nos impidan o nos quieran impedir, solo cuando uno es muy malvado, perverso, es que puede entenderse que cierren el tránsito, que las personas no puedan ir ni a los templos, ni a las iglesias, falta de espíritu, y falta sobre todo, de fe”, increpó Murillo.

El discurso de la también primera dama nuevamente contrastó con el reclamo de los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que le han solicitado expresamente al gobierno que detenga los ataques a la población, para evitar las muertes.

De la misma manera la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha responsabilizado al gobierno de Nicaragua de graves violaciones a los derechos humanos, entre ellos “a la vida, integridad personal, salud, libertad personal, reunión, libertad de expresión y acceso a la justicia”, incluyendo una posible práctica de “ejecuciones extrajudiciales”.

Nicaragua lleva más de dos meses envuelta en la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, con Daniel Ortega también como presidente.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años consecutivos en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.

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