América Latina

Cuando los maestros venezolanos abandonan las aulas, los padres se ven obligados a enseñar

A Evelyn Guzmán le pidieron que enseñara Españo y Literatura en la escuela venezolana a la que asiste su hija, quien tiene necesidades especiales. Los maestros se están marchando de las escuelas porque les pagan tan poco que no merece la pena ir a trabajar.
A Evelyn Guzmán le pidieron que enseñara Españo y Literatura en la escuela venezolana a la que asiste su hija, quien tiene necesidades especiales. Los maestros se están marchando de las escuelas porque les pagan tan poco que no merece la pena ir a trabajar. Especial para el Miami Herald

Moraima de Ramírez comenzó a enseñar Matemáticas y Física hace unos meses en una escuela de los Adventistas del Séptimo Día en las afueras de Caracas, llamada Instituto Adventista Alejandro Oropeza Castillo. La mujer lo pensó dos veces antes de aceptar el puesto, por una buena razón.

"Porque yo no soy maestra”, explicó.

Ramírez estudiaba Ingeniería, pero cuando los problemas económicos y sociales de Venezuela empeoraron, su escuela cerró. Así que comenzó a trabaja en lo que fuera, “en cosas de belleza, vendedora, lo que pudiera encontrar. Entonces el director de la escuela, a la que asiste mi hija, me preguntó si podía llenar la plaza que había dejado el maestro de Matemáticas y Física. A mi esposo le pidieron que enseñara Química”.

En la Venezuela de hoy, donde la hiperinflación ha devaluado la moneda tanto que trabajar como maestro puede costar más de lo que ofrece el sueldo, algunos padres han decidido encargarse del asunto y están llenando las plazas dejadas por maestros para asegurar la educación de sus hijos.

Ramírez y su esposo reciben el mismo salario que los maestros que se marcharon: 200,000 bolívares por hora, equivalentes a seis centavos y medio de dólar. Un maestro a tiempo completo gana aproximadamente el equivalente a $6.50 mensuales.

Sp_IH7A4933.jpg
Moraima de Ramírez, quien enseña Matemáticas y Física en el Instituto Alejandro Oropeza Castillo, una escuela en Guarenas, lo pensó dos veces antes de aceptar la plaza. “Es duro”, dijo. Ella quisiera que maestros de verdad llenaran las plazas. Su esposo, quien tampoco es maestro de profesión, enseña Química en la escuela. Belinda Soncini Especial para el Miami Herald

Aunque en Venezuela es imposible conseguir las cifras de cuántos maestros han abandonado la profesión, algunas organizaciones han hecho cálculos. Se Educa, un grupo sin fines de lucro, calculó que en los primeros cinco meses del 2018, el 12 por ciento de los maestros de todo el país han dejado las aulas. Otro grupo, la Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados, dice que 30 por ciento de los maestros no han acudido a las clases este año, mientras que la Asociación de Maestros de Venezuela coloca la cifra en 20 por ciento.

“Ni siquiera sabemos cuántas escuelas están abiertas en Venezuela, cuántas están funcionando”, dijo Tomás Páez, sociólogo de la Universidad Central de Venezuela y autor del libro La voz de la diáspora venezolana. “Algunos de esos maestros ni siquiera se han marchado del país, sencillamente se han dedicado a otra cosa”.

A pesar de la dificultad en conseguir información fiable, hay algo claro, dijo: “Los maestros se van porque gastan más dinero en transporte y comida que lo que reciben de salario del Ministerio de Educación”.

Sp_IH7A4931.jpg
Evelyn Guzmán (izq) y Nohiralys Sánchez hablan sobre el papel de los padres a quienes le han pedido ayuda para ayudar a sus hijos a graduarse. Belinda Soncini Especial para el Miami Herald

Nohiralys Sánchez, administradora del Instituto Alejandro Oropeza Castillo, y ahora también maestra, dijo que el salario de los maestros lo fija el gobierno. “Lamentablemente, no podemos mantener a nuestros maestros lo suficiente para que sigan trabajando”, dijo.

Sánchez está sentada en su escritorio en la oficina de la administración. Una puerta lleva a un pasillo y los alumnos llegan a pedir ayuda. Esta vez lo que quieren es agua. En Caracas ya falta hasta el agua potable.

“Maestra, ¿me puede dar agua, por favor?”, le preguntó David Chirinos, de 13 años. “Tengo la garganta seca. El bebedero no tiene agua".

Sp_IH7A4947.jpg
Alejandro Figueroa no encuentra agua en los bebederos del Instituto Adventista Alejandro Oropeza Castillo, Los alumnos tienen que traer su propia agua todos los días. A la falta de agua se suma el fuerte calor del verano. Belinda Soncini Especial para el Miami Herald

Era un caluroso día de junio y el acondicionador de aire tampoco funcionaba. Sánchez corrió a buscar la botella de agua que tiene en su oficina.

“Yo adoro esta escuela”, dijo. "Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por la escuela y los alumnos”.

La mujer comenzó a impartir clases este año. "Cuando la maestra de segundo grado de mi hija se fue, me pidieron que enseñara por las mañanas. Tuve que hacerlo. Nuestra escuela no podía encontrar a nadie que enseñara”.

Sp_IH7A4906.jpg
Los alumnos aducen a la oficina de Nohiralys Sánchez en busca de soluciones a los problemas de la escuela. Belinda Soncini Especial para el Miami Herald

Enfrentada a tantas plazas vacías y ningún maestro dispuesto a llenarlas, la escuela temió por el futuro de los alumnos. La única solución fue pedir a los padres que comenzaran a enseñar, o de lo contrario había que cerrar la escuela. Así que pidieron a ciertos padres con conocimientos de determinada materia que dieran un paso al frente.

“Cuando los alumnos empezaron a llegar a clase y los maestros ni se aparecían, expresamos nuestra gran preocupación al Ministerio de Educación, pero la respuesta fue que es un problema nacional y nos autorizaron a emplear a los padres, sin importar que no fueran maestros. Nos felicitaron porque éramos una de pocas escuelas en que los maestros 'al menos renunciaron'. La mayor parte de las veces, sencillamente no vienen más a trabajar”, dijo Sánchez. “Esa es la triste realidad. Eso me preocupa. Quiero ayudar a mi escuela pero me preocupa la situación del país. Los niños necesitan buenos maestros”.

Ramírez, la madre que ahora es la nueva maestra de Matemáticas y Física, quisiera que las plazas las llenaran maestros de verdad. Pero no ve otra solución que ayudar. “Quiero que mi hija se gradúe de esta escuela. Pero también quiero que tenga buenos maestros. Pero esa no es una opción porque todos se están marchando del país”.

Sp_IMG_0849.jpg
Nohiralys Sánchez, administradora y maestra en el Instituto Adventista Alejandro Oropeza Castillo, en Guarenas, Venezuela, trabaja en su oficina. Sánchez tiene muchos deberes, incluido enseñar a los alumnos de segundo grado desde que el maestro que había se marchó del país. Belinda Soncini Especial para el Miami Herald

Un día reciente en su aula, los alumnos estaban de receso. Algunos jugaban cargas, otros conversaban. Roxelys Sánchez y Paola Madera, alumnas de último año de secundaria, están entre los que piensan que no están aprendiendo en las clases y han perdido la motivación.

“Los maestros no son de verdad”, dijo Roxelys. “¿Cómo podemos interesarnos en lo que el maestro puede decir cuando sabemos que tenemos que aprender nosotras mismas?”

“Si nos graduamos”, agregó Paola, “vamos a estar en desventaja con los que han tenido maestros de verdad, y muchos de nosotros queremos ser ingenieros nucleares o mecánicos”.

“Necesitamos maestros de verdad”, dijo Roxelys. “Muchos de nosotros queremos irnos a otro país para asistir a una universidad de verdad. Aquí no hay futuro”.

Otro alumno, Alejandro Figueroa, se quejó de que el entorno dificulta el aprendizaje. “No puedo soportar en la clase el olor de los baños que entra por la ventana. Como no hay agua, los inodoros no funcionan y todo huele a cloaca. Además, hay mucho calor y los bebederos no tienen agua. En mi casa también hay problemas con el agua”, dijo.

Aunque algunos alumnos no quieren venir más a la escuela, Alejandro sí. “Tengo que terminar la escuela secundaria porque quiero ser ingeniero marítimo”, dijo.

En otra aula, Evelyn Guzmán, madre de un alumno con necesidades especiales, se prepara para enseñar Español y Literatura. “Yo no soy maestra”, reconoció. “Me pidieron que enseñara Matemáticas cuando el profesor se fue. Me gustan las Matemáticas, y no podía decir que no porque es la escuela de mi hijo. Yo adoro esta escuela y quiero que los estudiantes se gradúen, así voy a hacer mi mejor esfuerzo".

Sánchez —la administradora-maestra— se preocupa por la falta nacional de maestros cuando escucha a los alumnos hablar. Incluso los que están a punto de graduarse dicen que ni quieren venir más a la escuela.

“Están desmotivados”, dijo Sánchez. “Algunos padres ya se han marchado del país. Este éxodo no solamente s de maestros. Dedicamos mucho tiempo a tratar de motivar [a los alumnos] para que no dejen la escuela”.

Belinda Soncini es una fotoperiodista y documentalista venezolana. Puede ser contactada en belindasoncini@yahoo.com

  Comentarios