América Latina

Miles de nicaragüenses desafían el miedo y marchan contra Ortega

Cientos de personas marchan durante una protesta por las calles del barrio de Monimbó de la ciudad de Masaya.
Cientos de personas marchan durante una protesta por las calles del barrio de Monimbó de la ciudad de Masaya. EFE

Con flores y banderas, desafiando el temor, miles de nicaragüenses marcharon el sábado en Managua y otras ciudades para exigir la renuncia del gobernante Daniel Ortega y justicia por la veintena de menores entre más de 220 muertos en dos meses y medio de represión.

La llamada “Marcha de las Flores” fue la primera desde la multitudinaria manifestación el 30 de mayo en el Día de la Madre, en solidaridad por los hijos muertos, atacada a balazos por policías y paramilitares, con saldo de 18 fallecidos.

“Estoy aquí porque quiero ver a mi Nicaragua libre. Duele que hayan muerto niños como yo, pero hay que seguir en lucha para que salga este dictador”, dijo un estudiante de 15 años, con pasamontañas. En una mano llevaba una bandera nicaragüense, en la otra un lanza-mortero.

En otras ciudades, como León y Masaya -la segunda y tercera en importancia del país, respectivamente-, también se realizaban marchas convocadas por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que aglutina a la sociedad civil.

Entre las muertes de menores que han conmocionado al país están la de un bebé de cinco meses, calcinado en el incendio a su casa, y otro de un año por un disparo en la cabeza en una calle de Managua, ambos casos atribuidos por sus familias a fuerzas del gobierno.

Sentada en una silla de ruedas, Luz Marina, de 78 años, dijo haber ido a la marcha para “acompañar a las madres que han perdido a sus niños”. “Tengo hijos y nietos y me duele pensar que pueda pasarles algo. Por esto estoy aquí”.

En momentos que comenzaba la marcha, a poca distancia, hombres armados dispararon contra una barricada en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en el suroeste de Managua. Un estudiante resultó herido, dijo otro de sus compañeros.

En León, una madre velaba a su hijo de 24 años acribillado con ocho balazos en una barricada montada por los manifestantes.

Los manifestantes exigen la renuncia de Ortega, ex guerrillero izquierdista de 72 años que llegó al poder con la insurrección popular que derrotó al dictador Anastasio Somoza en 1979, y volvió al gobierno por las urnas en el 2007.

Lo acusan de instaurar, junto a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, el nepotismo, una dictadura y desatar una brutal represión.

“He marchado siempre, y hoy más que por nuestros muertos, por los niños. Me duelen los asesinatos de Ortega y la Rosario. Estuve en 1979 contra Somoza y ahora contra la nueva dictadura”, aseguró Cecila Cruz, de 67 años.

La marcha, apoyada por el poderoso gremio empresarial -antes aliado de Ortega-, había sido suspendida hace una semana por la violenta incursión de antimotines, parapolicías y paramilitares en varias zonas del país.

La Alianza Cívica reprogramó la manifestación aprovechando que están en Nicaragua expertos de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“El derecho a manifestarse constituye un elemento fundamental a la libertad de expresión, el derecho a la reunión y a la participación democrática”, escribió en Twitter la CIDH.

Las comisiones de la CIDH y del ACNUDH llegaron al país ante el agravamiento de la represión, y se han reunido con delegados del gobierno y de la Alianza, y con las víctimas de la violencia.

Los dos grupos de derechos humanos locales que llevan registro de víctimas difieren en su balance: uno reporta 285 muertes y el otro más de 220.

“Nos quieren callar con balas. Estamos denunciando la masacre contra el pueblo de Nicaragua que ha hecho este gobierno genocida. ¡Qué se vaya!”, declaró Carmen Martínez, abogada de 64 años, vestida de blanco y azul y con flores rojas en las manos.

Con la mediación de la Iglesia católica, el gobierno y la Alianza reanudaron el lunes un diálogo, pero se estancó porque Ortega, cuyo tercer mandato consecutivo acaba en enero del 2022, aún no responde a la propuesta de adelanto de las elecciones del 2021 a marzo del 2019.

La Iglesia piensa convocar a una plenaria del diálogo el martes.

El gobierno de Ortega califica las protestas y la exigencia de la renuncia de Ortega como una “intentona golpista” apoyada por Estados Unidos y acusa a los manifestantes de “delincuentes” y “pandilleros”.

En los últimos días, violentas operaciones de las fuerzas combinadas del gobierno desmontaron varias de las cientos de barricadas que construyeron los pobladores con adoquines para protegerse e impedir el paso de camionetas cargadas de policías, parapolicías y paramilitares.

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