América Latina

“No es el Arca de Noé, es el Titanic”: alarma por muerte de animales en zoo de Buenos Aires

Ciro juega con su mamá Shaki en el Ecoparque de Buenos Aires en julio del 2016. Shaki comenzó a mostrar señales de lo que parecía un dolor abdominal alrededor de las 9 de la mañana del 24 de julio. Seis horas más tarde, la jirafa estaba muerta.
Ciro juega con su mamá Shaki en el Ecoparque de Buenos Aires en julio del 2016. Shaki comenzó a mostrar señales de lo que parecía un dolor abdominal alrededor de las 9 de la mañana del 24 de julio. Seis horas más tarde, la jirafa estaba muerta. AP

Shaki tenía 18 años cuando falleció – demasiado joven dadas las expectativas de vida para una jirafa. La rinoceronte Ruth se estaba recuperando de una infección hasta que sufrió una caída, quedó varada por horas en el lodo y murió.

Los recientes decesos han avivado las acusaciones de conservacionistas de que el intento del gobierno de Buenos Aires por convertir un zoológico de 140 años en un “Ecoparque” y mudar a la mayoría de sus 1,500 animales a santuarios ha sido un desastre mal planificado.

Una coalición de más de una docena de grupos ambientalistas y veterinarios emitió una carta denunciando un “estado de abandono” en el lugar, donde unos 200 animales han muerto desde el 2016. Y más recientemente, un ex director del zoológico presentó una demanda exigiendo una investigación por las muertes de Shaki y Ruth, argumentando que la falta de recursos y el estrés ocasionado por una construcción cercana contribuyeron a sus decesos.

“No es el arca de Noe, es más bien un buque que se parece al Titanic”, dijo Claudio Bertonatti, ex director del zoológico de Buenos Aires y asesor de la Fundación Azara, una organización no gubernamental. “Hoy nos hemos chocado contra ese iceberg”.

El zoológico se inauguró en 1875 en lo que era entonces un terreno tranquilo en las afueras de Buenos Aires. Llegó a ser un sitio favorito del novelista argentino Jorge Luis Borges, quien, fascinado por los tigres, escribió sobre ellos en sus libros. Pero con el crecimiento de la megalópolis, se vio rodeado de avenidas atestadas de autobuses tocando bocinas y autos chirriando cerca de los recintos de animales, donde hace poco un león solitario pasaba el tiempo persiguiendo su cola en círculos.

Los anticuados recintos fueron considerados crueles bajo los estándares modernos, al igual que el ruidoso ambiente y la contaminación. Y la presión de los grupos defensores de los derechos de los animales para cerrar el zoológico aumentó.

Cautiverio degradante

“Hay una situación de cautiverio que es degradante para los animales. No es la manera de cuidarlos”, dijo el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, cuando anunció el cierre del zoológico en el 2016.

La gran tarea ha sido conseguirle un nuevo hogar a los animales, cientos de los cuales aún están tras las rejas en el sitio, en un ruidoso limbo.

Los constructores del Ecoparque, como ahora se llama el sitio, dicen que se han hecho mejoras a los recintos y que el terreno de 18 hectáreas (45 acres) ha estado cerrado al público, reduciendo así el estrés en los animales. Hasta ahora unos 432 han sido mudados, incluyendo dos osos pardos a The Wild Animal Sanctuary, en Colorado, tres caimanes al Noah’s Ark Animal Sanctuary, en Georgia, y una iguana de Fiji al Zoológico de San Diego.

Las autoridades municipales reconocen que el proceso de cierre del zoológico ha sido más difícil de lo que originalmente pensaron. Las leyes tuvieron que ser promulgadas para establecer normas y autorizar los traslados. Los expertos temían que muchos animales estaban tan acostumbrados al zoológico que morirían si se mudaban incluso a reservas de animales salvajes. Otros animales no fueron trasladados debido a dificultades de logística: eran demasiado grandes o demasiado altos como para viajar.

Los dolores de Shaki

Tal fue el caso de las jirafas Shaki, su compañero Buddy y su crío Ciro. Nada, sin embargo, indicaba que Shaki estaba en riesgo de morir. Las jirafas silvestres viven unos 25 años.

“La verdad es que era una hembra adulta, pero que tenía muchos años por delante”, dijo Guillermo Wiemayer, un veterinario que ha trabajado en lo que era el antiguo zoológico y ahora Ecoparque por más de una década.

Shaki comenzó a mostrar señales de lo que parecía un dolor abdominal alrededor de las 9 de la mañana del 24 de julio. Seis horas más tarde, la jirafa estaba muerta. La autopsia halló una úlcera en la pared de su estómago que por último llevó a una peritonitis.

Ocurrió tan solo 10 días después de que Ruth murió por una infección en la vulva que se le propagó. Wiemayer dijo que la rinoceronte respiraba con dificultad y tenía diarrea, y que presentaba algunos “rasguños” tras haber sido atacada por otro rinoceronte. Pero en general su condición había mejorado.

Entonces el recinto se inundó y Ruth resbaló y quedó atrapada en el barro. Por más de seis horas sus cuidadores hicieron intentos desesperados por rescatarla, usando vehículos todoterreno y otras maquinarias. Pero para el momento en que lograron sacarla, Ruth estaba demasiado débil.

Wiemayer negó que las muertes de los animales estén relacionadas con cambios en su alimentación o al estrés por la construcción cercana, pues la obra había terminado meses antes.

“Mientras que estén a nuestro cuidado, les queremos dar la mejor calidad de vida”, dijo cerca de Ciro, mientras la joven jirafa huérfana sacaba su larga lengua gris durante la hora de la comida. “Pero lamentablemente sabemos que convivimos con la vida y la muerte”.

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