América Latina

Perú vota en crucial referendo con tres décadas de corrupción sobre sus espaldas

Miami Herald.

Uno está tratando de huir del país, el otro acaba de salir de la cárcel y un tercero está en la calle. Pero todos tienen una cosa en común: fueron presidentes peruanos.

La nación sudamericana se dirige a las urnas el domingo para votar en un referéndum constitucional que se considera una reacción a las acusaciones de corrupción que han diezmado a la clase gobernante en el país. Cuatro de los últimos cinco presidentes peruanos están siendo investigados por aceptar sobornos del gigante brasileño de la construcción Odebrecht o de otras firmas, algo que ha puesto un manto de ignominia sobre algunos de los políticos más poderosos del país y sus partidos, que alguna vez fueron indomables.

Todos los ex presidentes de los últimos 30 años, desde Alan García en el año1985 hasta ahora. Todos están comprometidos de una u otro manera”, dijo Fernando Tuesta, jefe del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Perú.

En el referéndum de cuatro partes del domingo, se les pedirá a los votantes que modifiquen la forma en que se designa a los jueces y los fiscales, que endurezcan las leyes de financiamiento de campaña -que incluye convertir en un delito penal su violación- y prohibir la reelección inmediata de los miembros del Congreso. Se espera que falle una propuesta para convertir el Congreso unicameral de Perú en un cuerpo bicameral, en parte porque ya la gente no tolera más políticos.

Aunque el referéndum no contiene la palabra “corrupción”, no hay duda de que así lo ven los peruanos. Un sondeo realizado en noviembre por la firma encuestadora IPSOS halló que el 58 por ciento dijo que el objetivo del referéndum era “luchar contra la corrupción”. Solo el 19 por ciento lo vio como una forma de “reformar la política”.

“Este es el peor momento en los últimos años para la clase política de Perú”, dijo el director de IPSOS, Guillermo Loli. “El referéndum es visto como una expresión del rechazo y protesta contra este problema”.

Por más de un año, el escándalo de corrupción en el Perú ha sido casi constante, y la galería de los ex presidentes corruptos ha crecido.

▪ Pedro Pablo Kuczysnki, quien asumió el cargo en el 2016, renunció en marzo en medio de una avalancha de escándalos de corrupción. En diciembre del 2017, el ex banquero de Wall Street estuvo a punto de ser acusado después de que saliera a la luz que había recibido pagos de Odebrecht durante o poco después de haber sido primer ministro para Alejandro Toledo. Tres días después de la votación, en la víspera de Navidad, perdonó al ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), que había cumplido ocho años de una condena de 25 años por violaciones de los derechos humanos, incluidos asesinatos y secuestros. Los opositores de Kuczynski vieron el perdón como un soborno encubierto con la facción en el Congreso de Fuerza Popular liderado entonces por el hijo de Fujimori, Kenji Fujimori, que impidió su juicio político. Kuczynski está actualmente bajo investigación.

▪ Ollanta Humala (2011-2016) y la primera dama Nadine Heredia salieron de la cárcel en abril, pero aún enfrentan cargos por aceptar donaciones de campañas ilícitas de Brasil y Venezuela durante las elecciones presidenciales del 2006 y 2011. También enfrentan cargos de lavado de dinero.

▪ Alejandro Toledo (2001-2006) está en Estados Unidos luchando la extradición al Perú, donde enfrenta cargos por aceptar sobornos de Odebrecht por $20 millones. El actual presidente, Martín Vizcarra, ha dicho que uno de sus objetivos es asegurarse de que Toledo se presente ante la justicia.

▪ Alan García, quien gobernó entre 1985-1990 y nuevamente entre 2006-2011, está defendiéndose de las acusaciones de que aceptó sobornos de Odebrecht con la excusa de que fueron honorarios de oratoria. García, desafiante, primero dijo que defendería su inocencia, instando a los tribunales con “demuéstrenlo, pues, imbéciles”, pero luego buscó asilo en la residencia del embajador uruguayo. El lunes, Uruguay rechazó su solicitud de asilo diciendo que no veía indicios de que fuera víctima de persecución política. Los expertos legales dicen que su intento de escapar de la ciudad aumenta la probabilidad de que vaya a la cárcel a medida que avanza la investigación.

▪ Como si cuatro presidentes no fueran suficientes, Keiko Fujimori, una poderosa congresista, la subcampeona en la campaña presidencial del 2016 y la hija del ex presidente Alberto Fujimori, fue encarcelada el mes pasado por 36 meses a la espera de una investigación sobre las denuncias de que Odebrecht y otros hicieron contribuciones ilegales de campaña a su campaña presidencial.

▪ Y hay más. Varios jueces de la Corte Suprema, abogados y empleados de la corte han sido acusados de tráfico de influencias y de llevar a cabo un plan de soborno para resolver fallos judiciales, algo que también amenaza con derrocar al fiscal general.

Todo ese mal comportamiento político les ha dado a los peruanos sed de venganza, dijo José Carlos Requena, analista político y columnista de Lima. Aunque algunos se preguntan si es demasiado llevar a Keiko Fujimori, de 43 años y madre de dos hijos, a la cárcel durante tres años hasta que se realice la investigación, no hay muchos deseos de misericordia.

Requena estaba en un restaurante cuando se filtraron las noticias de que Fujimori iba a ir a la cárcel y “la sala irrumpió en aplausos”, recuerda.

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Juanca Guzman Negrini. AP.


“El tema de corrupción está a flor de piel, y la gente puede estar dispuesta a aceptar excesos en aras de combatir la corrupción” dijo.

La única figura que se ha escapado de la reacción violenta es Vizcarra, el “presidente accidental”, que asumió el cargo en marzo tras la renuncia de Kuczynski. La encuesta IPSOS del mes pasado encontró que Vizcarra tiene índices de aprobación del 65 por ciento, más altos que cualquier otro ministro o figura política en el país.

Que un funcionario no elegido sea ahora el político más estimado del país es una mancha en la democracia de Perú, dijo Requena.

“Un político capaz de ganar la presidencia podría ser el candidato más popular, pero no siempre es el más honrado o capacitado…a eso le agregas el financiamiento de las campañas, la cual es una caja negra sin controles adecuados…y terminamos viendo lo que estamos viendo”.

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