América Latina

Elecciones históricas tras 12 años de kirchnerismo

Un desamparado se sienta el viernes en Buenos Aires detrás del cartel político del candidato presidencial Daniel Scioli.
Un desamparado se sienta el viernes en Buenos Aires detrás del cartel político del candidato presidencial Daniel Scioli. AP

Argentina se prepara para elegir presidente en los octavos comicios desde el regreso de la democracia y tras 12 años ininterrumpidos de kirchnerismo, el proyecto político encabezado primero por el fallecido Néstor Kirchner, y continuado por su esposa, Cristina Fernández. La gran duda que comparten dirigentes, analistas y votantes es si por primera vez habrá o no segunda vuelta en una elección general.

Según las principales encuestadoras, la intención de voto casi no ha variado desde los comicios primarios del 9 de agosto. El candidato oficialista Daniel Scioli, que entonces obtuvo cerca del 38 por ciento, continúa siendo el favorito. Ex vicepresidente de Néstor Kirchner y actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, sin embargo, no triunfaría en primera vuelta de mantenerse ese porcentaje.

Para ser presidente en Argentina, es preciso obtener el 45 por ciento más uno del total de votos, o superar la barrera de los 40 puntos porcentuales y tener una diferencia de 10 sobre el segundo.

Scioli ha intentado concentrar el voto de los seguidores de Cristina Fernández, una figura polarizante que tras ocho años de gobierno mantiene altos índices tanto de aceptación como de rechazo, y seducir a los votantes independientes.

En el segundo lugar se ubica Mauricio Macri, alcalde de la Ciudad de Buenos Aires que, en alianza con la centenaria Unión Cívica Radical y otros partidos más pequeños, fundó la coalición Cambiemos y obtuvo el 31 por ciento en las primarias. Empresario, hijo de un histórico contratista del Estado, ex presidente del popular club de fútbol Boca Juniors y asociado al liberalismo económico y la derecha, Macri pretende cautivar a una nueva mayoría con un discurso que, en los últimos meses, viró hacia el centro.

En efecto, sus ejes de campaña, que solían enfocarse en la apertura económica y el levantamiento de las restricciones al dólar, ahora apuntan a combatir la pobreza, el narcotráfico y “unir a los argentinos”. Además, ha prometido la continuidad de políticas sociales del kirchnerismo a las que solía oponerse, como los subsidios para desocupados y la estatización de la aerolínea de bandera, la petrolera nacional y las jubilaciones.

Sergio Massa, ex jefe de gabinete de Cristina Fernández en el 2009 y aliado de Macri en las elecciones legislativas del 2013, es el tercero en discordia. De origen peronista y al frente de Una nueva alternativa (UNA), ha resistido los pronósticos de polarización que lo dejaban fuera de la pelea luego de que Macri rechazara sumarlo a una gran interna opositora.

Su caudal de votos, que ronda el 20 por ciento, ha sido vital para dificultarle a Scioli los números necesarios para ganar en primera vuelta, y también para menguar las posibilidades de Macri. Más joven que sus rivales (tiene 43 años), propone “el cambio justo”, y en las últimas semanas radicalizó su discurso con consignas duras respecto de la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad.

Otros tres candidatos completan el panorama: la socialdemócrata Margarita Stolbizer (3.5 por ciento en las primarias), el trotskista Nicolás del Caño (3.3) y el también peronista Adolfo Rodríguez Saá (2.1). En un escenario en el que cada punto vale, sus votos se han convertido en un verdadero botín político. Por eso las campañas de los dos principales candidatos han intensificado los llamados a evitar la dispersión electoral mediante el “voto útil”.

Además de la incógnita acerca de si habrá o no segunda vuelta, el otro interrogante es cuál será el papel de Cristina Fernández una vez que deje el poder el 10 de diciembre. La oposición asegura que, de resultar elegido, Scioli básicamente gobernará en su nombre durante su período presidencial. Esta sospecha se intensifica con la fórmula que completa su candidatura: el eventual vicepresidente Carlos Zannini proviene, a diferencia de Scioli, del rincón más duro del kirchnerismo.

Ninguno de los candidatos tiene el estilo personalista ni el poder de oratoria de Cristina Fernández. Scioli, que en 1989 perdió su brazo derecho en un accidente motonáutico, sustituye su bajo carisma político con un discurso de autosuperación y, al igual que su partido, evita hablar de los altos índices inflacionarios (que superan el 25 por ciento) y de la poca transparencia en las estadísticas públicas. Presentado como el “candidato de la continuidad”, muchos de sus votantes, incluidos los del proyecto intelectual oficialista “Carta Abierta”, han admitido que votarán por él a regañadientes. Su tono es más conciliador que el de Fernández de Kirchner, pero cuando se realizó el primer debate presidencial de la historia argentina el pasado 4 de octubre, Scioli optó por no participar luego de comprobar que su ausencia no tendría efecto alguno en su caudal de votos.

Con el sistema electoral más arcaico de la región, con boletas de siete cuerpos –se eligen diputaciones provinciales, nacionales, regionales y municipales, además de gobernaciones– y la sospechas de fraude que agita la oposición, es probable que los resultados de los comicios estén cerca de la medianoche. Lo que es seguro es que, gane quien gane, tras 12 años ya no habrá un kirchnerista en el poder.

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