América Latina

En la encrucijada de la desigualdad

Una mujer cargando un bulto pasa frente a un letrero de apoyo a Evo Morales, en La Paz, Bolivia.
Una mujer cargando un bulto pasa frente a un letrero de apoyo a Evo Morales, en La Paz, Bolivia. AP

El éxodo masivo para salir de la pobreza registrado en la última generación, transformó a América Latina, la región más desigual del mundo, impulsada por innovadores programas sociales que ahora enfrentan un futuro incierto.

La base de la pirámide social latinoamericana fue puesta de cabeza en los últimos años, favorecida por una “década dorada” de crecimiento económico de los 2000 y un nuevo tipo de programas sociales, los llamados “beneficios condicionados” (BC), que pagan una asignación a familias pobres que se comprometen a enviar a sus hijos a la escuela y buscar asistencia médica.

En una región donde durante décadas casi la mitad de la población vivía en la pobreza (menos de $4 diarios), el total cayó a 24 por ciento y la clase media ($10 a $50 diarios), creció mientras tanto de 20 por ciento a 34 por ciento, según el Banco Mundial (BM).

Pero ahora, el fin del boom económico alimenta dudas sobre el futuro de los programas sociales locales, que extendieron su alcance.

Iniciados en los 90, los BC, trajeron un simple pero “revolucionario” cambio en las políticas sociales de la región, según Ana De La O, politóloga de la Universidad de Yale, que acaba de finalizar un libro sobre estos programas.

Los BC aportan a las familias pobres brasileñas una pequeña asignación de $28 mensuales en el marco del programa “Bolsa Familia”, si cumplen con los requerimientos de enviar a sus niños a la escuela y a exámenes médicos, alimentándolos con comida nutritiva.

La idea es romper el ciclo de pobreza, ayudando a la actual generación, al tiempo que se invierte en la próxima.

Estos programas han dado una serie de resultados promisorios en cuanto a matrícula escolar, nutrición infantil, vacunación y principalmente abatimiento de la pobreza: según informes de Naciones Unidas, 56 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza entre 2000 y 2012, al menos en parte gracias a ellos.

Pero ahora, estos programas han sido adoptados en 17 países de la región y el Caribe, aunque los dirigentes políticos discrepan sobre cual de ellos los inició.

Su éxito está cambiando la manera en que los gobiernos enfrentan la pobreza en el mundo. Los BC han sido implantados también en África, Asia e incluso en la ciudad de Nueva York.

Pero con el fin de los altos precios de las materias primas que alimentó el boom latinoamericano durante años, el crecimiento económico de la región superaría apenas 1 por ciento en 2014. En 2015, se prevé un crecimiento de 2.2 por ciento.

La desaceleración podría hacer más difícil que los BC alcancen la segunda y crucial etapa: equilibrar cantidad con calidad.

Con millones adicionales de niños pobres recibidos en escuelas y clínicas a lo largo del continente, los problemas de la educación pública y de los sistemas de salud se han hecho evidentes.

“El próximo gran desafío es que esos programas no pueden por sí mismos terminar con la pobreza”, dijo De La O a la AFP. “Necesitan que los gobiernos inviertan en la otra mitad de la ecuación”.

Mientras los BC han impulsado la matriculación escolar a niveles sin precedentes, las pruebas muestran solamente resultados “muy relativos”, según Maria Steta Gandara, experta en políticas sociales del Banco Mundial.

“Ya tuvimos todos los mayores impactos que podíamos tener. Ahora sortear las brechas será mucho más difícil”, dijo Gandara a la AFP.

Con la primera generación de beneficiarios que se integran al mercado laboral ahora, los BC, conocidos por su sofisticado manejo de los números, deben lograr también otro resultado clave: mostrar que también contribuyen a que la próxima generación se mantenga fuera de la pobreza.

“El jurado delibera”, dice Nora Lustig, profesora de economía latinoamericana en la universidad Tulane de Nueva Orleans.

La buena noticia para la América Latina post-boom es que los BC son relativamente baratos: cuestan entre 1 y 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

La mala es que la otra parte de la ecuación se hace más cara.

“Ahora que tenemos más población fuera de la pobreza, debemos repensar toda nuestra política social”, dijo Augusto de la Torre, jefe de economistas del BM para la región.

“Principalmente (…) las necesidades de una creciente clase media. El objetivo y la calidad de la educación, la calidad de los servicios de salud, la calidad del transporte público y la seguridad ciudadana requerirá mayor atención a medida que tratamos de adaptarnos en la región”.

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