América Latina

Una vida entregada al ‘elemento humano’ de la fotografía

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La fotógrafa argentina Sara Facio, de 82 años, exhibe en Buenos Aires su valiosa colección de fotos tomadas por reconocidos colegas.
La fotógrafa argentina Sara Facio, de 82 años, exhibe en Buenos Aires su valiosa colección de fotos tomadas por reconocidos colegas. EFE

Imágenes icónicas de la cultura latinoamericana como la de Cortázar con un cigarrillo apagado en los labios o Borges refugiado entre libros son resultado de la mirada de la argentina Sara Facio, para quien el “elemento humano” es lo “más valioso” del arte de la fotografía.

La retratista de 82 años, cuya valiosa colección de fotos tomadas por reconocidos colegas se exhibe en Buenos Aires durante estos días, define su profesión como un “borrador de la historia” y una forma de “mirar el mundo” en la que lo principal son las personas, sus gestos, y sus miradas.

El comienzo del éxito de Facio se remonta a la década de los años 60, cuando inició un proyecto sobre los “mejores” escritores de América Latina junto a su amiga y también fotógrafa argentina Alicia D'Amico, fallecida en el 2001.

Entonces, la mayoría de ellos eran desconocidos y todavía no se habían convertido en los grandes representantes de la cultura que son hoy Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez.

De hecho, en el caso del fallecido escritor colombiano García Márquez, logró inmortalizarlo en 1967, semanas antes de que rompiera con todos los esquemas de la literatura latinoamericana al publicar su obra Cien años de soledad.

Y ahí estaba Facio: la misma que comenzó a hacer fotos “por casualidad”. Porque tras formarse en Bellas Artes, con 20 años se dirigió a Europa gracias a una beca del gobierno francés y en una exposición del fotógrafo alemán Otto Steiner, descubrió su verdadera vocación.

“Como estudiante de arte, me di cuenta de que la fotografía también era un medio de expresión” y que iba más allá del típico retrato “de la novia, la chica de la comunión o el bebé”, apunta en una entrevista concedida a Efe.

La fotógrafa argentina recuerda con cariño la primera vez que visitó España con una cámara debajo del brazo, un viaje que realizó en los años 70 y en el que descubrió nuevas sensaciones, y se enganchó a la “gente anónima” de sus rincones.

El lugar que eligió para esta experiencia “fantástica” fue Sevilla, donde cubrió la Semana Santa, un evento que le fascinó, sobre todo, porque durante el mismo “no hay día ni noche”, ya que “todo es continuado”.

Hace 20 años, Facio comenzó a recopilar fotografías de artistas americanos y europeos para crear un archivo personal que actualmente está compuesto por casi 200 imágenes y que donó el mes pasado al Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires.

Es allí donde se exponen al público 70 de estas imágenes hasta febrero, agrupadas en tres secciones según el enfoque que le da a su trabajo cada artista: tierra, retratos y mirada interior.

La recopilación denota el intenso trabajo que realizó Facio durante los últimos 50 años y que le permitió entrar en contacto con profesionales de la talla de Sebastiao Salgado, Alberto Korda, Annemarie Heinrich o Grete Stern.

A los “magníficos regalos” que recibió de algunos de ellos, sobre todo mientras trabajaba en los periódicos argentinos “Clarín” y “La Nación”, se suman las imágenes que adquirió por su cuenta a lo largo de su carrera o las que les pidió ella misma a colegas como los argentinos Marcos López y Adriana Lestido.

El resultado es un magnífico repertorio que evidencia su sensibilidad y su excelente criterio ya no sólo a la hora de retratar lugares y personas, sino también para observar y seleccionar aquello que captaron sus propios compañeros de profesión.

Pese a haberse hecho con el galardón Kónex de platino a la mejor fotógrafa argentina de la década en 1992 y con el título de ciudadana ilustre de Buenos Aires en el 2011, para ella, sus verdaderos “premios” fueron ver sus fotos publicadas, según revela a Efe.

Por eso le sale una sonrisa cuando habla de su etapa como fotoperiodista, algo que hacía más “por gusto” que por dinero, ya que reconoce que siempre se trató de “lo menos bien pagado” y por eso “para ganar plata, hacía publicidad”.

Facio cree que ella destacó por algo “natural” y que fue resultado de que intentó trabajar “de la mejor forma posible” y “desde adentro”, lo que le permitió disfrutar de todas y cada una de las imágenes que tomó a lo largo de su vida.

Pero se acabó. La fotógrafa argentina está algo cansada de mirar a través del objetivo, así que pese a que siempre conservará un vínculo inquebrantable con la fotografía, ahora, “la cámara, a un costadito”.

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