Colombia

Ex rehenes afirman que Ecuador y Venezuela dan apoyo a las FARC

De izquierda a derecha: Mark Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes tras recibir la medalla de la Defensa de la Libertad, instaurada por el Departamento de Defensa para honrar empleados y contratistas de ese organismo heridos o asesinados.
De izquierda a derecha: Mark Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes tras recibir la medalla de la Defensa de la Libertad, instaurada por el Departamento de Defensa para honrar empleados y contratistas de ese organismo heridos o asesinados. El Nuevo Herald

Ecuador y Venezuela están facilitando la propagación del "cáncer'' de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en América Latina, dijeron el jueves en Miami tres ex contratistas estadounidenses que estuvieron secuestrados por esa organización guerrillera durante más de cinco años

"Cuénteme una cosa buena que ha hecho este grupo desde el 64, y [Hugo] Chávez quiere decir que las FARC es buena, ¿para hacer qué?, es un vergüenza cuando Chávez habla sobre las FARC'', afirmó el ex rehén Tom Howes.

Su compañero, Keith Stansell, relató que durante una operación de inteligencia en el 2001 comprobó personalmente que en territorio del Ecuador, fronterizo con Colombia, operaba una estación radial de las FARC.

"¿Qué concluye usted de eso, que un grupo terrorista esté trabajando en ese país?, por lo menos que hay una facilidad para que ellos puedan operar allá'', expresó Stansell.

Los tres ex empleados de la compañía American Northrop Grumman fueron secuestrados el 13 de febrero de 2003 cuando se fue a pique por fallas mecánicas un avión monomotor en el que realizaban una operación de reconocimiento aéreo de plantaciones de coca en una zona selvática al sur de Colombia. Fueron liberados 1,967 días después tras una espectacular operación de rescate del ejército colombiano.

En atestado salón al noroeste de Miami, James Stavridis, jefe del Comando Sur, entregó el jueves a los ex rehenes la medalla de la Defensa de la Libertad, instaurada por el Departamento de Defensa para honrar empleados y contratistas de ese organismo heridos o asesinados.

La voz del piloto Stansell se quebró en dos ocasiones y sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar el drama que vivió su familia durante su cautiverio.

"Todavía es duro para mi relatarlo'', dijo al describir un mensaje radial de su hijo de 11 años disculpándose por no haber compartido con él el día de su cumpleaños, el de Acción de Gracias y el de Navidades.

"Ese fue el peor momento en cautiverio porque lo pone a uno contra la realidad de que quizás no puede regresar'', afirmó el piloto.

Las palabras fuertes contra Chávez del jueves contrastaron con una emotiva reunión que protagonizaron los parientes de los contratistas con el presidente venezolano en septiembre de 2007.

En esa ocasión, Kyle, el hijo de 15 años de Stansell abrazó a Chávez y le agradeció por su mediación en la liberación de los prisioneros.

"El [Chávez] parece ser el individuo que puede hacer que esto [la liberación] ocurra'', comentó entonces George Gonsalves, padre del secuestrado.

Gonsalves, experto en interpretación de imágenes de reconocimiento aéreo, advirtió el jueves que Venezuela debía ser ayudar a Colombia "para sacar a estos terrorista de ese país y de la región''.

Advirtió que dado que las FARC "no se pueden quedar en Colombia porque es peligroso para ellos, se tienen que esconder en otras partes, y ahora el cáncer está en Venezuela o en Ecuador''.

"Si este cáncer nadie lo trata, va a crecer y el problema va a ser en los países vecinos'', afirmó Gonsalves.

No pudo faltar en la rueda de prensa el polémico tema de la ex candidata presidencia colombiana Ingrid Bentancourt, su compañera de cuativerio, con quien mantuvieron relaciones conflictivas según lo describieron los tres en el libro recién publicado Out of Captivity.

Haciendo eco de las palabras del ex presidente colombiano Ernesto Samper, Stansell, el más crítico de Bentancourt, expresó su extrañeza de que se haya propuesto a la ex congresista para el premio Nobel de la Paz.

"¿Qué ha hecho ella [para aspirar al premio] que los demás no han hecho?, se preguntó Stansell.

Stansell dijo que en ese caso es mucho más valioso el gesto que tuvo el ex gobernador Alan Jara, quien se encadenó voluntariamente para ayudar a los demás secuestrados.

"Nunca he visto Ingrid como un servidor público'', agregó Stansell, quien se negó concretar los motivos de sus críticas a Betancourt remitiéndose a lo publicado en el libro.

Los norteamericanos afirman en su libro que se enteraron, a través de algunos de sus centinelas en uno de los campamentos de las FARC, que Betancourt los acusó ante los jefes de la guerrilla de ser agentes de la CIA a quienes los guerrilleros debían vigilar estrictamente porque podrían tener en su organismo microdispositivos de ubicación satelital.

Pero quizás lo que más enfureció a los tres fue la requisa a la que fueron sometidos por los jefes guerrilleros, supuestamente a solicitud de Betancourt, quien estaba ansiosa de recuperar unas cartas que le había escrito a Gonsalves, con quien mantuvo una relación armoniosa durante un tiempo.

"Los tres tenemos diferentes juicios de Ingrid'', agregó Stansell. "El mío es el más fuerte. Yo he dicho la verdad y cuando la gente me pregunta por qué dice eso, les digo que yo pasé cinco años y tres meses en la selva, los dos últimos encandenado a este hombre [señala a Gonsalves] y una cosa que he ganado yo es la libertad de hablar después''.

Agregó que "las cosas que hemos dicho y que escribimos tienen que ver con las condiciones que sufrimos, no es un ataque contra una persona, pero estamos hablando verdades''.

Betancourt no se ha pronunciado sobre los señalamientos del libro donde además es caracterizada como una política intrigante y manipuladora, pero a su vez con sorpresivos gestos de solidaridad.

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