Colombia

Resurge la esperanza para cocaleros colombianos

Un grupo de 250 erradicadores manuales de coca realizan sus labores en el municipio de San Francisco al oriente de Medellín (Colombia). EFE/Edgar Domínguez
Un grupo de 250 erradicadores manuales de coca realizan sus labores en el municipio de San Francisco al oriente de Medellín (Colombia). EFE/Edgar Domínguez

Colombia, con el respaldo de $8,000 millones de EEUU desde fines de los años 90, lo ha ensayado todo para tratar de erradicar la cosecha que se usa para hacer cocaína. Aviones han regado el campo con herbicidas y las autoridades han desplegado soldados y pagado obreros para que arranquen las matas. Se han eliminado cantidades sin precedentes de coca sólo para que los campesinos se trasladen y la vuelvan a sembrar.

Ahora, el gobierno colombiano pudiera haber hallado un remedio aceptable para el Congreso de EEUU, controlado por los demócratas. Este Congreso quiere enfatizar el desarrollo social, no la ayuda militar, y está buscando soluciones que puedan ayudar en Afganistán, donde los talibanes están atrincherados y las cosechas de coca florecen.

El plan que se está desarrollando aquí es un ambicioso esfuerzo diseñado para incorporar una región antiguamente olvidada a una economía legítima trayendo policía y tribunales, caminos y escuelas, y ofreciendo ayuda a los granjeros. La idea es darle muchos incentivos a los campesinos de este pueblo del meridional estado de Meta para que siembren cosechas legales.

Las autoridades colombianas están trabajando para duplicar el plan en otros cinco regiones donde se siembra mucha coca, y funcionarios americanos dijeron que el plan pudiera funcionar en otras zonas conflictivas, lejos de Colombia.

Aquí, los resultados son prometedores: entre 2007 y 2008, la producción de coca bajó 75 por ciento en un cuadrante del estado de Meta, que es mayor que Rhode island, dijeron las autoridades colombianas. Con la mayor parte de los caseríos alrededor de Villa Hermosa comprometiéndose a cooperar a cambio de ayuda, los esfuerzos de erradicación se han acelerado este año y ahora la cantidad de coca es insignificante. Mientras tanto, la cantidad de tierra dedicada a tres cosechas legales se ha sextuplicado en comparación con el año pasado.

"He visto un gran cambio en los últimos dos años, 100 por ciento favorable a nosotros'', dijo Luis Arturo Giraldo, un granjero que cultivaba coca anteriormente, como la mayoría aquí.

Los funcionarios miden el éxito no sólo por la cantidad de coca que se ha destruido sino por el aumento de la confianza y del valor de la tierra, algo nuevo en esta región que, hace sólo un par de años, estaba entre los mayores productores de coca del país. Varios granjeros dijeron en entrevistas que las guerrillas marxistas obligaban a los campesinos a sembrar coca, que se vuelve cocaína y se embarca para EEUU Los escuadrones paramilitares viene luego para luchar por el control de la cosecha.

En la actualidad, 2,385 familias campesinas están recibiendo ayuda técnica de agrónomos en lo que empiezan a sembrar arroz, yyuca, caña de azúcar y cacao, dijeron los funcionarios. Los que han trabajado en el programa, incluyendo diplomáticos extranjeros familiarizados con los complejos problemas del país, dijeron no haber visto un renacer tan rápido de la esperanza.

"Hay mucha más confianza en el futuro'', dijo Marion Kappenyne van de Coppello, embajador de Holanda, que ha gastado $2 millones ayudando a los granjeros en los cruciales seis meses de transición cuando renuncian a la cosecha de coca.

Bajo el Plan Integrado de Consolidación para la Macarena, bautizado por un parque nacional al oeste de aquí, el ejéricto primero sacó a las guerrillas y luego a los demás grupos armados. En rápida secuencia llegaron ingenieros y sus equipos, técnicos, fiscales, trabajadores sociales y policías trabajando coordinadamente para transformar una región atrasada y fuera de la ley en un algo parecido a una parte funcional de Colombia.

Una serie de visitantes extranjeros, muchos de ellos dirigentes que trabajan en temas de drogas y solución de conflictos, han venido a estudiar la situación.

"Los resultados hablan por si solos'', dijo Aldo Lale, director de la Oficina de Drogas y Crímenes de Naciones Unidas en Bogotá. La reducción de las siembras de coca ‘‘tiene pocos precedentes en Colombia y en el mundo'', afirmó.

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