Colombia

Soldados matan a campesino para cobrar recompensa

Ramiro Hernández, padre del joven asesinado Albeiro 
Hernández, a quien el ejército mató el mismo día que no pudo fusilar a Aladino Ruiz.
Ramiro Hernández, padre del joven asesinado Albeiro Hernández, a quien el ejército mató el mismo día que no pudo fusilar a Aladino Ruiz.

Ramiro Hernández no sabe decir si tuvo buena suerte de llegar a los 71 años el 14 de agosto del 2007. Porque ése fue el último día en que vio a su hijo Albeiro, asesinado por una patrulla del ejército colombiano en una horripilante cacería humana.

"¿Y Albeiro?", preguntó Hernández a su esposa al regresar de hacer unas gestiones esa tarde en el pueblo de Pitalito.

Eran cerca de las 3:30 p.m. Toda la mañana Hernández había visto a Albeiro, de 25 años, recogiendo café en un lote de la finca. Al mediodía, la familia celebró un almuerzo de cumpleaños. Luego, el joven se había ido para una fiesta. Atrás quedaron para siempre sus padres, su hijo de 3 años y su esposa embarazada de una niña.

A las 6:40 p.m., Albeiro llegó a un sitio llamado Media Luna para recoger a Aladino Ríos. Iba en un Renault azul conducido por Alfredo Muñoz Botina. Le acompañaban un cuñado de éste y Alfonso Sánchez España. Todos se conocían. Ya avanzada la noche, en un paraje de San Vicente de Hornitos, Albeiro y Ríos comprendieron que no habían sido llevados allí para ofrecerles trabajo en una finca sino para que los mataran a sangre fría.

Sin embargo, Ríos, de 33 años, sobrevivió para contarlo. Hoy es el testigo de excepción de una trama de secuestros de civiles ajenos a todo conflicto militar que fueron fusilados y vestidos con uniformes de guerrilleros para cobrar recompensas en dinero, vacaciones o ascensos.

Los ejecutores de Albeiro eran miembros de la patrulla militar Berlín II, perteneciente al Batallón Magdalena, adscrito a la 9na. Brigada del Ejército, entonces al mando del brigadier general William Fernando Pérez Laiseca, según documentos de la Fiscalía General de la Nación.

La justicia penal militar ha pedido a la fiscalía el traslado del caso para investigarlo bajo su jurisdicción, pero la decision final sobre esta disputa no ha sido tomada por el Consejo Superior de la Judicatura.

Hernández recordó que Albeiro era un muchacho tranquilo, que no solía beber. Al otro día preguntó varias veces por él, mientras iba y venía en sus labores por la finca. A las 4 p.m., contó, lo llamó por teléfono una de sus hijas: "Papá, véngase, que acaban de llamar que Albeiro está en el hospital San José, de Pitalito''.

En el hospital no había buenas noticias.

"Quedé frío'', recordó Hernández. "Me fui para la casa y le dije a mi esposa: ‘Mi'ja: voluntad, fuerza y fe, pero Albeiro está muerto''.

En la funeraria, llegó un policía y le mostró a Hernández la foto de Albeiro en la pantalla de un celular.

"¿Es éste?", preguntó el policía, según Hernández.

"Sí, es él'', y agregó: "Hágame un favor, déme una explicación de esto''.

El policía le dijo que el 14 de agosto Albeiro había participado en tres atracos entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde. Según el informe del ejército, indicó el policía, Albeiro cayó en el último atraco.

"Lo más berraco'', continuó el policía, "es que el comandante está diciendo que su hijo es guerrillero''.

De acuerdo con esta versión, un prontuario con foto de Albeiro debía estar en el fichero del Batallón Magdalena. La fiscalía ha establecido que las acusaciones eran falsas. Albeiro, quien carecía de antecedentes penales, había estado a esas horas trabajando en la finca y disfrutando del almuerzo de cumpleaños de su padre. De hecho, no hubo atracos por esas fechas en la región.

"No había estado en la cárcel ni por papeles [no llevar consigo la cédula de ciudadanía])'', dijo Hernández.

Albeiro llevaba en sus ropas un celular, la cédula y una letra de cambio de 500,000 pesos [$250 aproximadamente].

"Eso se perdió'', dijo Hernández. "Se lo robó el ejército''.

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