Colombia

Mimo asesinado es contado como una baja enemiga

Miller Andrés Blandón.
Miller Andrés Blandón.

Miller Andrés Blandón se buscaba unos pesos disfrazado de Estatua de la Libertad, con gafas de sol. Pero murió con el disfraz de guerrillero que le pusieron sus ejecutores para hacerlo pasar como una baja enemiga.

Blandón, de 25 años, un mimo que trataba de rehabilitarse de la adicción a las drogas y dormía en la Casa de Apoyo del Habitante de la Calle, en Neiva, fue asesinado en julio del 2008 junto con otros dos desamparados sin documentos de identidad por efectivos del Batallón Magdalena, perteneciente a la 9na. Brigada del Ejército Nacional de Colombia.

Las otras dos víctimas fueron a parar a una fosa común del cementerio local. Pero un recibo de un negocio de fotografía hallado en un bolsillo de las ropas de Blandón, permitió contactar a su abuela, Silvia Segura.

Segura recordó que el dependiente del negocio fue al grano: "Doña Silvia, es que él apareció muerto y tenía sus datos en un recibo. El ejército dice que él era un guerrillero que extorsionaba''.

Blandón se había tomado cuatro fotografías para tramitar en el Registro Civil una nueva copia de su cédula de ciudadanía.

"Es una muerte injusta, él estaba rehabilitándose'', lamentó Segura.

Mientras Segura viajaba el 18 de julio de Neiva a Pitalito para reconocer el cadáver, el coronel Marcos Evangelista Pinto Salazar, comandante del Batallón Magdalena, anunciaba que esa madrugada habían liquidado en combate a tres terroristas dedicados de tiempo atrás a extorsionar a los habitantes de la comarca.

A los investigadores de la Fiscalía General de la Nación les tomó muy poco tiempo determinar que, menos de 12 horas antes de ser asesinados, Blandón y las otras dos víctimas habían almorzado en el albergue. Incluso, Blandón aparece en una fotografía tomada en ese instante por inspectores que visitaban el lugar.

La fiscalía determinó que el 17 de julio por la tarde, las tres víctimas y un cuarto desamparado salieron del albergue y fueron interceptados por un grupo de hombres en dos motocicletas y un auto rojo. Los hombres les ofrecieron viajar a Pitalito para trabajar recogiendo café en una finca con muy buena paga, ropa, alimentación y techo.

El cuarto desamparado, cuya identidad no ha sido revelada por razones de seguridad, reveló a los investigadores que la oferta le pareció demasiado buena para que fuera verdad y decidió no aceptar.

Los reclutadores les habían comprado ropa en Neiva antes de ir a entregarlos a los militares. Sin embargo, sus cuerpos aparecieron vestidos con ropa de camuflaje.

"[Los trajes de camuflaje] les quedaban demasiado grandes y no tenían los orificios de los impactos de bala que sí tenían en el cuerpo'', indicó una fuente de la fiscalía.

Los dos desamparados asesinados habían llegado a la ciudad por caminos diferentes y recibieron ropa, alimento y hospedaje en el albergue. El director del centro, Antonio Torres, contó a El Nuevo Herald que ambos sufrían de un grado extremo de drogadicción. Pasaban casi todo el día durmiendo en las calles.

Blandón, en cambio, era un personaje típico y conocido del centro de la ciudad. Llevaba meses sin consumir drogas y años atrás se había dedicado a cuidar carros aparcados en las aceras a cambio de propinas. Después aprendió a ejecutar el papel de hombre-estatua con el cuerpo cubierto de arcilla que traía de los playones del río. Como parte de su terapia de recuperación estaba aprendiendo a pintar automóviles.

Por lo general, Blandón montaba su espectáculo frente a la tienda por departamentos Ley y en la Plaza Cívica Los Libertadores. Al notar que comenzaba a cobrar fama, un tío le dio dinero para que comprara el disfraz de Estatua de la Libertad, contó Segura.

A sus pies, el joven ponía un recipiente de hojalata para recibir monedas con un cartelito que decía: Estatua humana para la felicidad de grandes y chicos. Colaboremos con el arte y la cultura, Gracias.

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