Colombia

Once militares volvieron a la selva en la que estuvieron 10 años encadenados

El sargento William Pérez, rescatado el 2 de julio de 2008 de las garras del terrorismo junto con otros 14 secuestrados, regresó con 10 de ellos este martes a las selvas del sur en las que malogró 10 años de su vida. Provisto de un uniforme nuevo de camuflaje le contó a El Nuevo Herald que durante aquellos 120 meses de reclusión y sufrimientos el mayor de los dolores se lo produjo la noticia de la muerte de su padre aunque “el recuerdo más duro es el de las cadenas”.

Natural de la península caribeña de la Guajira y hoy de 34 años de edad, Pérez se ha hecho célebre por haber sido el enfermero neófito que curaba a sus compañeros de infortunio en los campos de concentración amazónicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

También, salvó de la muerte a Ingrid Betancourt, con quien ganó la libertad en la misma “Operación Jaque”, que ya ha sido recreada en cuatro libros y en documentales de los principales canales estadounidenses, europeos y colombianos de televisión.

Fingiendo ser una organización humanitaria amiga, mediante constantes comunicaciones radiales, la inteligencia militar se ganó la confianza de los carceleros de los 15 secuestrados, entre ellos tres ciudadanos estadounidenses, y luego fue a recogerlos a todos en dos helicópteros haciéndoles creer que se trataba de una misión humanitaria que los cambiaría de campamento.

Eran naves de guerra pintadas de blanco sobre el camuflaje militar original y con los herrajes de la artillería de abordo cubiertos con trapos y equipajes.

Tan pronto alzaron vuelo, los miembros de la supuesta misión, que vestían camisetas con la estampa del terrorista argentino Ernesto “Che” Guevara y chalecos de la Cruz Roja, se identificaron como miembros del Ejército de Colombia y les anunciaron que estaban libres. Enseguida, los dos carceleros de las FARC que subieron confiados a bordo fueron anestesiados, maniatados y horas más tarde encarcelados.

Apenas se apeó del helicóptero militar que este martes lo trajo por unas horas a esta región en la que permaneció cautivo una década completa, el cabo Pérez reconoció con ansiedad el aroma húmedo y vegetal de la manigua amazónica que, contó, no deja de recordar en pesadillas con “terroristas que me buscan”.

“Con Ingrid hablo todas las semanas”, dijo Pérez. Ella vive en Francia, donde se encuentra concentrada en la redacción de un libro que lanzará simultáneamente en países de América y Europa en fecha aun no establecida.

“Ella lo que realmente tenía era una depresión y al no comer adquirió otras enfermedades complementarias como desnutrición, mucha diarrea, vómitos…”. Se deterioró tanto que llegó a ser “solamente la piel y los huesos”, contó Pérez.

El día del rescate, Ingrid prometió conseguir una beca para que Pérez estudie medicina en Francia pero, a la postre, él prefirió quedarse en Colombia y el 16 de julio venidero comenzará la carrera en una universidad de Bogotá que se niega a identificar “porque los terroristas van a buscarme allá”, sospecha.

Antes de aterrizar en el área selvática de Tomachipán, en donde ocurrió el rescate, Pérez y otros 10 ex secuestrados, hicieron una escala en Tolemaida, el fuerte militar del centro de Colombia en donde fueron alistados los helicópteros de combate para que adquirieran un aspecto civil inofensivo.

El sargento Amaón Flórez Pantoja, nacido en la región amazónica de Putumayo y criado en la ciudad colonial andina de Popayán, contó a El Nuevo Herald que ha podido recuperarse de los efectos de ocho episodios de paludismo y de otras enfermedades que padeció durante 10 años de cautiverio en los que permaneció encadenado a árboles y fue llevado de cabestro, como un animal, a lo largo de caminatas que atravesaron cinco de los enormes departamentos amazónicos colombianos.

Desde la liberación, ha recibido tratamientos médicos y sicológicos lo mismo que los demás liberados con él, ha disfrutado de las vacaciones que acumuló durante 10 años y compró una casa con los sueldos atrasados que le pagaron en un solo cheque. El norteamericano Thomas Howes le enseñó a hablar con soltura el inglés durante el cautiverio y recientemente comenzó a estudiar francés. “Parlez-vous français?”, pregunta.

Por su parte, el sargento policial John Jairo Durán se ha dedicado a ganar el amor de un hijo de once años que dejó de ver cuando tenía uno y

ayuda a criar a una hija recién nacida.

Los estadounidenses Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell publicaron un libro en inglés y español. Los dos primeros se divorciaron tras el cautiverio mientras que Stansell se casó con su novia colombiana Patricia Medina que dio a luz a un par de mellizos suyos durante el secuestro. Los tres se reincorporaron a la empresa de seguridad Northrop Grumman para la que trabajaban cuando cayeron en poder de las FARC.

“Operación Jaque” ha comenzado a hacer parte del amor propio de Colombia y símbolo de una vieja y sangrienta guerra contra las FARC.

Los aniversarios venideros es probable que se siga celebrando indefinidamente. Al menos eso ha prometido Ingrid Betancourt: “Cada 2 de julio, hasta que me muera, estaré haciéndole un homenaje en la intimidad de mi espíritu a estos hombres que tuvieron la audacia y el valor de irnos a sacar”.

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