Colombia

EN NUESTRA OPINION: Colombia: un voto por la paz

Los colombianos votaron el pasado domingo por la continuidad, y en la segunda vuelta electoral le dieron un segundo período en la Casa de Nariño al presidente Juan Manuel Santos. Su rival, Oscar Iván Zuluaga, candidato por el partido Centro Democrático, reconoció el triunfo de Santos en las urnas, con una votación de 53 por ciento frente a 47 por ciento.

Tras su victoria, Santos observó que en estas elecciones democráticas “lo que estaba en juego no era el nombre de un candidato sino el rumbo de un país”.

En efecto, el presidente y su adversario fueron a la elección con dos posturas radicalmente opuestas en torno al tema de la paz interna. Santos apostó por el diálogo de paz con las FARC, la guerrilla más antigua del continente, a la que ha asestado golpes demoledores no solo en su período al frente de Colombia, sino también cuando era ministro de Defensa del anterior mandatario, Alvaro Uribe.

Zuluaga, en cambio, había prometido en su campaña que de salir electo, suspendería las negociaciones con las FARC a menos que los rebeldes cesaran las hostilidades, los secuestros y el reclutamiento de menores de manera indefinida. Para diversos analistas, esa posición significaba romper las conversaciones de paz.

La mayoría de los colombianos votaron por mantener las negociaciones.

Lamentablemente, el diálogo entre el gobierno de Colombia y las FARC tiene lugar desde hace largos meses en La Habana, la capital de la tiranía más larga de América. Algo había que ceder para sentarse a la mesa de negociación: la capital cubana es un lugar donde podía mantenerse un alto nivel de secretismo sobre la marcha de las negociaciones, y donde la guerrilla se sentía naturalmente más cómoda por su afinidad ideológica con el régimen cubano.

De todos modos, la votación del domingo expresó el deseo de los colombianos de poner fin de una vez al conflicto más largo que ha sufrido el hemisferio occidental, en el que han perecido más de 200,000 personas, la mayoría civiles.

Las FARC están debilitadas, pero aún son una espina clavada en el costado de la sociedad colombiana y sin un acuerdo de paz nadie sabe cuánto tiempo más puede durar el conflicto. La sangría se puede detener si la guerrilla acepta deponer las armas y se desmoviliza. De nuevo, como casi siempre, algo habrá que ceder, pero lo importante es que Colombia logre la paz y pueda dedicarse a sanar sus heridas.

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