Colombia

Tirofijo: de rebelde a terrorista

En un atestado billar de un pueblo del norte del Departamento del Valle, los clientes hicieron silencio para escuchar los gritos de un locutor en un radio Telefunken grande y viejo que anunciaba la muerte de Jorge Eliécer Gaitán.

"Mataron a Gaitán'', sólo atinaba a decir el locutor, "mataron a Gaitán’’.

Entre el tumulto de campesinos que pedían justicia con los machetes al aire y lloraban por la muerte del caudillo liberal, había un muchacho de 18 años que no parecía entender lo que estaba ocurriendo, pero presentía que debía ser muy grave.

El suceso en Bogotá cambió la historia de Colombia y torció la suya para siempre.

A la vuelta de unos años, el joven, Pedro Antonio Marín, quien ese viernes 9 de abril de 1948 había bajado al pueblo de Ceilán a vender unas cargas de queso de la finca de su tío Angel, sería llamado Tirofijo.

"Yo sólo miraba porque no entendía muy bien de qué se trataba pues era muy joven y todavía no pensaba en cuestiones políticas’’, recordó Marín.

La escena del cafetín de Ceilán, que describió Tirofijo al escritor Arturo Alape para el libro Las Vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, es sin duda un hito cardinal para explicar cómo y cuándo se forjó el guerrillero más viejo del mundo, declarado muerto la semana pasada en Colombia por el gobierno y por su organización las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)

El magnicidio de Gaitán encendió una atroz guerra civil en Colombia. Los partidos tradicionales, el liberal y el conservador, tomaron las armas por su cuenta los unos para defenderse y los otros para imponer un ideario de intolerancia estalinista.

En los diez años siguientes la guerra dejó un saldo que los expertos calculan de entre 100,000 y 2000,000 muertos, la mayoría en zonas rurales en donde el conflicto estaba en manos de unos bandoleros sanguinarios al mando de hombres que más que una causa buscaban seguridad y supervivencia.

Marín entonces era un adolescente especial. Dejó voluntariamente su casa y renunció a los estudios de bachillerato a los 13 años para hacer su vida aparte. Era bueno para las matemáticas y soñaba con ingresar algún día al servicio militar, inspirado en las historias que le contaban sus tíos de la Guerra de los Mil Días (1899-192), otro conflicto partidista en el que su abuelo fue corneta del ejército liberal.

Nunca supo a ciencia cierta cuándo nació. Decía que fue un día de mayo de 1930, pero su padre, Pedro Pablo Marín, un campesino cultivador de café, aseguraba que su hijo nació el 12 de mayo de 1928 en Génova, departamento del Quindío. Era el mayor de cinco hermanos.

Al irse de su casa, le volvió la espala a sus padres momentáneamente y "sin remordimientos’’, le relató a su biógrafo.

Cuenta Alape que con el dinero que reunió en contratos de construcciones rurales y talando selva, montó un almacén de abarrotes en el caserío La Primavera que fue un éxito. Vendía maíz, frijol, alverja, todo en grano, lo mismo que herramientas.

"Un almacén que no le faltaba nada como si el mundo abarrotado estuviera en su alacena, en los escaparates, en los mostradores’’ escribió Alape citando a Marín.

La consecuencia del magnicidio de Gaitán las vivió Marín de inmediato. El mismo día que escuchó la noticia en el viejo Telefunken, algunos de los pobladores de Ceilán, convencidos de que el líder había sido asesinado por los godos (conservadores), arrestaron y mataron a varios de los militantes de ese partido.

A 350 kilómetros del pueblo, en una estación de policía del occidente de Bogotá, ese mismo día, se guarecía otro guerrillero en ciernes a quien el levantamiento popular que encendió la capital le dejó una marca indeleble: un estudiante de derecho llamado Fidel Castro Ruz que se coló en la delegación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de Cuba para asistir al Congreso de Estudiantes Latinoamericanos.

"El Bogotazo'' fue el verdadero bautismo como revolucionario de Castro, según el periodista Tad Szulk. "Tuvo un enorme impacto en él, en lo que pensaba y en sus planes futuros. Fue el más importante acontecimiento en su vida hasta entonces, sin duda una de sus más trascendentales experiencias que le ofreció la oportunidad única de observar cómo se desarrollaba una revolución y aprender de ello’’, escribió el biógrafo del ex mandatario cubano.

A Marín, el precoz comerciante del occidente de Colombia, la guerra civil lo forzó a abandonar entre tiros e incendios varios pueblos donde intentaba establecerse y que fueron destruidos por "los pájaros’’, violentos agentes del gobierno del presidente conservador Laureano Gómez.

"Detrás de mi, como sombra maligna, la violencia. Llegaba a un pueblo, a otro, y ahí estaba esperándome como queriendo desterrarme y si no había llegado por tardanza en el camino a la semana siguiente aparecía, me arrastraba en sus aguas’’, explicó Tirofijo.

Marcado por su ascendencia liberal de familia, que en esa época era como una huella congénita, Marín comprendió que no podía mantenerse al margen del conflicto.

"En La Primavera yo era conocido por el negocio, entonces ahí sí decidí meterme en la cuestión de la política. Había que sostener la vida sobre las piernas. Yo veía eso como mal, muy oloroso a muerte’’, dijo Marín en su entrevista con Alape. "Si nos quedamos así de tranquilos nos van a matar a todos’’, agregó.

Aprendió a hacer granadas con sal de amoniaco, pero las fuerzas del gobierno eran superiores y de una perversidad desenfrenada. Los agresores llegaban a los pueblos a sembrar el terror y no contentos con el asesinato a machete de los pobladores, les sacaban los ojos y les hacían cortes en el cuello por donde extraían la lengua de la víctima (el llamado "corte de franela'').

"Y a algunos les amputaban los órganos para que no procrearan más liberales’’, escribió Juan de J. Franco, jefe de un comando revolucionario liberal en julio de 1953. ‘‘A otros les amputaban las piernas y los brazos, y sangrantes los hacían caminar de rodillas, y supe de campesinos a quienes mantenían sujetados mientras que otros policías y civiles conservadores, por turnos rigurosos, violaban a sus esposas y a sus hijas.’’

La solución urgente para los liberales fue crear pequeños ejércitos de autodefensa. En el caso de Marín, se reunieron hermanos y primos y conformaron una alianza con la familia Loayza, que aportó jóvenes a quienes la guerra los bautizó con apodos como Veneno, Agarre, Tarzán y Calvario.

"La mayoría de nosotros era macheteros que cortaban un pelo en el aire’’, recuerda Marín, quien aprendió esgrima al lado de uno de sus tíos.

Para la colección de ironías macondianas de Colombia, hay que señalar que el hombre con la carrera más larga en la lucha armada y la violencia en este país, practicaba esgrima y tocaba violín.

"Mi pasión de años, que me hacia vibrar de cuerpo entero’’, fue la manera como Marín describió a su biógrafo lo que sentía cuando los fines de semana, luego de cerrar su negocio en La Primavera, tocaba solitario el violín.

La autodefensa de los Marín y los Loayza logró apoderarse de unos 18 fusiles en un asalto a un piquete de conservadores y entre triunfos, golpes y nuevas alianzas con grupos que se formaron en otros departamentos, la organización familiar se convirtió en un ejército irregular de unos 300 hombres que se asentó al sur del departamento del Tolima.

Un factor aparentemente ideológico dividió al grupo rebelde. Los Loayza rechazaron la propuesta, respaldada por Tirofijo, de aliarse con la guerrilla comunista que se multiplicaba por los campos colombianos y estaba empeñada en imponer una organización militar a la relajada lucha armada liberal.

Gerardo Loayza, el patriarca de la familia, dijo que había llegado la hora de ponerle punto final al comunismo en Colombia pues de lo contrario el sistema les quitaría las fincas, la vida se volvería colectiva y las mujeres, "imagínense ustedes, la mujer de uno como merienda fresca para veinte machos, pasando de cama en cama en sueño calenturiento’’, cita Alape.

Los planteamientos de Loayza molestaron a Tirofijo quien veía detrás del cambio radical de Loayza la mano del enemigo. Según Tirofijo, el gobierno estaba entonces ofreciendo una jugosa recompensa a cada uno de los jefes guerrilleros que se entregara. Le darían a cada uno un apartamento en Bogotá.

"Me molesté mucho’’, dijo Tirofijo a Alape, "me puse incómodo, me calenté en la sangre y los ofendí en tonos hirientes porque les dije, estos planteamientos no son de liberales, son de conservadores, esa lucha contra los comunistas, que tienen carácter oficial, nos va a destruir a unos y a otros’’, agregó.

Ante los gritos de Marín hubo un conato de enfrentamiento a bala, pero los ánimos se calmaron. Al día siguiente, Tirofijo insistió en su solidaridad con los comunistas.

"En los comunistas veo las mejores cualidades, incluso más cualidades que en los propios liberales’’, dijo Tirofijo, según Alape. "Por lo tanto, de mi fusil nunca saldrá un disparo contra los comunistas’’

En ese momento, nació el guerrillero Manuel Marulanda Vélez. Con tres frentes de lucha, contra los liberales, contra los conservadores y contra el nervioso ‘‘imperialismo'' estadounidense, Tirofijo sobrevivió para fundar años después las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), una organización que practicó en el campo, las ciudades, y en su propio interior, el mismo terror del que el jefe guerrillero fue víctima cuando joven.

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