Cuba

Balsero cubano repatriado termina preso en Villa Marista

David Yamir González, de 23 años, junto a su hijo más pequeño.
David Yamir González, de 23 años, junto a su hijo más pequeño. 14ymedio

Mientras habla, trata de no derrumbarse. Yaimy García Salgado está sola y a cargo de tres niños, pero las fuerzas le alcanzan para denunciar la detención de su esposo, quien construyó una embarcación para escapar de Cuba.

Balsero repatriado, David Yamir González, vio tronchados sus sueños por un aparatoso operativo policial que lo llevó detenido a Villa Marista, el cuartel general de la Seguridad del Estado en La Habana.


García Salgado cuenta que regresó de visitar a su familia en el oriente de la isla, cuando alguien delató a su pareja y la policía “se metió en la casa y decomisó todo”. La balsa, que estaba lista en el patio familiar del habanero municipio San Miguel del Padrón, también fue requisada. “No dejaron ni las cintas de medir”, dice. Su marido permanece desde el 14 de septiembre en prisión.

Es la segunda vez que González trata de escapar de la isla, dice la mujer de 31 años. “Hace como un año, un grupo de hombres intentó salir del país”, pero la “lancha madre” de Estados Unidos, como se le conoce a una de las embarcaciones de la Guardia Costera, los detuvo y repatrió. Después de eso, su marido ha intentado una y otra vez escapar hacia el norte, sin éxito.

Los primeros en sufrir el registro policial fueron los familiares directos de su esposo, pues las autoridades irrumpieron en la casa de sus cuñados sin que estuvieran presentes, asegura García.


Una vecina que fue testigo del allanamiento explica que “fue un registro muy aparatoso”. La señora, que pidió el anonimato, dice que primero entraron en la casa de Maikel Romero, el hermano de González, y “hasta por el techo se metieron buscando cosas”.

“Al final parece que descubrieron que estaban en el lugar equivocado y entraron a registrar la otra casa”, añade. En el momento de sacar la lancha de la residencia González todos los vecinos se aglomeraron para ver “el espectáculo”.

“En vez de buscar a los ladrones y criminales se dedican a abusar de los infelices”, dijo la vecina.


Tras el primer intento de salida ilegal, el obstinado balsero fue liberado sin ningún cargo, pero después del segundo arresto le fue impuesta una multa de 3,000 pesos , que le fue entregada a su esposa 13 días después de la detención.

Desde 1994 y a partir de los Acuerdos Migratorios entre Cuba y Estados Unidos, las autoridades de la isla no sancionan con penas de cárcel a los migrantes que salen de manera ilegal y por vía marítima, en embarcaciones precarias y con riesgos para su vida.

No obstante, si son capturados en el mar o en las cercanías de la costa, la Capitanía del Puerto los sanciona administrativamente por violar las regulaciones sobre tenencia y operación de embarcaciones. En caso de ser reincidente, la sanción puede oscilar en una multa de 3,000 a 10,000 pesos cubanos.

“Primero lo encerraron en 100 y Aldabó, pero ahora lo trasladaron a Villa Marista. Cuando les pregunto a los instructores, me dicen que no me pueden dar información y en este país no publican nada de lo que pasa con los balseros”, cuenta su esposa.


Junto a David Yamir González fueron detenidas otras nueve personas, seis de las cuales ya se encuentran en libertad.

“A David lo tienen en Villa Marista y a otros tres se los llevaron para Valle Grande”, dice García.

Villa Marista es uno de los sitios más temidos en la capital cubana. Debe su nombre al antiguo uso del conjunto de edificaciones que eran propiedad de los Hermanos Maristas. En sus inmediaciones está prohibido tomar fotos o caminar por las aceras que circundan la manzana. Es un lugar donde generalmente interrogan a quienes son considerados una amenaza para la seguridad gubernamental.

El número de balseros interceptados antes de llegar a las costas de Estados Unidos ha aumentado exponencialmente tras el restablecimiento de relaciones entre ambos gobiernos. Durante el actual año fiscal, el total reportado por la Guardia Costera ascendió a 7.358, un incremento de 65% con respecto al año fiscal anterior.


“Voy a hacer todo lo posible por que dejen libre a mi esposo. Él es el sostén de esta casa y ya nosotros pagamos la multa. No pueden dar dos condenas por un mismo delito a la gente”, dice desesperada Yaimy García.

Este artículo es parte de un convenio periodístico entre el Nuevo Herald y 14ymedio.

Siga a Mario J. Pentón en Twitter: @mariojose_cuba

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