Cuba

De balcón a balcón entre Miami y La Habana

Palacio de los Deportes, Ciudad Deportiva, en La Habana, de Nicolás Arroyo & Gabriela Menéndez (1955-57).
Palacio de los Deportes, Ciudad Deportiva, en La Habana, de Nicolás Arroyo & Gabriela Menéndez (1955-57). Colección Victor Deupi y Lin Arroyo

La Habana tiene dos espacios arquitectónicos muy bien delimitados, que son el casco antiguo colonial, y la parte moderna del siglo XX, dividida en varios períodos estilísticos. Dependiendo de la zona que se visite se destacan ciertos rasgos de su perfil.

El escultor español Juan Garaizabal vio sobre todo la gracia de sus antiguos balcones. El arquitecto cubano Eugenio Batista describió el encanto de sus patios, portales y persianas. Yo recuerdo las columnas y los hermosos vitrales de medio punto de sus puertas y ventanas.


El caso es que ahora podemos discernir y dar nuestras propias opiniones, porque dos proyectos se están desarrollando al mismo tiempo sobre las relaciones escultóricas y arquitectónicas entre Miami y La Habana, uno histórico, y el otro muy actual y de futuro. Son visiones de los lazos que hay entre cubanos de las dos orillas, que estarán para siempre vinculados.

La primera muestra es una colección de dibujos y maquetas, fotografías, videos y libros instalada por ahora en el Museo de Coral Gables, que se titula Cuban Architects at Home and in Exile: The Modernist Generation, y fue curada por los arquitectos y profesores de la Universidad de Miami Victor Deupi y Jean-François Lejeune.

Esta exposición busca la historia de la arquitectura cubana de los años 1950 antes de la partida al exilio de muchos arquitectos de aquel período, que siguieron trabajando en su profesión en las ciudades en que se establecieron, París, Filadelfia, Barcelona, Madrid, San Juan y Miami, entre otras. Los visitantes podrán verla hasta el 26 de febrero del año próximo.

Considero La Habana y Miami dos mundos, dos códigos de vida que se extrañan mutuamente

Juan Garaizabal, escultor español

El otro proyecto es una escultura monumental, pero al mismo tiempo transparente y alada, de 21 metros de altura, titulada Balcón de La Habana, que podrá admirarse al atardecer del miércoles 23 de noviembre en el parque del Museo de Arte Pérez de Miami. Garaizabal la ha armado en sus talleres en Madrid y la ha transportado en barco en seis piezas que luego ha estado soldando entre sí en Miami.

“Considero el Museum Park de un gusto extraordinario. Absolutamente todo en él está a un nivel altísimo. La arquitectura que le rodea, el mar y la vegetación son, desde mi punto de vista, equiparables a lo mejor que he visto en el mundo”, dice entusiasmado el escultor.

Ausencias recíprocas

Su pieza es una visión ultramoderna, conceptual, inspirada en un balcón de la Plaza de Armas de La Habana. Es una imitación a escala real del hierro forjado, pero realizado con acero inoxidable, resistente al óxido que produce el ambiente marino. Para el año próximo una pieza de igual material, mirando hacia acá, e instalada en el Malecón de La Habana, se titulará Balcón de Miami, y será un reflejo del Art Deco de esta ciudad, más bien cuadrada y limpia de líneas, empotrada en hormigón armado.


“Considero La Habana y Miami dos mundos, dos códigos de vida que se extrañan mutuamente”, poetiza Garaizabal. “Incluso más allá de la historia, siento como desde el estilo de vida motorizado y horizontal de Miami se sueña con ese mundo pausado, de balcones poblados y verticales de las calles habaneras, y viceversa. Son complementos de una riqueza tremenda. Ausencias recíprocas”.

“Dentro de mi lenguaje, de noche la pieza se convierte en otra escultura diferente, donde unos trazos de luz continua led subrayan algunos pocos fragmentos del boceto del balcón en el aire”, explica Garaizabal.

“Descubrí La Habana tarde. Empecé a ir con el cambio de milenio. Pasé allí un fin del año en 1999”, cuenta. “En las ciudades que visito, establezco una relación muy directa con los edificios y las calles, y en La Habana fue bestial. Más recientemente y dentro del proceso de maduración del proyecto he vuelto en 2015 y 2016. En total cuatro veces”.

La empresa que le ayuda en La Habana a instalar la monumental escultura en el Malecón es la Fundación CIFO, según el escultor, “la que más y mejor representa la interacción artística entre Miami y La Habana”. Mientras que en Miami le han comisionado la pieza una combinación de “diferentes entes institucionales públicos y privados, relacionados, y muy interesados por el arte”.


El cuenta que en Chicago, donde hacía un proyecto, un comisario del Miami-Dade Art in Public Places lo invitó a venir. Han cooperado la fundación Mana Contemporary, que le concedió residencia y taller; Ella Cisneros y Jorge Pérez, The City Hall of Miami, DDA (Miami Downtown Development Authority), Miami Dade College, University of Miami, así como el Consulado de España en Miami, con el cónsul Cándido Creis a la cabeza, la Cámara de Comercio Española y el Centro Cultural Español. Sin olvidar la entidad que va a alojar la pieza en el Parque del Museo, Bayfront Park Management Trust. Raquel B. Colomer es la directora del proyecto en Miami, y ha estado coordinando todas las operaciones desde el principio

Aunque tiene todo este respaldo, el escultor español afirma que la financiación de sus esculturas públicas temporales es propia. “Asumo todo el riesgo de obras en las que creo absolutamente y que financio con enorme esfuerzo, precisamente por la fe que tengo en ellas. Creo en su significación y en su fuerza y calidad escultórica en el emplazamiento que sea”.

¿Cuándo comenzó a hacer sus esculturas pensó en el esqueleto de las construcciones, en un dibujo transparente en el aire, en una base inicial de un diseño? “Sí. Mi trabajo está muy basado en la línea y en el dibujo en el aire. Por un lado es un lenguaje propio y por otro es una manera de respetar el espacio de todos, ocupando el mínimo volumen para tratar de generar con él el máximo resultado. Me gusta que la gente camine y mire a través de mis obras”, afirma Garaizabal.

La Habana moderna en Coral Gables

Al otro lado de la ciudad, en un edificio histórico de la calle Aragón de Coral Gables, la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Miami ha presentado una exposición erudita, de arquitectos cubanos, algunos aún entre nosotros, que se destacaron en las medianías del siglo XX con un movimiento que se separó de las formas tradicionales y se forjó mezclando las influencias europeas modernas con lo que consideró eran rasgos de lo cubano.

La colección se ha nutrido de los archivos de la Fundación CINTAS, de la Bacardí, de History Miami, Miami Dade College y la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia. Ha contribuido a todo esto Meiyolet Méndez, que es “Interim Esperanza B. de Varona Chair”, de la Cuban Heritage Collection, de UM.

Deupi cuenta que al encontrar un libro del artista cubanoamericano Emilio Sánchez de dibujos sobre la arquitectura en Cuba, ya que él vivía en Nueva York, pero trabajaba mucho en la isla, se interesó en este tema, que no había sido su especialidad en la Universidad.


El decano que estaba en la UM cuando él llegó, Rodolphe el-Khoury, le pidió que siguiera trabajando lo cubano, pero buscando a arquitectos que tuvieran obra en los dos sitios: Cuba y el exilio. Entonces se puso en contacto con Lejeune y buscaron archivos en el Cuban Heritage Collection, de Batista, y de Nicolás Quintana, y en los de Emilio Fernández, Humberto Alonso y de la familia de Carlos Artaud. Ahora hay estudiantes trabajando con todo este material. Y habrá un sitio electrónico para enterarse de toda la historia. En otras palabras, es una colección en proceso.

Yo he entrevistado a muchos arquitectos cubanos, varios ya han fallecido, Osvaldo Tapia Ruano, que hizo su trabajo arquitectónico en España, y Nicolás Quintana, que trabajó en Miami, y ambos antes en Cuba, naturalmente. También me comuniqué con Max Borges hijo, el de los “arcos de cristal” de Tropicana, antes de que falleciera. Su hijo está cooperando con el archivo, me explicó Deupi y tengo fotos de sus construcciones, que me regalaron ellos dos. Viví muchos años en una casa construida por Max Borges padre, que se parece a la que vivo en Coral Gables, de estilo tradicional español con balcón, ambas de 1935. En los años 1950 fue Beatriz Masó de Moreno Fraginals quien fabricó mi casa en Cuba, en la calle Conill del Nuevo Vedado, al estilo de sus colegas de entonces: la escalera volada, el techo de hormigón armado inclinado y grandes persianas en las ventanas, todos rasgos modernistas de la época.

“Lo interesante de esa generación es que aunque tuvieron influencias extranjeras, españolas y francesas, mantenían las tradiciones cubanas”, comenta Deupi. “La casa cubana, como la describió Eugenio Batista, con persianas, portales y patios”.

“Esta expo es mi regreso a Cuba, con mucha pasión”, confiesa Lejeune. “Me he dedicado a la selección de las obras, la organización física y la planimetría de la exposición, la supervisión del trabajo de nuevas maquetas, etc. También he sido el autor de los textos e invité a mi alumna Gabriela Dines (de Argentina) a participar e investigar conmigo”.

Como arquitecto, urbanista, y profesor de arquitectura, Lejeune puede admirar el que en Cuba toda esa arquitectura ha quedado intacta. “En mala condición sí, pero existe. En Miami, casi todas las casas fueron demolidas o transformadas. Esta exposición es un trabajo con vista a ayudar a la preservación de las obras”


“Arquitectos como Mario Romañach y Martín Domínguez fueron profesores muy importantes en la Universidad de Pensilvania y en Cornell y con una reputación todavía importante”, dice Lejeune. “Es una paradoja que, al final, las obras mejores están en Miami, gracias al joven Hilario Candela, que se integró en un estudio dinámico: Pancoast, Ferendino, Grafton, Skeels and Burnham, y fue responsable del Marine Stadium, y los tres recintos de Miami Dade College en particular. También el edificio Bacardí es una de las pocas obras excepcionales en Miami”.

olconnor@bellsouth.net

‘Cuban Architects at Home and in Exile: The Modernist Generation’, hasta febrero del 2017, en el Museo de Coral Gables, 285 Aragon Ave., Coral Gables.

‘Balcón de La Habana’, desde el miércoles 23 de noviembre. The Pérez Art Museum Miami, 1103 Biscayne Blvd.

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