Cuba

Cartas ilustran vida de bailarina de EEUU casada con jefe de espionaje cubano

Lorna Burdsall, entonces de 70 años, muestra una foto suya con Fidel Castro durante una entrevista que se le hiciera en su casa de La Habana en el 2001.
Lorna Burdsall, entonces de 70 años, muestra una foto suya con Fidel Castro durante una entrevista que se le hiciera en su casa de La Habana en el 2001. AP

Ella fue una bailarina estadounidense, y la primera esposa del artífice de los servicios de espionaje cubano, Manuel Piñeiro Losada, más conocido como Barbarroja. Cartas recién redescubiertas de Lorna Burdsall arrojan detalles sobre su vida en Cuba, durante los vertiginosos años del comienzo de la revolución liderada por Fidel Castro.


Piñeiro dirigió el aparato de inteligencia cubano y de Seguridad del Estado por casi tres décadas, primero desde el Ministerio del Interior y luego desde el Departamento América del Comité Central del Partido Comunista Cubano, antes de morir en 1998 en un accidente automovilístico que en su momento levantó sospechas, pues Piñeiro recién había hecho declaraciones sobre unas memorias que estaría escribiendo. Hombre de confianza de Fidel Castro, estuvo encargado de las operaciones encubiertas para crear y apoyar a grupos guerrilleros en varios países de Centroamérica y América Latina, y muchos fueron los secretos que se llevó a la tumba.

Pero en 1955, apenas era un estudiante en la Universidad de Columbia en Nueva York, cuando se casó con Burdsall, una bailarina nacida en Connecticut, que estudió en la prestigiosa escuela Julliard y era miembro del Partido Comunista. Como hijo de un representante de la empresa Bacardí en Matanzas, Burdsall no podía imaginar la vida que le esperaba junto a él. Piñeiro se incorporó al Movimiento 26 de Julio dirigido por Castro y llegó a alcanzar el grado de Comandante del Ejército Rebelde.


A unos días del triunfo de los guerrilleros comandados por Castro, Burdsall, quien estaba en EEUU en ese momento, recibe dos telegramas de Piñeiro para que regrese a Cuba. Un tercero, es enviado desde Miami y está firmado por “Fifo” (uno de los sobrenombres con el que se conocía a Castro, aunque este obviamente se encontraba en Cuba), informando a Burdsall que su regreso por ferry estaba programado para el seis de enero.

“Este día recibirás dinero si quieres regresar”, dice el telegrama, que incluye un teléfono y una dirección de contacto en Miami. La hermana de Burdsall, Nedda, describe las gestiones apresuradas y “la emoción” de su partida hacia Cuba y se pregunta por el vestido que habría usado para asistir a la boda de Raúl Castro y Vilma Espín y cuyas fotos aparecieron en la revista Time.

Casi dos años después, la madre de Burdsall, preocupada por el paradero desconocido de su hija, escribió al Departamento de Estado en octubre de 1960 para que indagara en Cuba. La embajada en La Habana respondió que desconocía el paradero de Burdsall y de su hijo —Manuel Khalil Piñeiro, nacido en 1957 —, ambos registrados como estadounidenses.


“Su solicitud indica que ella está casada con el comandante Manuel Piñeiro y su dirección es la residencia del comandante Raúl Castro, Ciudad Libertad, Habana. Raúl Castro es el jefe de las Fuerzas Armadas de Cuba. El comandante Piñeiro es un alto funcionario en el servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas de Cuba. Por las razones anteriores, la Sra. Piñeiro ha tenido poco contacto con la Embajada y su paradero actual se desconoce”, indica una carta firmada por un funcionario del Departamento de Estado.

Los telegramas y las cartas de Burdsall—que están en venta—forman parte de una colección de 20 documentos obtenidos por la anticuaria Joy Shivar, quien publica un website para recuperar objetos y documentos de familiares. Dos cajas con correspondencia de Burdsall fueron adquiridas por el Cuban Heritage Collection en el 2013, tras la muerte de la bailarina en el 2010.

“Esta colección ofrece una mirada poco común sobre el caótico período de la Revolución cubana a través de los ojos de una mujer estadounidense que estaba profundamente involucrada y dedicada a la causa”, comentó Shivar.

Shivar descubrió los documentos en manos de un anticuario que los había comprado en una subasta realizada por la familia de Burdsall en Lexington, Kentucky. Miembros de la familia contactados por Shivar no mostraron interés en volver a comprarlos, explicó la anticuaria.


Pocos detalles afloran en las cartas sobre el trabajo o las muchas misiones de Piñeiro en América Latina, pero lo que sí aparecen son ejemplos de la vida privilegiada que vivió la bailarina estadounidense como miembro de una élite en el poder.

Una asistencia a una concentración el 26 de julio de 1964 en Santiago de Cuba fue precedida por un rato en la piscina y “luego el almuerzo con puerco asado”. Un cumpleaños de Piñeiro fue celebrado en el cabaret Tropicana. Entre menciones de actuaciones y galas con funcionarios extranjeros, la estadounidense destaca la preferencia de su esposo por unos dulces con suero de leche de queso cottage — en plenos años 70, marcados por la austeridad y la escasez.

Las misivas también estaban salpimentadas con observaciones sobre el éxito del gobierno revolucionario y sus políticas, Fidel Castro y los cubanos en general.


“Este primero de mayo fue un gran éxito. Todo el mundo está muy contento de que cortamos más caña, 59 mil toneladas más que la cuota de 5,100 000”, escribió en una carta de mayo de 1965. “Ayer fue el gran día, cuatro horas y media de desfile; a continuación, Fidel por dos horas y media — al parecer, los cubanos tienen más resistencia que la mayoría de la gente. El café cubano es muy estimulante”, agregó.

Leyendo la correspondencia entre Burdsall y su familia, salta a la vista que los miembros de la élite revolucionaria no se vieron demasiado afectados por la suspensión del servicio de correo postal directo entre la isla y Estados Unidos en 1963. No queda claro en las estampas en los sobres, si las cartas llegaban a EEUU a través de un tercer país o no, pero no demoraban más de dos o tres semanas. Burdsall y su familia en EEUU también intercambiaban alimentos y regalos, por ejemplo, unos tabacos “del mismo tipo de los que fuma Fidel”. En otra carta a su madre, la bailarina comenta que estaba recolectando regalos para enviar, algunos comprados por ella y “otros regalos de Checoslovaquia, la Unión Soviética, Corea, etc.”

La danza es, por supuesto, un tema central en varias de las misivas. Burdsall ayudó a fundar la Escuela Nacional de Danza y creó la compañía Danza Contemporánea y el conjunto experimental Así Somos. En 1977 se convirtió en asesora de danza moderna del Ministerio de Cultura. Pero la bailarina estadounidense no parece haber sido fan de Alicia Alonso, quien convirtió el Ballet Nacional de Cuba en un nombre con prestigio internacional pero, al mismo tiempo, impidió la entrada de aires más renovadores a su repertorio y estilo.


“El ballet tendrá su gran noche el miércoles con una nueva versión de La Bella Durmiente — pobre Petipa [en referencia al autor de la coreografía, Marius Petipa]. Ahora que ya no está bailando, se ha convertido en coreógrafa”, dijo refiriéndose a Alonso en una carta fechada en mayo de 1974.

Actualmente, una nieta de Burdsall, Gabriela Burdsall, vive en La Habana y es bailarina de la compañía que fundó su abuela. Ella y Piñeiro se divorciaron y este se casó de nuevo con la chilena Marta Harnecker, autora de manuales marxistas. Burdsall nunca se fue de Cuba, aunque viajaba ocasionalmente a Estados Unidos.

Nora Gámez Torres: @ngameztorres

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