Cuba

La integración de una niña cubanojudía a EEUU y la recuperación de la isla perdida

Behar fue pionera entre los académicos que intentan tender puentes con la isla.
Behar fue pionera entre los académicos que intentan tender puentes con la isla.

Una niña cubanojudía que huye a Estados Unidos con sus padres después de que Fidel Castro toma el poder y aterriza en la multicultural Nueva York es la protagonista de la primera novela de la antropóloga Ruth Behar, que tiene como objetivo enseñar a los niños estadounidenses sobre pertenencia, identidad e inmigración.

Cubanoamericana de origen judío, Behar es profesora de la Universidad de Michigan y ha estado viajando a Cuba desde hace décadas, donde se ha involucrado en esfuerzos para mantener viva la presencia judía en la isla.

Lucky Broken Girl (Penguin) recoge la propia historia de integración de Behar a la cultura estadounidense, así como su mirada etnográfica sobre la diversidad cultural que encontró en su niñez en Nueva York, según explicó en una entrevista con el Nuevo Herald esta semana. La autora sufrió un terrible accidente automovilístico a los nueve años y estuvo en cama por un año, una experiencia que revive a través de la protagonista “Ruthie”.

“Es mi novela debut, para lectores jóvenes... No hay mucha literatura sobre una niña que sea cubana, judía, que viva en Nueva York, que hubiera tenido esta experiencia de estar enyesada... Hay muchos factores idiosincráticos que se unen en este libro”, dijo Behar.

“Si hay un mensaje en la novela que es muy importante para los niños”, subrayó, es que “puede ser que tengas un cambio en tu vida y ya no seas la persona que fuiste antes, pero eso no es malo, lo tienes que aceptar”.

La novela, que saldrá a la venta en abril, viene acompañada de una guía para su enseñanza a niños de sexto grado, que gira en torno a la experiencia de los inmigrantes en Estados Unidos, el contexto histórico de Cuba y Nueva York en la década de 1960, la complejidad de la identidad cultural y el poder del arte y la cultura para “sanar”.

Behar forma parte de una generación de niños cubanos que emigraron a Estados Unidos después de 1959 y que intentaron reconectar con la isla cuando fueron adultos, en muchos casos, en contra de la voluntad de padres que perdieron todo y que “sufrieron mucho pues no tenían nada en contra de Cuba y no se querían ir. Nos dio una gran curiosidad por recuperar esta isla que nuestros padres habían perdido y ver dónde pertenecíamos”, comentó.

Después de su primer viaje a Cuba siendo estudiante en 1979 –durante una breve apertura con el gobierno de Jimmy Carter–, Behar comenzó a visitar la isla regularmente desde los años 1990. Cuando no estaba de moda hablar de intercambio cultural, editó el libro Puentes a Cuba/Bridges to Cuba, una antología de textos de escritores cubanoamericanos y cubanos residentes en la isla.

“En ese momento nadie estaba haciendo ese tipo de proyectos, uniendo las voces de los cubanos de aquí y de allá. Fue un proyecto un poco loco antes de la internet. Ibas, conocías gente y a veces te daban la única copia que tenían del manuscrito de un poema”, rememoró. “Había mucho interés en publicar en Estados Unidos y yo misma fui el puente”, explica Behar, y agrega que su interés era establecer conexiones, no con el gobierno de la isla como sugirieron algunos críticos, sino con las personas y su cultura.

Durante sus viajes a Cuba, la escritora y académica se ha involucrado profundamente con la comunidad hebrea en la isla, unas mil personas, según sus propios estimados. A partir de la década de los 1990 y en parte gracias a la ayuda proveniente de Estados Unidos, descendientes de judíos en la isla comenzaron a instruirse en la religión y la cultura de ese grupo y a revitalizar los cultos en las sinagogas. A inicios de los 2000, Behar produjo el documental Adio, Kerida sobre sus raíces cubanas y sefardíes. Su libro An Island Called Home: Returning to Jewish Cuba, se ha convertido práctimente en una guía de viaje para grupos de judíos estadounidenses que viajan a la isla.

“La comunidad judía en Cuba ahora es pequeña pero muy preparada. Ellos no tienen rabino en Cuba pero hacen los rezos, los ritos del shabath, fiestas como janucá”, explica la autora, quien destaca “el tremendo interés en la comunidad judía norteamericana en conocer y ayudar a esta comunidad judía en Cuba”.

La semana pasada, Behar viajó a La Habana para la presentación de la ópera Hatuey, un proyecto en el que ayudó a conectar a sus compositores, los estadounidenses Frank London y Elise Thoron, con la compañía cubana Opera de la Calle, que interpretó la obra. La ópera está basada en un poema de 1931 – en yiddish– de un escritor ucranianojudío que llegó a Cuba huyendo de los pogromos. Behar también organizó un concierto en el patronato de La Habana, la sinagoga Beth Shalom en la zona del Vedado, en La Habana, con asistencia de miembros de las distintas denominaciones de la comunidad hebrea en la isla y con canciones en hebreo, ladino y yiddish.

La escritora y académica, la primera latina en recibir una beca MacArthur, en 1988, también creó el programa de estudios en Cuba de la Universidad de Michigan, gracias al cual los estudiantes llegan a pasar tres meses en la isla, y que dirigió por tres años.

¿Qué puede aprender un estudiante universitario estadounidense en Cuba?

“Hay muchos temas que estudiar en Cuba, primero toda la transición del socialismo al capitalismo... por lo menos al nivel económico”, explica Behar. “Para el que le interesa el arte, Cuba es muy rica en las artes visuales, en la danza, en la música y por supuesto la cultura afrocubana”.

Los estudiantes adquieren “una perspectiva de una sociedad que está tan cerca pero que es muy diferente de Estados Unidos” y aprenden “cómo Cuba ha vivido con el embargo y con esta relación tan tensa”. Son todas estas “contradicciones, por ejemplo, si la gente es libre o no es libre”, o las huellas de la riqueza evidente en la arquitectura habanera en un país que vive hoy “en el subdesarrollo”, lo que a su juicio resulta de más interés a los estudiantes.

En su influyente y polémico libro The Vulnerable Observer, que cumplió 20 años de escrito en el 2016, Behar cuestiona la objetividad en la antropología y “la observación fría... este modelo de antropólogo que tiene que ser una persona que está distante de la cultura” que está estudiando, lo que a su juicio es también “una mirada muy masculina”.

Behar reconoce que los sujetos estudiados muchas veces comparten información “muy íntima” que los pone en una situación vulnerable, al tiempo que estas historias también impactan emocionalmente a los investigadores. El consejo a los estudiantes de antropología: “No hagas nada que pueda dañar a las personas que te han prestado sus historias; si crees que los puede dañar, no lo escribas”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

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