Cuba

Activistas afrocubanos intentan romper tabúes raciales sin agotar paciencia oficial

Norberto Mesa Carbonell, fundador de la Cofradía de la Negritud, y profesora Katrin Hansing en la conferencia celebrada en Harvard el 14 y 15 abril.
Norberto Mesa Carbonell, fundador de la Cofradía de la Negritud, y profesora Katrin Hansing en la conferencia celebrada en Harvard el 14 y 15 abril. El Nuevo Herald

Casi disculpándose “porque no quiere poner mala la cosa”, Norberto Mesa Carbonell –ingeniero agropecuario retirado, devenido por la crisis económica en maletero de hotel y parqueador– cuenta al resto de los participantes en un reciente evento sobre los logros y desafíos del movimiento afrocubano, cómo fue arrestado después de intentar celebrar el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial.

“Estuve preso, hace ocho días estuve en un calabozo”, dijo el activista y fundador de la Cofradía de la Negritud en el evento celebrado en el Instituto de Investigaciones Afrolatinas en el Centro Hutchins de la Universidad de Harvard el 14 y el 15 de abril, con la participación de una treintena de activistas, intelectuales, emprendedores y músicos de la isla.

“La Cofradía de la Negritud durante nueve años estuvo haciendo una actividad ese día [21 de marzo] y este año había un programa hecho público… Y sin embargo esa actividad se mandó a prohibir desde la oficina del segundo secretario del Partido Comunista”, dijo.

Se hizo un incómodo silencio y la sesión continuó.

Desde entonces, quedó suspendida una pregunta en el aire: ¿cómo puede un movimiento cívico que busca combatir el racismo en Cuba, avanzar significativamente más allá de los límites que impone el gobierno?


Los casos de varios proyectos discutidos en el evento son ilustrativos de las tensiones que vive un movimiento que, si bien dice reconocer los logros del proyecto social “revolucionario”, pretende avanzar su plataforma antirracista en un contexto en que el Estado controla todas las organizaciones legales.

“En un país tan vertical si quieres cambiar la educación, tienes que contar con el gobierno, si quieres cambiar la televisión tienes que hablar con el gobierno, porque es una televisión pública”, comentó el activista y ensayista Roberto Zurbano durante el evento. “Ese es el país en que vivimos y en el que hemos logrado resolver algunas cosas”, añadió.

En un país tan vertical si quieres cambiar la educación, tienes que contar con el gobierno, si quieres cambiar la televisión tienes que hablar con el gobierno, porque es una televisión pública.

activista

Quienes participaron en la reunión “han seguido como estrategia mantener una interlocución con el Estado” porque consideran que las soluciones a temas como la discriminación racial y la racialización de la desigualdad “pasa por la formulación de políticas públicas”, comentó a el Nuevo Herald el profesor Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigaciones Afrolatinas y uno de los organizadores de la conferencia.

No son pocos los logros obtenidos por el movimiento afrocubano, que se ha diversificado y ha colocado en la opinión pública el debate sobre el racismo, señaló de la Fuente. A nivel de los barrios, han proliferado varios proyectos que, con menor o mayor apoyo estatal y muchas veces a contrapelo de la burocracia, trabajan para empoderar a los afrodescendientes.


Pero el hostigamiento a las actividades de la Cofradía de la Negritud –que surgió en 1998 para denunciar y combatir lo que sus fundadores percibían como una creciente desigualdad social “con un fuerte componente racial”–muestra lo que puede suceder cuando organizaciones independientes, que carecen de reconocimiento legal, intentan ir más allá de un enfoque cultural –más aceptado por el gobierno– para combatir el racismo.

“Si se va hablar de desigualdad social y de desigualdad racial, es necesario tomar en cuenta la dimensión histórica y cultural, pero lo más importante es la gente que está abajo, que está pasando mucho trabajo y no está viendo la posibilidad de salir de la situación en la que están a corto plazo”, comentó Mesa durante su presentación en Harvard y señaló que una intervención en este terreno implica necesariamente entrar en la política, lo que ha distanciado a la Cofradía de otros proyectos.

Durante años, la Cofradía buscó activamente la intervención del Estado para tratar temas como el desigual acceso de los afrodescendientes a la educación y es probable que este tipo de presión desde abajo, haya contribuido a medidas como la transmisión de repasos por la televisión estatal para ayudar a estudiantes cuyas familias no pueden pagarlos de manera privada.


Pero en los últimos años, la frustración de Mesa ante lo que percibe como inacción del Estado ha ido en aumento.

“Hay que hablar de esas cosas y estamos volcados a crear conciencia en las personas, no en el Estado, porque el Estado sabe lo que está pasando. Hay estudios de los centros de investigación que señalan lo que está pasando y sin embargo faltan acciones por parte de las autoridades”, agregó.

Instituciones para combatir el racismo

Parte del problema es que no existen en Cuba instituciones públicas específicamente dedicadas a luchar contra el racismo, como en otros países latinoamericanos, comentó de la Fuente. Y las estructuras que existen, como la Comisión Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), responden a una agenda estatal, dijeron varios activistas.

“¿Qué diálogo? No existe un mecanismo de diálogo [con el Estado]. ¿Qué funcionario cultural crees que me va a aguantar esta descarga?”, comentó un intelectual durante una de las cenas del evento.

En ese contexto, la breve vida del capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente (ARAC) –una organización que nació oficialmente en mayo del 2013, según una versión por la presión desde abajo de líderes afrodescendientes de Cuba y América Latina, y según otra, como una idea del Estado– llama la atención, por ser esta una organización que pretendía unificar el movimiento y “transitar de grupo de interés a grupo de presión” para combatir la discriminación racial, según explicó la activista Gisela Morales durante el evento.


La ruptura que sobrevino después, señaló la investigadora Gisela Arandia “fue de tipo institucional. ¿De quién fue la decisión de que eso quedara en una entelequia?”

“La capacidad de negociación con el Estado no es la misma que entre nosotros”, continuó. “El Estado aceptó ese proyecto y muchos de nosotros… pensamos en nuestro interior y no lo dijimos que era una trampa, que era una jugada de engaño”.

La capacidad de negociación con el Estado no es la misma que entre nosotros.

Gisela Arandia, investigadora

El caso de ARAC es particularmente interesante, señaló la antropóloga Maya Berry, porque fue un intento de reconocer “la afrodescendencia como un proyecto político” autónomo y mismo tiempo, de buscar legitimidad dentro del escenario cubano, donde los “guiones para la relación de los negros con el Estado son muy limitados”.

El testimonio del rapero Soandres del Río, de Hermanos de Causa, más claramente ilustró las consecuencias de intentar crear estructuras independientes del Estado cubano, en este caso para producir el Festival de premiación del rap Puños Arriba. Del Río también participó en un proyecto de intercambio cultural con el Miami Dade College, con becas otorgadas por la Fundación Nacional Cubano Americana. Como resultado, el rapero perdió el estatus “protegido” de artista y ha recibido el trato usualmente destinado a los opositores.

“Ahora mismo tengo todos los teléfonos de la casa pinchados por la Seguridad del Estado...Yo no puedo cantar en Cuba”, aseguró.

La mayoría de raperos y otros jóvenes vinculados al Festival ya no están en la isla debido al hostigamiento de las autoridades, comentó. “Tienen mucho miedo a que la gente se una y tengan una pasión común”, dijo en referencia al hip hop, un movimiento que fue pionero en la denuncia del racismo en Cuba. También “hay miedo a la palabra ‘independiente’”.

Soandres tiene una opinión mucho más negativa sobre la relación con el Estado.


“En el caso del rap lo que había era un patrón de choque... La institución [estatal] ha hecho un papel de virus troyano con respecto a nosotros: se ha introducido y cuando vienes a tener los síntomas, ya es demasiado tarde. Se introdujeron y han desarticulado un movimiento tan bello como ese”, opinó.

En el caso del rap lo que había era un patrón de choque... La institución [estatal] ha hecho un papel de virus troyano con respecto a nosotros...

Soandres del Río, rapero

Los casos de Mesa y del Río ilustran la fina línea que caminan estos activistas. Más de uno ha perdido su empleo — Zurbano, por ejemplo, perdió su puesto de editor en Casa de las Américas porque no gustó un artículo suyo publicado en el New York Times — y el miedo a hablar con la prensa de Miami se mantiene aún entre aquellos que se identifican, incluso, como radicales. Varias académicas no fueron autorizadas por el Partido Comunista para participar en el evento.

“¿Por qué Miguel Barnet [escritor y presidente de UNEAC] puede venir [a EEUU] a decir lo que nosotros hacemos y nosotros no? Porque es una voz autorizada”, comentó una activista que habló en condición de anonimato por miedo a represalias. “El Estado paga nuestros salarios”, dijo. Otro comentó que de regreso a Cuba esperaba algún tipo de represalia, pese a que el evento fue organizado por una prestigiosa universidad y no fueron invitados miembros de organizaciones opositoras como el Comité para la Integración Racial (CIR).


El diálogo con estas organizaciones también parece un tema pendiente y la decisión de negociar o no con el Estado parece ser una firme línea divisoria entre estos grupos. Inicialmente, de la Fuente explicó que las organizaciones opositoras no habían sido invitados porque el tema racial no era el eje central de sus plataformas, lo que generó las críticas de quienes consideraron que este es un acto de exclusión.

De la Fuente declaró a el Nuevo Herald que “lo que se consensuó no fue la exclusión de nadie sino la participación de los que iban a venir y ese proceso dejó gente fuera, no sólo de la oposición..., no porque no merecieran estar aquí, sino por que los recursos no son ilimitados”.

“Me parecen saludables y útiles las críticas y que se debata cuál es el impacto de mantener un interlocución con las autoridades cubanas”, subrayó.

Para combatir el impasse, Zurbano cree que la creación de “instituciones propias”, en diálogo con el Estado, debe ser el próximo objetivo del movimiento afrocubano.

Del Río propone un camino distinto: “Independientes, podemos hacer muchas cosas, lo único que tenemos que hacer es estar organizados”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

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