Cuba

Los Balcanes, vía de escape y callejón sin salida para los cubanos

Fernando Soria, de 51 años, junto a otra migrante cubana en Serbia
Fernando Soria, de 51 años, junto a otra migrante cubana en Serbia

Fernando Soria tiene 51 años. Salió de Cuba hacia Moscú hace casi un año con la esperanza de llegar a Europa Occidental a través de Rusia. Después de meses de travesía, está varado en Serbia junto a más de una decena de sus compatriotas que comparten destino con miles de refugiados sirios, afganos y magrebíes.

“Intenté irme de Cuba cinco veces en balsa pero no pude llegar a la costa de Estados Unidos, por eso me repatriaron”, cuenta Soria. El último de esos viajes frustrados fue en noviembre pasado.

“Como ya no existe [la política de] pies secos, pies mojados, no me quedó más remedio que hacer este viaje”, dice. Siempre estuvo “en contra del sistema” y buscando “la libertad” que no tiene en su país, agrega para justificar su decisión de irse de la isla.


Cuenta que le demolieron la casa donde vivía y que lo encarcelaron por venta ilícita cuando los negocios propios todavía no estaban regulados por el gobierno. Su antipatía por las autoridades de la isla se ha alimentado desde entonces. Por participar en un movimiento opositor en La Habana le prohibieron el acceso al empleo en el sector estatal.

Soria decidió marcharse a Rusia porque ese país no le exigía visado para entrar a Europa. “Llegué a Moscú con 300 dólares en el bolsillo”, cuenta.

Una vez en Rusia, trabajó en lo primero que encontró, pero la vida en la capital rusa se le hizo insoportable. “Sin permiso de trabajo, sin dinero para pagar una renta, vendí lo poco que tenía y compré un boleto aéreo a Montenegro”, cuenta.

El director general de Migración en Panamá, Javier Carrillo, habla sobre la postura de su país ante la crisis migratoria cubana. ​

Esa república balcánica y la vecina Serbia son dos de las rutas más usadas por miles de refugiados sirios y africanos que tratan de llegar a la Unión Europea. Según la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), sólo en el 2016 más de 1.2 millones de personas presentaron solicitud de asilo en la Unión Europea.

Las fronteras de la Unión Europea colindan en una estrecha y muy custodiada franja con Montenegro, por lo que Soria decidió cruzar hacia Serbia con la idea de seguir hacia Croacia.

“Tengo miedo”, dijo. “Este es un lugar muy peligroso, aquí las bandas rivales se matan entre sí y te desaparecen. Estamos atrapados en el medio de la nada”.


Además, cuenta Soria, las relaciones entre los cubanos y los migrantes de otras latitudes suelen ser difíciles. “Aquí hay gente de todo tipo, que no tiene nada que ver con nosotros y no nos entiende. Algunos de ellos son violentos”, añade.

Otro cubano, Orguield Ocaña Díaz, de 38 años, intentó cruzar la frontera croata-serbia hace una semana junto a un grupo de migrantes. Dice que las autoridades fronterizas los golpearon con porras y los devolvieron al lado serbio de la frontera.

“Quieren que tramitemos el asilo desde Serbia, pero eso es un proceso lentísimo que no lleva a ningún lugar. Si pudiéramos llegar a Zagreb [Croacia] nos darían asilo político por ser cubanos”, especula.

Una pareja de migrantes escogen la selva en América Central antes que enfrentarse a la ley en Cuba.

Ocaña y Soria están en Camp Principovac, en el pueblo de Šid, justo en la frontera occidental de Serbia. Jorge C. Montaña, otro emigrante cubano que está en Montenegro, dice que están desesperados, “en el fin del mundo, sin hablar el idioma y sin familia”.

Estos no son los primeros cubanos que han pasado por los países balcánicos tratando de llegar a Europa. Según la Organización Internacional de las Migraciones, decenas de ellos han emprendido esta ruta para llegar a la Unión Europea a través de países que no les exigen visado.


“No nos quieren dejar pasar la frontera porque al final todo esto es un negocio. Los europeos dan dinero para los campamentos de refugiados y mientras más refugiados haya, más dinero pueden tener las autoridades serbias”, se aventura a decir otro migrante cubano que pide no ser identificado.

En el 2015, Europa destinó casi $600 millones para atender a los refugiados y asistencia a los países de tránsito. No obstante, muchos miembros de la Unión Europea que antes permitían el paso de los migrantes han adoptado políticas de puertas cerradas.

La voz de este migrante anónimo pone palabras a lo que muchos otros en su situación anhelan: “Lo único que queremos es que nos dejen llegar a España para continuar con nuestras vidas”.

Decenas de migrantes indocumentados cubanos se encuentran viviendo en la Ciudad de Panamá realizando trabajos sin autorización a la espera “de un milagro.”

Siga a Mario J. Pentón en Facebook y Twitter: @mariojose_cuba

Este artículo es parte de un convenio entre el diario cubano 14ymedio y el Nuevo Herald.

  Comentarios