Cuba

Réquiem por la Lenin, un ‘ícono’ de la educación castrista que espera su final

Fidel Castro y Leonid I. Breznev en la inauguración oficial de la escuela en 1974. Atrás, a la izq., Osvaldo Dórticos Torrado, que todavía era presidente nominal de Cuba.
Fidel Castro y Leonid I. Breznev en la inauguración oficial de la escuela en 1974. Atrás, a la izq., Osvaldo Dórticos Torrado, que todavía era presidente nominal de Cuba.

Eran las 6 de la tarde de un domingo de la década de los 1980, y un pequeño mar de “azulejos”– así los llamaban por el uniforme azul que usaban los estudiantes de La Lenin–, esperaba en el “punto”, el lugar de la Ciudad Deportiva habanera donde los recogían las miniguaguas oficiales.

Las “aspirinas”, como las apodaban los cubanos por su capacidad para aliviar el dolor de cabeza que representaba el transporte en la isla, debían transportarlos para empezar otra semana de estudio en la sede de la flamante escuela.

Esos “puntos” desde donde salían los estudiantes, y por extensión toda la Escuela Lenin, era un microcosmos de la sociedad “revolucionaria”, formada por gente de a pie que había venido en autobús a despedir a sus hijos, y por los “tirapuertas”, como llamaba una mujer a los hijos de los “pinchos” que llegaban con evidente arrogancia en sus autos Ladas color “azul ministro”, tirando las puertas con gesto de “aquí llegué”.

Era esta la clase privilegiada por el castrismo, que no solo se componía de profesionales, funcionarios y cargos públicos sino, sobre todo, de gente fiel a la cúpula de Fidel Castro. Ellos eran los protagonistas y los demás el coro necesario para la imagen de educación igualitaria que buscaban mantener, para mostrar cuando vinieran los extranjeros a comprobar uno de los logros de la Revolución.

La Escuela Vocacional Lenin, hoy llamada Preuniversitario de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin, está ubicada en el kilómetro 3 de la carretera del Globo, cerca del pueblo de Calabazar y del parque Lenin. Como paisaje de fondo tiene las “tetas de Managua”, un par de lomas al sur de La Habana, que le daban un toque bucólico al encierro de los pupilos de vanguardia, que se suponía eran elegidos entre los mejores expedientes de sus escuelas primarias para estudiar en la institución de élite del país, internos de domingo a viernes, desde séptimo a duodécimo grado.

Toda una vida si así se mira, en la que se combinaban las risas, granos y noviazgos que les tocan a todos los adolescentes del mundo con las consignas políticas que vienen por decreto en los regímenes totalitarios.

Escuela-vitrina

Había sido inaugurada en enero de 1974 por Fidel Castro, como el vehículo perfecto para crear el “hombre nuevo”.

Estuvo acompañado en aquella ocasión por el premier soviético Leonid I. Breznev, quien había abierto una vez más la chequera para que los mejores estudiantes de su satélite en el Caribe tuvieran unas magníficas instalaciones: laboratorios de ciencias equipados con artefactos que no soñaban tocar jamás alumnos de otras escuelas; dos piscinas olímpicas; un tanque de clavados; campos deportivos; cine; museo; anfiteatro, murales artísticos de Mariano Rodríguez, Servando Cabrera Moreno y Luis Martínez Pedro, y por supuesto, las industrias deportiva y de radio, los campos de cítricos y el huerto.

El régimen de internado combinaba las jornadas de clases con el trabajo y eran los mismos estudiantes quienes cultivaban las lechugas que se comían, y limpiaban los dormitorios y lustrosos pasillos que encandilaban a los visitantes.

La Lenin, que ya convertida en Pre de Ciencias Exactas fue viviendo su propia decadencia, hoy está a punto de desaparecer, según informa Diario de Cuba, tomándolo a su vez de un post en la página de Facebook del portal de la revista oficial cubana Juventud Técnica.

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La escuela recibía a los estudiantes con mejor expediente académico, y en sus años dorados, exigió que se mantuviera un nivel educacional alto.

“Me sorprende [el posible cierre de la escuela]. Sabía de la debacle del sistema educativo cubano, pero no pensaba que llegara tan lejos como para arrastrar consigo su ‘joya’ más preciada. Al menos si se habla de las escuelas creadas después de 1959 en los niveles primario y medio”, comenta el escritor Enrique del Risco, que entró en la Lenin para hacer el preuniversitario en 1982.

“No sabía siquiera que desde hace tiempo la escuela funcionaba apenas un tercio de lo que había sido antes. Pero más que síntoma de la decadencia de la educación en Cuba es una muestra del desinterés de las clases dominantes cubanas por siquiera disimular lo poco que les importa dicha decadencia: resuelto el problema educativo de sus hijos y nietos con las escuelas privadas extranjeras que se han ido abriendo en Cuba, todo el discurso igualitario al que todavía echan mano se hace cada vez más vacío”.

Del Risco la considera una escuela-vitrina en la que muchas de sus instalaciones solo se usaban en caso de visitas de delegaciones nacionales o preferiblemente extranjeras.

“Piscinas que apenas fueron llenadas tres o cuatro semanas en el curso de tres años; tabloncillos que se pasaban la mayor parte del tiempo cerrados y de pronto te halaban, te daban un short y te metían a correr detrás de una pelota para que un grupo de extranjeros se asombraran de la buena vida que nos dábamos; laboratorios de idiomas que nunca vi por dentro. Y no es que soportáramos callados esas falsedades porque mucho que las criticamos en cuanta reunión había”, recuerda el escritor, que reside en Nueva Jersey.

Para algunos ex alumnos de la Lenin, muchos exiliados fuera de Cuba, no es un orgullo haber asistido a una escuela donde estudiaban los hijos de Raúl Castro y de Ernesto “Che” Guevara, donde se educaban los hijos de los guerrilleros de Latinoamérica a los que Cuba daba refugio hasta que hubiera en su país un cambio de gobierno propicio a su ideología izquierdista, y de muchos ministros de la época –algunos caídos en desgracia más tarde en el eterno proceso de “devorar a sus propios hijos” que ha sido la revolución cubana.

Alto nivel académico

Hoy, sin embargo, la mayoría lamenta el cierre de un experimento de cuatro décadas que fue parte de su vida. Allí, como reconocen muchos, hicieron amistades duraderas, y en medio de carencias, trataron de sacar lo mejor de lo que consideran el alto nivel académico que ofrecía la escuela.

Un hombre de la raza negra golpeó la estatua de Fidel Castro en una exposición dedicada a líderes históricos del museo Madame Tussaud en Nueva York. En las imágenes, subidas a YouTube el hombre increpa a la estatua con un lenguaje obsceno. "Quiero

“Era una escuela, como decía el nombre, vocacional. Te daba hábitos de estudio, disciplina laboral, te involucraba con cultura, con deportes y te enseñaba a ser independiente”, dice Idarmys González, cuyo apellido de soltera es Prieto, quien reside en Miami y tiene una carrera como directora de mercadeo y admisión en instituciones para el cuidado de ancianos.

“Teníamos que limpiar, lavar, mantener el albergue limpio. Desde el punto de vista de formación, tienes que levantarte a una hora temprana y cumplir una norma, como hacíamos cuando trabajábamos en la industria deportiva [de la escuela]”, añade González, que está consciente que ese trabajo que hacían los estudiantes no era remunerado.

“La única diferencia es que aquí trabajas y te lo pagan”, apunta cuando se le recuerda que en otros países los adolescentes y estudiantes universitarios reciben un salario por su trabajo. “La escuela no era tan gratis, porque se pagaba con el trabajo”, dice, apuntando que “estábamos resolviendo los problemas de los deportistas, haciendo pelotas y ropa”.

Lenin
El uniforme azul debía usarse de manera estricta, aunque los alumnos desarrollaban su creatividad en la moda tratando de violar el reglamento con faldas más cortas o más largas y holgadas, según la moda interna del momento. En el brazo se llevaba un monograma rojo con el símbolo del átomo y un libro abierto.

Por su parte, a Raisa Rojo, que fue alumna de la Vocacional Lenin del 1980 al 1986, en el mismo curso de González, le preocupa el cierre de la escuela porque significa el abandono de una institución que ponía énfasis en la enseñanza de las ciencias.

“Mi preocupacion actual ante el cierre de la escuela es el poco estímulo y remuneración a los hombres y mujeres de ciencias o letras de este mundo. Cada vez se motiva menos al estudio”, dice la doctora en medicina, que reside en República Dominicana.

También para muchos era importante que la escuela contara, sobre todo en sus primeras décadas, con un buen claustro de profesores, mejores preparados que quizás en el resto del país, quienes se formaron en muchos casos antes de 1959.


¿Es entonces verdad eso que se dice de que los que estudiaban en la Lenin se creían superiores?

“No creo que nos creíamos mejores, pero sí éramos muy competitivos y capaces. Lo veía en los concursos nacionales a los que asistí”, opina Rojo. “Y el ego lo teníamos alto, no solo por la Lenin, sino porque éramos los mejores en cuanto al promedio [académico] en nuestras escuelas primarias de procedencia”.

Del Risco cree que una vez que se entraba a la Lenin, la escuela podía ser una “cura de humildad”.

“De ser los primeros expedientes con las notas más altas en sus respectivas escuelas, la mayoría pasábamos a ser estudiantes promedio donde solo unos pocos sobresalían”, dice.

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La Escuela Lenin fue construida en el sistema Girón, que sigue el estilo prefabricado de la arquitectura socialista. En un principio se componía de seis unidades o miniescuelas, tres de nivel secundario y tres de preuniversitario. Algunas tenían hasta 500 alumnos. Imágenes de divulgación

González toma la supuesta arrogancia de los ex alumnos con humor.

“No nos creíamos mejores. Creo que éramos mejores. La gente que estudiaba en la calle [no en régimen interno] iba a su casas todos los días, pero nosotros teníamos un régimen estricto de disciplina. Estudiábamos de madrugada porque el nivel que se nos exigía era más alto que en otras escuelas. Las transición del preuniversitario a la universidad era más fácil para los estudiantes de la Lenin”.

Ese régimen con carácter demasiado militar no era atractivo para todos. “Eran seis años de una vida bastante enclaustrada, siguiendo las mismas rutinas, conociendo a las mismas personas, compartiendo vida con ellos: era inevitable que tuvieran modos de convivir y hasta hablar muy específicos”, recuerda Del Risco.

Es innegable que la Lenin es una de las escuelas más grandes y con mayor tradición en los últimos 50 años de historia cubana, “gracias sobre todo a que las anteriores fueron eliminadas”, enfatiza Del Risco, que reconoce que donde quiera que se encuentran antiguos estudiantes establecen una complicidad muy especial.

“Los pobres que se encuentran en medio de ese intercambio no saben qué hacer porque no entienden nada de lo que decimos. Y los compadezco”, concluye del Risco lamentando el cierre porque “los muchachos que no pertenecen a las élites tienen menos oportunidades de acceder a una educación de calidad”.

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