Cuba

Orlando Luis Pardo: ‘Cuba habrá que refundarla con los cubanos del exilio’

Orlando Luis Pardo presenta el libro de crónicas ‘Del clarín escuchad el silencio’ el viernes 12, 8 p.m. en Altamira Libros, en Coral Gables.
Orlando Luis Pardo presenta el libro de crónicas ‘Del clarín escuchad el silencio’ el viernes 12, 8 p.m. en Altamira Libros, en Coral Gables. OLPL

Orlando Luis Pardo Lazo quizás no tenga la típica foto del bebé llorando mientras el sacerdote le echa el agua en la cabeza sobre la pila bautismal. O la de la primera comunión, con el rosario en una mano y el libro de oraciones en la otra, mirando al cielo de la iglesia.

Pardo nació en La Habana en 1971 y para entonces muy pocos niños en la Cuba atea se bautizaban. Los que lo hacían era casi de manera furtiva, con poco tiempo para fotos. Pero su caso es una de esas raras excepciones que bien valen una anécdota.

“En una mañanita fría de enero de 1972, cuando regresaba de bautizarme en el convento de Lawton, a mi madre, conmigo en brazos, le vaticinaron que sería presidente”, cuenta el escritor.

“Salí de Cuba el martes 5 de marzo de 2013. Nunca he regresado. Cuando vuelva, será para presidir el primer gobierno de transición hacia la democracia”, así responde a la pregunta de el Nuevo Herald: “¿Volverías a la isla en caso de un cambio de gobierno o antes incluso?”.

Y su respuesta puede ser en broma, o todo lo contrario. Pero que un cubano tenga fe en que sus aspiraciones políticas puedan cumplirse es una muy buena noticia. Un tan buen augurio que nos arriesgamos a que el presidente sea un escritor, incluso pasando por alto el historial de fracasos de estos en el poder.

Si hay un escritor cubano que habla de política, es él. Las 59 crónicas periodísticas que componen Del clarín escuchad el silencio (Ediciones Hypermedia), que presenta este viernes 12 en la librería Altamira de Coral Gables, narran su “Cuba personal”.

Así cuenta un momento clave de la historia, la caída del muro de Berlín, desde la perspectiva de la isla, en una de estas crónicas, Hablábamos con horror de eso mismo.

“Las pedradas del muro de Berlín comenzaban a caer desde Beijing hasta Panamá. Uno de esos ladrillos se fue de órbita y tumbó al Sputnik (selección de selecciones en español de la prensa soviética, que circulaba perestoikamente en La Habana, causando la alarma de la casta proletaria en el poder). Fidel se puso muy serio. Ojeroso, desencajado. Creo recordar que encaneció en muy pocas semanas: una marioneta de María Antonieta. Perdió los dientes y le pusieron implantes”.

Están escritas con “un estilo excesivo que por momentos ronda con la ficción. Ahora, en plena transición del castrismo al neocastrismo, este libro representa el testimonio de un hombre solo, de un cubano sin contemporáneos. Es un primer paso para entender nuestro desierto civil y nuestra perversa posnacionalidad”, dice.

Pardo, que reside ahora en Saint Louis, Missouri, donde completa un doctorado en literatura comparada en Washington University, comenzó a afianzar su voz contestataria dentro de la isla en los blogs Lunes de Post-Revolución y Boring Home Utopics.

En Estados Unidos ha participado en varias antologías, como Cuba in Splinters, en la que reunió relatos de 11 narradores cubanos de la llamada Generación Año Cero, en el 2014, y El compañero que me atiende (Hypermedia, 2017), compilada por Enrique del Risco.

Calificas Del clarín escuchad el silencio como ‘un grito, chillido quebrantadientes de un lobo estepario en medio de la Latinoamérica más árida’. ¿A qué te refieres exactamente? Hablas de rabia. ¿Qué emociones esperas conseguir en el lector?

Este libro es un acto de fe. Y toda fe emana de una desesperación insoluble. Mi libro aún no tiene lectores. Es un libro que viene del futuro, aunque esté hecho de pura prehistoria patria. Sólo existe una emoción humana: darse cuenta de que estamos vivos. Ojalá mis palabras la provoquen. Eso depende de ti.

¿Es un libro político? En España lo presentó Rosa María Payá. Es curioso que no elijas a un escritor para que te presente.

Rosa María Payá es la cubanía cristalizada en clave de futuro. Los escritores cubanos tienden a ser todos unos reaccionarios, esclavos estéticos del pasado y títeres sin ética del presente. Desearía no ser ni siquiera leído por ellos. Además, como sufren de politicofobia, ellos tampoco nunca accederían a presentarme a mí. Ya lo viví en Cuba: los cubanos salen huyendo de OLPL como si yo fuera la peste. Ese tufo albañal que los espanta en masa es el olor de la libertad.

Hablas de ‘un pugilato entre el autor y la autoridad en Cuba’. A qué te refieres específicamente con esta frase.

Hablo de la tensión existente entre lo que narra el Estado y lo que narra un intelectual. Casi ningún cubano quiere exponerse al asumir ese reto. Por eso en Cuba muy pocos autores y artistas son intelectuales. Habitan entre la hipocresía y la ignorancia. El escritor hoy en Cuba es tan cínico como su censor: uno y otro se niegan mutuamente. El castrismo externo ha pasado a ser endocastrismo: se reproduce en cada palabra y en cada silencio. La literatura cubana está suicidándose: no crea un nuevo tipo de lector, sino que aspira a reproducir al lector del siglo XX a perpetuidad, en una suerte de panpadurismo global.

Ladislao Aguado (director de Hypemedia) dice que por el libro desfilan muchos muertos. Uno de esos muertos es García Márquez, ¿cómo lo recuerdas ese día del encuentro en la Plaza de Armas?

Como un señor muy viejo con una lujuria de poder muy grande. Parecía un primer ministro. También parecía darse cuenta de que no lo era. Gabriel García Márquez terminó sus días en la Cuba totalitaria como una de sus propias putas tristes cubanas.

En ‘Espérame en el capitalismo, mi amor’ (una de las crónicas), pareces otra voz. Te dueles por la suerte de una amiga que una cónsul cubana le prohíbe entrar a su país. Es como verte desde otro ángulo que sorprende. Siempre pareces rabioso, combativo, a punto de saltarle al cuello a alguien, y aquí pareces tierno. ¿Cuál es el verdadero Orlando Luis Pardo cuando se quita la máscara de tanta política?

Ser político me hizo hombre en medio de una plebe incivil y literárida. La política me humanizó en plena Cuba dictatorial de los Castros. No hay ternura que no sea política. Lo humano es la máscara: la verdad es siempre inhumana.

Hablas de Cuba en varias épocas: la caída del Muro, el Período Especial, ¿cómo crees que es la Cuba de hoy? ¿Qué es lo que más te preocupa?

Cuba ya no es una nación. Por eso habrá que refundarla como mismo se fundó la Cuba decimonónica original: con los cubanos del exilio. No me preocupa nada. El destino es indetenible. El castrismo muy pronto no será ni un recuerdo. Será un privilegio habitar una historia virgen. En CubaDecide.org se explican los primeros pasos que empiezan con un plebiscito y terminan con la libertad. No le tengan miedo a esas dos palabras: plebiscito y libertad.

Los escritores tienen obsesiones, ¿cuáles son las tuyas?

Inventarme un país perdido e imperdible en el futuro que nunca fue. Y ser político, muy político, al punto de lo intolerable. Pensar cosas que ustedes, los cubanos, jamás creerían.

  Comentarios